Ojalá
Por Juan Carlos Di Lullo, LA GACETA. Cada uno de nosotros es necesario en la vida de la Nación y de una comunidad organizada.
09 Julio 2006 Seguir en 
La palabra "ojalá" no significa, como muchos piensan, "si Dios quiere". En realidad, la frase en idioma árabe que da origen a la palabra de uso tan común en español -derivada del arcaico "oxalá" - es la expresión de un deseo que, aunque por el momento no es real, no puede descartarse como posibilidad. Una expresión que puede reemplazar más ajustadamente al concepto original es "que Dios quiera". Esta tarde, Italia y Francia disputarán en Alemania el partido final de la Copa del Mundo de fútbol, y uno de ellos se alzará con el trofeo. No tiene sentido decir entonces "ojalá Argentina hubiera ganado el Mundial", porque tal posibilidad se cerró el viernes 30 de junio en la ya famosa tanda de penales adversa a la Selección nacional.
Tampoco tiene sentido decir: "ojalá nuestros concejales no hubieran aprovechado que Argentina jugaba contra Alemania para aprobar el aumento en el precio del cospel", porque tal acción ya se consumó y quienes suben a las mismas unidades y sufren los mismos retrasos en los horarios que padecían antes del incremento, pagan los 20 centavos más por viaje que fijó el Legislativo municipal mientras los ciudadanos sufrían porque Lehmann había atrapado la pelota impulsada por Cambiasso.
Puede llegar a tener sentido que digamos "ojalá tuviéramos el mismo interés por el debate de la Ley de Educación que por la formación de nuestra Selección".
Si todos los sectores de la sociedad se comprometen con la seriedad y con la trascendencia que tiene el tema, del cual depende el futuro de la formación de nuestros niños y de nuestros jóvenes, tendremos la posibilidad de influir sobre nuestros representantes para evitar que se vuelvan a cometer errores vividos en experiencias anteriores, además de lograr un instrumento que permita orientar los esfuerzos para recuperar el nivel que el sistema educativo argentino tuvo en algún momento y que nos colocó como modelo dentro del continente.
Veamos si tiene sentido decir "ojalá que nuestros gobernantes trabajen honesta y conscientemente en beneficio de la comunidad y no para ganar espacios en la estructura de poder o en su propio provecho". Si nuestra participación en la vida de la República se limita a depositar un voto cada dos años en una elección que no nos interesa en absoluto, el pedido carece de sustancia.
Si, en cambio, nos involucramos en cada uno de los temas que nos afectan directa o indirectamente, si peticionamos, si protestamos, si nos oponemos o apoyamos las medidas que se toman, el pedido es absolutamente pertinente.
Es importante tener en cuenta que, si bien es cierto que nadie es imprescindible, no lo es menos el hecho de que cada uno de nosotros es necesario. De eso se nutre la verdadera democracia.
Sí tiene sentido decir: "ojalá consigamos motivar a nuestros jóvenes en proyectos creativos y productivos para que sientan por ellos la misma pasión y las expectativas que les despierta la actuación del equipo nacional de fútbol".
Esa posibilidad depende de las políticas educativas y de contención que nuestros gobernantes puedan diseñar y llevar a cabo. Esa alternativa -felizmente- aún no está cerrada.
Y, por supuesto, tiene todo el sentido que le da la poesía a la demanda del cubano Silvio Rodríguez cuando expresa: "ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre", o el jubiloso pedido del dominicano Juan Luis Guerra cuando anhela "ojalá que llueva café".







