El nuevo desafío para el Mecosur

En medio de una serie de conflictos internos, la incorporación de la potencia petrolera supone un fortalecimiento del bloque.

EL ENCUENTRO DE CARACAS. Los presidentes Evo Morales, Nicanor Duarte Frutos, Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Lula Da Silva y Tabaré Vázquez (de izquierda a derecha) encabezaron las deliberaciones del bloque regional.
EL ENCUENTRO DE CARACAS. Los presidentes Evo Morales, Nicanor Duarte Frutos, Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Lula Da Silva y Tabaré Vázquez (de izquierda a derecha) encabezaron las deliberaciones del bloque regional.
09 Julio 2006
Esta semana se ha puesto en marcha el proceso de inclusión de Venezuela como miembro pleno del Mercosur, por decisión de los presidentes de los países que crearon el bloque en 1991: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. La inclusión de este nuevo miembro pleno representa para el bloque el 78% del Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina y la incorporación dentro de sus fronteras del 65% de la población sudamericana. Se trata, entonces, de un gigantesco mercado común, que podrá competir en mejores condiciones a nivel internacional.
En un primer momento, Venezuela se hallaba en condición de Estado Asociado del Mercosur, al igual que Bolivia y Chile, que ingresaron en ese carácter en 1996 al bloque; Perú (2003); Colombia y Ecuador (2004). El marco de Estado asociado se establece por acuerdos bilaterales, es decir, firmados por el Mercosur y cada país en esa condición. En dichos acuerdos se fija un cronograma para la creación de una zona de libre comercio con los países miembro del Mercosur, y la gradual reducción de tarifas arancelarias entre el bloque y los países asociados.
Con el paso decidido recientemente en Caracas, Venezuela se convirtió en el primer miembro pleno desde que se creó el bloque. El protocolo de adhesión de Venezuela fue firmado por los presidentes Hugo Chávez (Venezuela); Néstor Kirchner (Argentina); Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil); Nicanor Duarte Frutos (Paraguay) y Tabaré Vázquez (Uruguay). En virtud de este documento, Argentina y Brasil se comprometen a abrir por completo sus barreras aduaneras con Venezuela, con la aplicación del arancel cero a partir de 2010. Por su parte, Venezuela deberá hacer lo propio con esos países desde 2012 en todos los casos, excepto en los productos sensibles, para los que el plazo se extenderá hasta 2024. Asimismo, en reconocimiento a los socios menores, que siempre se quejaron por hallarse en desventaja frente a los gigantes latinoamericanos, Paraguay y Uruguay permitirán el libre ingreso de productos de Venezuela a partir de 2013, pero disfrutarán de inmediato un tratamiento preferencial.
La incorporación plena del país petrolero llega sin embargo, envuelta en una fuerte polémica, en gran medida por el rumbo que imprime Chávez a su gestión. Compatibilizar posiciones comunes, tanto comerciales como políticas, aparece entonces como el desafío para el bloque.

PUNTOS DE VISTA
Un socio político difícil de controlar
Por Jorge José Torres
Director de la Carrera de Postgrado de Magister en Relaciones Internacionales (IDELA/UNT)
Con la firma del Protocolo de Adhesión, Venezuela ha iniciado formalmente su proceso de incorporación a Mercosur, que finalizará en 2014 y cuya primera etapa será la necesaria ratificación de este Protocolo por los cinco gobiernos. A partir de su entrada en vigor, Venezuela será estado parte del Mercosur, asumirá todos los derechos y obligaciones que le correspondan e integrará la representación regional en las negociaciones con terceros países (UE, China, India, incluso EE.UU., entre otros). En el campo comercial el proceso será un poco más lento: el arancel externo común lo adoptará en cuatro años y la liberación plena del comercio intrazonal, con un tratamiento especial para productos sensibles, se alcanzará hacia 2014.
Desde el punto de vista económico, la incorporación de Venezuela ha generado respuestas positivas. Recordemos que Brasil, desde los primeros pasos del Mercosur, había impulsado el proceso de adhesión. Lula dio luego nuevos aires al proyecto. Señalemos que el norte de Brasil mantiene una estrecha relación con Venezuela en materia energética, y que un proceso de apertura comercial puede favorecer al polo industrial de Manaos. Por otra parte, Venezuela dispone de un considerable poder económico y financiero, directamente vinculado a su situación de privilegiado productor petrolero, con un precio excepcional de U$S 75 el barril.
El gobierno argentino mantiene su relación con Venezuela en un doble estándar: en primer lugar, es un soporte económico-financiero de la economía argentina. Venezuela es una de las principales fuentes de financiamiento de nuestro país, acumulando hasta el momento compras de bonos argentinos en el orden de los U$S 3.500 millones. Se ha anunciado el inicio de estudios para emitir, antes de fin de año, un bono binacional que se colocará en los mercados internacionales y que servirá para financiar inversiones en ambos países. Asimismo, se acelera la construcción de dos buques petroleros en el Astillero Río Santiago y se proyecta la construcción de dos más, lo que significa una fuerte reactivación a la industria naval nacional. Venezuela es, además, un fuerte cliente en el sector de maquinaria agrícola. Y, por si fuera poco, es partícipe principal del proyecto de gasoducto continental y un proveedor de energía de la Argentina, sector que es un auténtico cuello de botella para el desarrollo de nuestro país.

