09 Julio 2006 Seguir en 
Mientras sigue exhibiendo con entusiasmo números positivos en materia de empleo y salarios, el Gobierno se muestra algo más recatado sobre otras cuestiones a las que, en momentos no muy lejanos, les imprimió particular empeño. Concretamente, parece haber disminuido la aceleración en la reforma de la legislación laboral, después del avance por un camino sin badenes que significó la aprobación de diversos proyectos -la mayoría en comisión- en la Cámara de Diputados. Y una de las iniciativas sobre la que las circunstancias le recomiendan andar con pies de plomo es la reformulación del régimen de accidentes de trabajo. Los empresarios han expresado objeciones y advertencias, sobre todo ante la posibilidad de que se promueva un aumento desmedido del litigio en esa materia. Además, el sector empleador viene sensibilizado por el hecho de que, pese a las promesas, en el Parlamento hasta ahora no han sido demasiado escuchadas sus sugerencias y quejas sobre los planes oficiales que buscan la restitución de la legislación acotada o suprimida en los 90. La última expresión de alerta sobre los riesgos que podrían acarrear decisiones unilaterales en materia de reforma laboral, incluido por supuesto el capítulo de la siniestralidad, partió de la poderosa Asociación Empresaria Argentina (AEA).
Esta vez dijo: “un genuino progreso de la legislación laboral, al tiempo que asegura una adecuada protección a los trabajadores formales, debe priorizar la inclusión de los vastos sectores todavía excluidos de sus beneficios”. Esta manifestación puede leerse tranquilamente como el reclamo de una normativa que proteja a los que tienen trabajo, pero que no establezca obstáculos que fomenten la imposibilidad de contratar personal. La exteriorización de la preocupación de los hombres de negocios agrupados en AEA tuvo un marco especial ya que, justamente para debatir este y otros temas, se reunieron con el presidente del bloque de diputados oficialistas, Agustín Rossi. El solo hecho de la concreción del encuentro significó un mensaje para los subordinados de Rossi consustanciados a fondo con la reforma. Si a ello se le agrega la promesa del legislador de no hacer oídos sordos a las demandas empresariales, la señal es más concreta aún.
Por ello -incluso aun antes de este cónclave-, parece haber voluntad de hacer amainar, al menos por ahora, los vientos parlamentarios que arremetían prácticamente sin mirar a quién. Además, la administración de Néstor Kirchner -más allá de algunos discursos encendidos- debe mantener sin fisuras sus relaciones con el mundo empresario, en el marco de la tarea encarada para la contención de precios que evite una disparada de la inflación.
De todas maneras, no son pocas las compañías que volvieron a pujar para lograr una actualización de los valores de sus productos, discusión que estaba contemplada en los acuerdos firmados meses atrás, siempre y cuando pudiera justificarse el reclamo. Pero no fueron las únicas voces que se alzaron. También estos días empresarios cristianos y obispos de América Latina reunidos en Buenos Aires elevaron una repetida demanda: mayor equidad.
El pedido fue para las naciones del orbe, que conforman el lote de las que muestran las desigualdades más pronunciadas, entre las cuales está la Argentina. Precisamente, aquí se comprueba día a día que continúa demasiado abierta la brecha entre los que más tienen y los que menos poseen.
Y ni siquiera los anuncios oficiales sobre un nuevo aumento de la creación de puestos de trabajo pueden atenuar la gravedad del cuadro en diversos estamentos sociales.
Esta vez dijo: “un genuino progreso de la legislación laboral, al tiempo que asegura una adecuada protección a los trabajadores formales, debe priorizar la inclusión de los vastos sectores todavía excluidos de sus beneficios”. Esta manifestación puede leerse tranquilamente como el reclamo de una normativa que proteja a los que tienen trabajo, pero que no establezca obstáculos que fomenten la imposibilidad de contratar personal. La exteriorización de la preocupación de los hombres de negocios agrupados en AEA tuvo un marco especial ya que, justamente para debatir este y otros temas, se reunieron con el presidente del bloque de diputados oficialistas, Agustín Rossi. El solo hecho de la concreción del encuentro significó un mensaje para los subordinados de Rossi consustanciados a fondo con la reforma. Si a ello se le agrega la promesa del legislador de no hacer oídos sordos a las demandas empresariales, la señal es más concreta aún.
Por ello -incluso aun antes de este cónclave-, parece haber voluntad de hacer amainar, al menos por ahora, los vientos parlamentarios que arremetían prácticamente sin mirar a quién. Además, la administración de Néstor Kirchner -más allá de algunos discursos encendidos- debe mantener sin fisuras sus relaciones con el mundo empresario, en el marco de la tarea encarada para la contención de precios que evite una disparada de la inflación.
De todas maneras, no son pocas las compañías que volvieron a pujar para lograr una actualización de los valores de sus productos, discusión que estaba contemplada en los acuerdos firmados meses atrás, siempre y cuando pudiera justificarse el reclamo. Pero no fueron las únicas voces que se alzaron. También estos días empresarios cristianos y obispos de América Latina reunidos en Buenos Aires elevaron una repetida demanda: mayor equidad.
El pedido fue para las naciones del orbe, que conforman el lote de las que muestran las desigualdades más pronunciadas, entre las cuales está la Argentina. Precisamente, aquí se comprueba día a día que continúa demasiado abierta la brecha entre los que más tienen y los que menos poseen.
Y ni siquiera los anuncios oficiales sobre un nuevo aumento de la creación de puestos de trabajo pueden atenuar la gravedad del cuadro en diversos estamentos sociales.







