17 Julio 2006 Seguir en 
Buenos Aires, (Por José Ignacio García Hamilton).- Andrea Chénier fue un poeta idealista que escribió sus primeros versos en los últimos tiempos de la monarquía francesa. Su sensibilidad por la situación de los humildes lo llevó a desdeñar el amor que una joven noble, Magdalena de Coigny, sentía por él, y a volcarse de lleno en apoyo de la Revolución Francesa. Sin embargo, al llegar la etapa del terror, un ex mayordomo del castillo de los Coigny, Carlo Gerard, convertido en dirigente político, acusó de conspirador al escritor y éste fue condenado a muerte. La razón del odio del antiguo sirviente eran los celos, pues había estado desde siempre secretamente enamorado de su antigua ama Magdalena. Esta acepta entregarse al encumbrado lacayo a cambio del perdón al poeta, pero el tribunal revolucionario confirma la sentencia. Magdalena resuelve morir junto a su amado y ambos marchan juntos hacia la guillotina, que puede cortar las cabezas de la pareja pero no logra detener el amor a la libertad ni la completa entrega entre dos seres. En base a la histórica ejecución de Andrea Chénier, el italiano Luigi Illica imaginó una tierna y humana historia y el músico Umberto Giordano compuso una de las óperas más románticas del repertorio universal, que acaba de ser repuesta en el Teatro Argentino de La Plata, en coincidencia con el 14 de julio, la fiesta nacional francesa que recuerda la toma de la Bastilla. Bajo la dirección musical de Mario Perusso y la conducción escénica de Eduardo Rodríguez Arguibel, los cantantes Gustavo López Manzitti, María Pía Piscitelli y Luis Gaeta conmovieron a quienes conservan el calor y los sueños de las pasiones juveniles.







