28 Julio 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Eran años de censura, amenazas y persecuciones, y de la impotencia ante la impunidad del poder; años durante los cuales pensar con criterio propio significaba arriesgar la vida. Contra todas estas adversidades, el 28 de julio de 1981 se inició en Buenos Aires un fenómeno socio-cultural que, con el nombre de Teatro Abierto, sacudió las conciencias de todo un país.
Hace exactamente un cuarto de siglo, 21 dramaturgos que tenían cerradas las puertas de los teatros y de las editoriales recogieron las banderas del teatro independiente y no tardaron en encontrar eco en otros tantos directores y más de 150 actores que, junto a escenógrafos, coreógrafos y músicos, dieron nacimiento a Teatro Abierto. Se trataba de presentar, en el Teatro del Picadero, 21 obras cortas a razón de tres por día, a muy bajo precio. La respuesta fue conmovedora: el público hacía largas colas para conseguir las entradas, que se agotaban rápidamente.
La conmoción que produjo el ciclo fue creciendo jornada a jornada y pasó a ser visto como peligroso por quienes detentaban el poder. En la madrugada del 6 de agosto, un sospechoso incendio destruyó totalmente la sala del Teatro del Picadero. La decisión unánime fue seguir a cualquier precio. Al día siguiente, en una multitudinaria conferencia de prensa en el Teatro Lasalle, Osvaldo Dragún leyó un comunicado. El documento mencionaba que inicialmente Teatro Abierto perteneció a un grupo de gente de teatro pero que luego pasó a pertenecer a todo el país. Ante la decisión de continuar, 17 salas teatrales se ofrecieron como alternativa, entre las que se eligió el Tabarís. El 21 de septiembre, los 600 espectadores que colmaron la sala ovacionaron a Alfredo Alcón, quien leyó bajo una lluvia de flores un poema de Raúl González Tuñón. Así se cerró un fenómeno que triunfó sobre el miedo y el escepticismo y que sirvió para ratificar nuestra identidad cultural. (Télam)
Hace exactamente un cuarto de siglo, 21 dramaturgos que tenían cerradas las puertas de los teatros y de las editoriales recogieron las banderas del teatro independiente y no tardaron en encontrar eco en otros tantos directores y más de 150 actores que, junto a escenógrafos, coreógrafos y músicos, dieron nacimiento a Teatro Abierto. Se trataba de presentar, en el Teatro del Picadero, 21 obras cortas a razón de tres por día, a muy bajo precio. La respuesta fue conmovedora: el público hacía largas colas para conseguir las entradas, que se agotaban rápidamente.
La conmoción que produjo el ciclo fue creciendo jornada a jornada y pasó a ser visto como peligroso por quienes detentaban el poder. En la madrugada del 6 de agosto, un sospechoso incendio destruyó totalmente la sala del Teatro del Picadero. La decisión unánime fue seguir a cualquier precio. Al día siguiente, en una multitudinaria conferencia de prensa en el Teatro Lasalle, Osvaldo Dragún leyó un comunicado. El documento mencionaba que inicialmente Teatro Abierto perteneció a un grupo de gente de teatro pero que luego pasó a pertenecer a todo el país. Ante la decisión de continuar, 17 salas teatrales se ofrecieron como alternativa, entre las que se eligió el Tabarís. El 21 de septiembre, los 600 espectadores que colmaron la sala ovacionaron a Alfredo Alcón, quien leyó bajo una lluvia de flores un poema de Raúl González Tuñón. Así se cerró un fenómeno que triunfó sobre el miedo y el escepticismo y que sirvió para ratificar nuestra identidad cultural. (Télam)