Reglas de convivencia
Sin embargo, en el campo político, las dificultades de la relación entre Néstor Kirchner y Hugo Chávez son perceptibles. Si bien habría algunos puntos de coincidencia en el discurso político, el venezolano es para Kirchner un actor político difícil de controlar. Lula y Kirchner saben que el ingreso de Venezuela significa otorgarle a Chávez una fenomenal base de lanzamiento para su mensaje antinorteamericano. Sin duda, no es lo que ellos quieren, más allá de sus diferencias con el gobierno de EE.UU. El marco político para la Argentina y Brasil frente a la potencia hegemónica es "diferencias sí, conflictos no". En esta situación y con claras muestras de debilidad de parte del Mercosur, ¿cómo controlar a Chávez en lo político? Chávez, más allá de su apariencia externa, no es un alocado. Es un negociador duro, que defiende con fuerza sus posiciones, que siempre va por más y luego consolida las ventajas obtenidas. Mantiene posiciones en el campo internacional que no son coincidentes con las propias de los países de Mercosur: Corea del Norte, Irán, Irak y ahora la idea de crear una fuerza armada regional. El problema será entonces cómo controlar al nuevo socio y trabajar con él para fortalecer al Mercosur y no debilitarlo aún más. ¿Será posible?

En dos grandes escenarios domina la preocupación
Por Emilio J. Cárdenas
Ex representante argentino ante la ONU
En medio de una pomposa retórica, Venezuela acaba de ingresar al Mercosur, transformándose en su quinto miembro pleno. El camino de su acceso, sin embargo, recién comienza y formalmente será largo -quizás- engorroso.
Venezuela tiene ahora que aceptar el acervo normativo del Mercosur; adaptar sus esquemas arancelarios nacionales; y asumir los compromisos con terceros que el bloque tiene ya vigentes. Tendrá entonces que adaptar su arancel externo común y adecuarse al Acuerdo de Complementación Económica con la Unión Europea. El proceso durará, como mínimo, un semestre, pero puede extenderse a un período que algunos estiman podría durar varios años.
El acceso de Venezuela al Mercosur se produce en momentos en que el bloque atraviesa una etapa particularmente difícil, caracterizada por su incapacidad de estructurarse institucionalmente y por el hecho de que dos de sus miembros: Paraguay y Uruguay, han expresado públicamente su incomodidad con el estado actual de cosas y su deseo de suscribir acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos. Esto último es anatema para Hugo Chávez, que seguramente procurará, por todos los medios, que no suceda.

El temor de los excluídos
Una primera mirada a las posibles consecuencias del ingreso de Venezuela sugiere que hay, por lo menos, dos grandes escenarios que analizar. En primer lugar, el que tiene que ver con el impacto económico. Chávez, fiel a su estilo, no invitó al sector privado de su país a participar en las negociaciones de ingreso al Mercosur. Lo hizo saber el presidente de Conindustria, entidad que agrupa a los empresarios industriales venezolanos. Pese a que el acuerdo excluye de su alcance a varios sectores estratégicos, como el automotriz, el del software, y a rincones de la agricultura y de la ganadería, los empresarios venezolanos temen quedar vulnerables frente al competitivo sector agroalimentario argentino y de las industrias química, papelera, petroquímica, y siderúrgica brasileñas.
Desde el punto de vista de las economías de escala, las asimetrías de Venezuela con Argentina y, más particularmente con Brasil, son enormes. Venezuela, a su vez, ofrece a sus nuevos socios energía, aluminio, algunos servicios, y un discurso tan picante como solidario. En principio, Argentina y Brasil abrirían sus fronteras a Venezuela antes del 1° de enero de 2012, plazo que para los productos "sensibles" podría ser ampliado en por lo menos un par de años.
A diferencia de Chile, cuyo arancel externo se ubica en el 6% promedio, Venezuela es más compatible con el grado más alto de proteccionismo que caracteriza al Mercosur, cuyos miembros tienen aranceles del orden del 35%.

Un mazazo al ALCA
Una segunda mirada tiene que ver con el significado político del acceso venezolano al Mercosur. Para muchos se trata de un cerrojo a la posibilidad de que el bloque acepte la propuesta estadounidense del ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas). La presencia venezolana parecería garantizar que ese acuerdo está ahora casi muerto.
Lo más preocupante, sin embargo, es la influencia venezolana en materia de política exterior. No sólo por su incontrolable verborragia antinorteamericana, también por el vértigo a intervenir, sin ser llamado, en los asuntos internos de otros países de la región. No siempre con suerte, como los casos recientes de México y Perú lo demuestran. En esta misma cuestión preocupan también sobremanera la intimidad de Chávez con la teocracia fundamentalista iraní, que comenzó en marzo de 2005 y ha crecido significativamente al acceder a la presidencia de Irán el radical Mahmud Ahmadinejad.

Diplomacia de alto vuelo
Como si lo antedicho fuera poco, Chávez está ahora acercándose abiertamente también a Corea del Norte. Con motivo de su último ensayo de un misil de larga distancia, la República Argentina -acompañando, en esto, a la comunidad internacional- interpretó que la prueba constituyó una amenaza para la paz y seguridad internacional. El ministro de Comunicación venezolano, en cambio, defendió públicamente al régimen norcoreano, al señalar que este país tiene derecho al desarrollo científico tecnológico. Algo más moderado (no mucho), el canciller Alí Rodríguez descartó que Venezuela esté -audazmente- comprando tecnología misilística a Corea del Norte, lo que a nadie sorprendería. Al menos por ahora. Por todo esto, el acceso de Venezuela al Mercosur abre distintos interrogantes. Los de contenido económico, con respuestas más o menos fáciles de imaginar; los de carácter político, en cambio, con una capacidad de complicación que exigirá en el bloque una cuota extra de prudencia y de moderación.

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