"Hace rato que estaba mal de salud y su muerte puede haber sido producto de una hemorragia por la úlcera que padecía", confirmó su hijo Juan. El atribuyó el estado de salud de su padre a que los músicos tienen una vida un poco agitada, pero destacó: "al menos, es importante que haya muerto acompañado por su familia".
En el departamento estuvo recluido y sin actividad musical, acompañado por su hijo y por su pareja, Regina. La delicada situación del baterista lo marginó de una escena donde, por cerca de cuatro décadas, su toque fue marca registrada para entender la base rítmica de un estilo dominado por la diversidad y las necesidades expresivas de sus hacedores.
Nacido el 24 de enero de 1948 en Rosario, debutó a los 18 años tras los parches de Los Gatos, una agrupación fundacional del rock en español que, liderada por Litto Nebbia, registró seis álbumes.
En 1972 reemplazó a David Lebón en la batería del trío Color Humano y apuntaló el giro más rockero de la formación, también conformada por Edelmiro Molinari y Rinaldo Raffanelli.
Pese a ese apego por la potencia rockera, el batero se asomó a una rítmica más latinoamericana y candombera para estar a la altura de la sinfónica sonoridad de La Máquina de Hacer Pájaros, proyecto que hacia 1976 lo conectó con Charly García.
En sintonía con Charly se acopló al guitarrista David Lebón y al joven Pedro Aznar para integrar Seru Girán, considerada una de las más brillantes expresiones de la música popular argentina.
Al finalizar esa experiencia con Seru, su búsqueda estética lo vinculó con Beto Satragni, con el que formó un dúo por el que pasaron, como invitados especiales, Luis Alberto Spinetta, Charly y Lito Epumer, lo que planteó las bases de lo que varios años después se llamaría "rock latino".
Sin detenerse ante la fugaz vida del dueto, su vida profesional adquirió un nuevo giro rítmico, que exhibió su ductilidad interpretativa al ser convocado para una de las tantas vueltas de Riff en 1985. Pero el reencuentro con Pappo (con quien había estado en Los Gatos) para el álbum "Riff VII", no terminó bien y abandonó prontamente el combo pesado que, debido a otras disputas internas, volvió a disolverse a la brevedad.
Entonces Moro anduvo sonando como invitado de variadas propuestas hasta que una suculenta oferta económica revivió a Seru Girán en 1992. Lejos de aquella gloria pero con un impacto capaz de movilizar multitudes, el sueño del regreso duró poco y Moro se dedicó a trabajar como baterista de León Gieco y de Nito Mestre, entre otros. "Lo último que estuvo haciendo fueron unas clínicas de batería por el interior del país", resumió Juan Moro, sobre los más recientes pasos musicales de su padre.
Una prolífica tarea creativa
Además de haber participado en los seis discos de Los Gatos, Oscar Moro grabó los dos de La Máquina de Hacer Pájaros, "La Máquina de Hacer Pájaros" (1976) y "Películas" (1977). También en los de Seru Girán: "Seru Girán" (1978), "La grasa de las capitales" (1979), "Bicicleta" (1980), "Peperina" (1981) y "No llores por mí, Argentina" (1982).(Télam-Especial)
Era un grande, hacía maravillas y daba gusto verlo
Por Luis D?orieux (baterista)
Siempre puso su forma muy especial de tocar, muy personal. Tocaba de manera completamente diferente de como lo hacían los bateristas de la época.
Con su muerte se perdió a un gran músico, así como el año pasado se nos fue Pappo... Hacía rato que no se sabía nada de Oscar...
Aparentemente, a los bateros nos toca en algún momento; por mi enfermedad tuve que relegar las dos bandas en las que venía tocando...
Con Oscar compartí detrás de escenarios, sobre todo cuando vino a Tucumán con el trío que armó con Litto Nebbia y con el Negro González. Era realmente espectacular.
El tocaba con batas armadas de un modo muy heavy metal, con muchos tambores. Esa vez, con el trío, vino con una batería de cuatro cuerpos y la descosió. Eso demuestra que era muy grande, hacía maravillas y era hermoso verlo tocar. Era un gran tipo y hubiera sido lindo seguir viéndolo con esa energía que ponía.
La técnica de esta época no existía cuando empezamos; éramos todos del pavimento, de la calle. No había profesores; pero como él, en mis 37 años tocando, pasé por todos los ritmos posibles.
En esa época nosotros mirábamos a Buenos Aires, y ellos, a Europa o a EE.UU., pero tampoco había internet, por lo que aprender era cosa de uno mismo, de elaborar métodos propios, de agarrar los palos de maneras diferentes hasta poder pegarle.
Era otra cosa, otros tiempos; éramos la prehistoria del rock, y él fue uno de los más grandes.









