23 Julio 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES (Por José Ignacio García Hamilton).- Al relatar la vida de su personaje Eugenio Onyegin, el escritor Alexander Pushkin no sólo pintó con trazos magistrales un individuo escéptico y melancólico, sino que también retrató el alma de su país y produjo una de las obras cumbres de la literatura universal. Durante su juventud Onyegin despreció el amor que había provocado en su vecina Tatiana e incluso se permitió impartir a la joven consejos sobre moral. Dedicado a la vida frívola e irresponsable, Eugenio mata en un duelo a su mejor amigo y viaja por el mundo varios años, atormentado por el arrepentimiento y sin encontrar sentido a la existencia. Al regresar a la corte zarista reencuentra a Tatiana, casada con un maduro noble. Onyegin esta vez se apasiona y enciende de deseo, pero Tatiana, aunque sigue enamorada de Eugenio, respeta su compromiso matrimonial y deja al joven sumido en la desesperación. El músico Piotr Tchaikovsky se inspiró en esta historia y compuso una ópera iluminada, que Buenos Aires Lírica estrenó en el Teatro Avenida con la dirección escénica de Rita Cosentino, la batuta de Carlos Vieu y las brillantes interpretaciones de los cantantes Daniela Tabernig, Armando Noguera y Enrique Folger. El llamado "poema nacional ruso", elevado al lenguaje musical por un genio impar, se ha convertido en el principal éxito de la actual temporada lírica argentina.







