Ninguna pancarta decía "Laprida 2007"

Nadie disimula que las fechas patrias sólo sirven para justificar los actos políticos multitudinarios que responden a la necesidad de posicionarse mejor en el poder. Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.

11 Julio 2006
El 9 de julio de 1816, en Tucumán, hubo un hecho político histórico de trascendencia nacional; el domingo, ese acontecimiento histórico ocurrido hace 190 años se aprovechó con fines políticos para sentar precedentes para 2007. Y sin ningún tipo de disimulo. Hasta el propio gobernador José Alperovich reconoció ayer que de eso se trató -“todo es político”, dijo-; claro que para el mandatario todos son hechos políticos, hasta los fallos de la Justicia. Si es así, dejemos de lado -como se hizo desde el poder político- el valor histórico de evocar a aquellos hombres del siglo XIX, para analizar los intereses que movieron, y mueven, a los dirigentes políticos de hoy.
El domingo fueron más dirigentes que nunca: llevaron rectamente (a la gente) hacia un lugar señalado. Es lo que se podría decir jugando con el concepto de la palabra. Así se podría observar a los que están en el escalón más bajo de la organización con papeles en mano verificando que la cantidad de ómnibus asignado a tal o cual intendente, comisionado, legislador o concejal, fuera la que se había convenido y que cada uno haya traído el número de personas resuelto. El control fue severo para constatar si se respetó el “operativo movilización” que se montó. No faltó la distribución de cospeles (200 como mínimo) para que los empleados públicos pudieran trasladarse, ni las consabidas presiones, como la circular de Políticas Sociales, o las advertencias de tomar lista en la misma plaza para que no peligre la estabilidad laboral. Es lo normal.
¿Cuánto cuesta todo eso? Un intendente, en forma anónima habló de $ 1 millón, cifra que no sale de ningún bolsillo personal, sino de la estructura estatal, que es la que subsidia todo ese aparato político, sea el oficialismo que sea. ¿Se puede hablar de malversación de caudales públicos? Decir se dice, demostrarlo es difícil, porque luego aparecen los fondos no reintegrables para comunas o municipios, y que son absolutamente legales. Ahora hay recursos para todo eso. “Antes, con Julio (Miranda), nos decían ‘traé la gente; después aparecen los dineros’, pero eran épocas de vacas flacas”, confesó otro político que se mantiene hace años en el escenario público. Allí radica la paupérrima elección del ex gobernador para llegar al Senado: todos le cobraron deudas y no movilizaron votantes.
¿Y esa demostración de fuerza del domingo, para qué se hizo? También por deudas y para esperar nuevos favores. Ya lo dijo Alperovich, la Nación ayuda mucho a Tucumán, y eso se paga. Y se salda con ese acto que tuvo de excusa una fecha patria. El mensaje de Alperovich para el presidente Néstor Kirchner fue claro: me ayudas, te doy lealtad; y te seguiré siendo leal hasta después de 2007. El tucumano ingresó al círculo kirchnerista como quería, porque allí huele que estará el poder por varios años. Apostó fuerte y por eso jugó pidiendo lealtades hacia abajo para garantizar una gran concentración. No se escatimaron recursos, porque así también los de abajo enviaron su propio mensaje: estamos con usted, y queremos seguir con usted; y queremos un lugar en la boleta que armará en la elección de agosto de 2007. En esa nadie desea quedar afuera; si no, repasemos las leyendas de los carteles que hubo en la plaza el domingo: ninguno decía “Viva Laprida”, todos tenían consignas políticas. La mayoría fue movilizada por el oficialismo alperovichista y, por lo tanto, no cabía otro mensaje que no fuera que hay un conductor indiscutido para 2007 en la provincia (o el dueño indiscutido de la lapicera de las listas). Sin embargo, hubo otro mensaje, propio de una interna en el oficialismo que pone a Fernando Juri en un espacio que molesta a algunos alperovichistas; incluso al propio Kirchner, como quedó demostrado el domingo.
Juri aún es el escollo interno para Alperovich, porque nadie cree -menos en el jurismo- que la última palabra del gobernador sea la última en cuanto a que se repetirá el binomio de 2003. Si no, no se entiende que el jurismo haya movilizado su propia gente y la haya instalado frente al palco de Kirchner para decir, con sus gestos, que de Juri no deben olvidarse en 2007. O por lo menos del peronismo.
El pacto no está cerrado. Muchas cosas pueden pasar todavía en esta fría relación en el poder: como otra ratificación de la relación por parte de Alperovich, o que aparezcan movimientos del alperovichismo tratando de convertir a Kirchner como el gran elector de 2007, para que dibuje fórmulas y listas en Tucumán. ¿Acaso no se le dio las gracias a Kirchner por lo que hizo y por lo que hará por la provincia? Eso conlleva otro mensaje: diga qué quiere y lo aceptaremos. Una salida alternativa con riesgo de fractura interna en el PJ.