22 Julio 2006 Seguir en 
CORDOBA.- El presidente cubano, Fidel Castro, aseguró que el Mercosur está más pujante que nunca, y advirtió sobre los enemigos de la integración latinoamericana, durante el cierre de la cumbre de jefes de Estado del bloque regional y de países aliados.
“Esta integración tiene enemigos de siglos y no son felices cuando se hace esta reunión”, afirmó Castro en la primera parte de su discurso, y subrayó: “ese fue uno de los motivos que me llevaron a venir”.
Sin el traje militar verde oliva con el que llegó a Córdoba, que es un símbolo de la ropa utilizada por aquellos “barbudos” que tomaron La Habana en 1959, Castro dio un discurso medido en el tiempo, pero plagado de política e indicadores sociales, que fueron el pilar de su propuesta para la región.
A punto de cumplir 80 años y enfundado en un traje gris oscuro, el presidente cubano habló de la necesidad de profundizar la alfabetización y amplificar los alcances de los programas de salud en la región. “Afortunadamente, me toca el turno, no se asusten”, dijo Castro, famoso no sólo por sus furibundos discursos políticos sino por la extensión de ellos.
“Esto no es Europa, donde hablan como 20 idiomas. No sé cómo será una reunión allí”, dijo Castro, que volvió sobre sus palabras y agregó: “no hace falta, todos hablan inglés, pero no sólo hablan sino que también piensan en inglés”.
La frase provocó varias sonrisas en la Sala Quebrada del Condorito, en el Predio Ferial de Córdoba, ubicado a unos 20 kilómetros de la ciudad, donde fue el encuentro.
“Me siento feliz de cumplir los 80 años; nunca lo hubiera esperado, y mucho menos cuando teníamos un vecino que era la fuerza más poderosa del mundo”, lanzó ante un auditorio de presidentes muy distinto políticamente del de los inicios del Mercosur. El mandatario les puso número a los muy variados atentados que ensayaron en su contra y se disculpó por “las maniobras de desinformación” que tiene que hacer. Cruzó una mirada cómplice con Chávez y, con ensayada ingenuidad, agregó: “yo mismo no sabía si iba a venir aquí...”.
Con Evo
Después hizo una cerrada defensa de Bolivia y del proceso que lidera su presidente, Evo Morales, y cuestionó a quienes utilizan el argumento del narcotráfico para implementar políticas internacionales de fines poco auspiciosos.
“Estoy por cumplir mis 80 años (el 13 de agosto). Evo dice que me va a mandar un pastel de coca. Ojo, que la coca no es cocaína”, dijo, y defendió el consumo de coca: “el café puede que haga más daño que el té de coca o el tabaco; el alcohol mata más gente en el mundo que la propia cocaína, y nadie la está apoyando ni la apoyará”.
Sobre la mitad de su discurso, y en medio de bromas sobre el cuidado que tendría para no hablar más tiempo del establecido, Castro se dedicó a ponderar los beneficios de implementar amplios programas de salud y destacó la potencialidad latinoamericana para producir energía. “Chávez dijo que Venezuela tenía energía (hidrocarburos) para garantizar por 100 años la energía de estos pueblos. Pero si hay una política de ahorro duran 200 años”, dijo, y marcó la paradoja del sistema capitalista: “mientras más se invierte (en exploración y en extracción), más suben los precios”. Después abordó las estadísticas de la mortalidad infantil en la región e hizo un llamado a trabajar para reducir esas cifras; pero al terminar su discurso se encontró con la réplica del presidente Néstor Kirchner, que corrigió el porcentaje para el caso argentino: “es de un 13,5”, dijo. Antes de terminar, también se había referido al programa de alfabetización cubano “Yo sí puedo”, implementado en Venezuela, y ofreció entregarlo al Mercosur, si se pone en marcha a la brevedad. (NA)
“Esta integración tiene enemigos de siglos y no son felices cuando se hace esta reunión”, afirmó Castro en la primera parte de su discurso, y subrayó: “ese fue uno de los motivos que me llevaron a venir”.
Sin el traje militar verde oliva con el que llegó a Córdoba, que es un símbolo de la ropa utilizada por aquellos “barbudos” que tomaron La Habana en 1959, Castro dio un discurso medido en el tiempo, pero plagado de política e indicadores sociales, que fueron el pilar de su propuesta para la región.
A punto de cumplir 80 años y enfundado en un traje gris oscuro, el presidente cubano habló de la necesidad de profundizar la alfabetización y amplificar los alcances de los programas de salud en la región. “Afortunadamente, me toca el turno, no se asusten”, dijo Castro, famoso no sólo por sus furibundos discursos políticos sino por la extensión de ellos.
“Esto no es Europa, donde hablan como 20 idiomas. No sé cómo será una reunión allí”, dijo Castro, que volvió sobre sus palabras y agregó: “no hace falta, todos hablan inglés, pero no sólo hablan sino que también piensan en inglés”.
La frase provocó varias sonrisas en la Sala Quebrada del Condorito, en el Predio Ferial de Córdoba, ubicado a unos 20 kilómetros de la ciudad, donde fue el encuentro.
“Me siento feliz de cumplir los 80 años; nunca lo hubiera esperado, y mucho menos cuando teníamos un vecino que era la fuerza más poderosa del mundo”, lanzó ante un auditorio de presidentes muy distinto políticamente del de los inicios del Mercosur. El mandatario les puso número a los muy variados atentados que ensayaron en su contra y se disculpó por “las maniobras de desinformación” que tiene que hacer. Cruzó una mirada cómplice con Chávez y, con ensayada ingenuidad, agregó: “yo mismo no sabía si iba a venir aquí...”.
Con Evo
Después hizo una cerrada defensa de Bolivia y del proceso que lidera su presidente, Evo Morales, y cuestionó a quienes utilizan el argumento del narcotráfico para implementar políticas internacionales de fines poco auspiciosos.
“Estoy por cumplir mis 80 años (el 13 de agosto). Evo dice que me va a mandar un pastel de coca. Ojo, que la coca no es cocaína”, dijo, y defendió el consumo de coca: “el café puede que haga más daño que el té de coca o el tabaco; el alcohol mata más gente en el mundo que la propia cocaína, y nadie la está apoyando ni la apoyará”.
Sobre la mitad de su discurso, y en medio de bromas sobre el cuidado que tendría para no hablar más tiempo del establecido, Castro se dedicó a ponderar los beneficios de implementar amplios programas de salud y destacó la potencialidad latinoamericana para producir energía. “Chávez dijo que Venezuela tenía energía (hidrocarburos) para garantizar por 100 años la energía de estos pueblos. Pero si hay una política de ahorro duran 200 años”, dijo, y marcó la paradoja del sistema capitalista: “mientras más se invierte (en exploración y en extracción), más suben los precios”. Después abordó las estadísticas de la mortalidad infantil en la región e hizo un llamado a trabajar para reducir esas cifras; pero al terminar su discurso se encontró con la réplica del presidente Néstor Kirchner, que corrigió el porcentaje para el caso argentino: “es de un 13,5”, dijo. Antes de terminar, también se había referido al programa de alfabetización cubano “Yo sí puedo”, implementado en Venezuela, y ofreció entregarlo al Mercosur, si se pone en marcha a la brevedad. (NA)







