Una nueva prueba de fuego
Por Carlos Abrehu, Secretario General de Redacción. Alperovich moviliza el aparato para rodear de tropa propia a Kirchner.
09 Julio 2006 Seguir en 
El gobernador José Alperovich rinde examen otra vez ante Néstor Kirchner. La plaza Independencia es el ámbito donde pasará por una nueva prueba de fuego. El 9 de julio de 2004 perdió el control del paseo, en medio de una trifulca entre piqueteros oficialistas -la corriente Patria Libre de Federico Masso- y opositores a su administración, con su consiguiente repercusión mediática nacional. Pagó un duro precio por eso y le costó meses de arduo trabajo político recuperar la estima del santacruceño. La impericia dejó enseñanzas y el exceso de suficiencia dio paso a la reflexión. El año pasado la cosa fue diferente. A pocos meses de la elección de diputados nacionales de octubre, Alperovich se esmeró en evitar la repetición de errores y montó un formidable cerrojo en derredor de la plaza, que desalentó a los disidentes. No se animó, sin embargo, a correr el riesgo de un papelón delante de Kirchner. El santacruceño habló en el estadio de San Martín, ante una multitud adicta. Ahora el gobernador entiende que llegó el momento de producir una demostración de fuerza ante el Presidente y de garantizarle un clima de paz, para que discursee al país por radio y televisión. El desafío que afronta Alperovich es gigantesco: un paso en falso le acarrearía el disgusto del todopoderoso visitante. La formidable movilización del engranaje estatal que ordenó el anfitrión tiende a disipar ese peligro. "Traigan a todos los que les deben favores y trabajo", es la consigna que salió de la Casa de Gobierno hacia todas las direcciones del aparato institucional en la provincia. Viernes estresante
Una indiscreción crispó los nervios del gobernador en la fatídica mañana del viernes. LA GACETA difundió una circular por la cual se comunicaba al personal de Políticas Sociales que debía concurrir a los actos de hoy en la plaza Independencia. Aseguran que Alperovich puso el grito en el cielo porque se había dejado registrada la maniobra. La reacción inmediata consistió en retirar documentos de tenor similar en otros recovecos de la administración pública. El secretario general electo del gremio municipal de la capital, Osvaldo Acosta, acusó a los funcionarios del intendente Domingo Amaya de intimidar a los trabajadores a que hagan barra por Kirchner. Algo similar se atribuye a la conducción de la municipalidad de Las Talitas. En líneas generales se les asignó a los directores de área la misión de generar la espontánea adhesión a la convocatoria en la plaza. La premisa es rodear al Presidente con tropa propia, con cabecillas políticos claramente identificados y de probada fidelidad a la Casa de Gobierno. Hay quienes advierten, sin embargo, que las rivalidades intestinas pueden ser una potencial fuente de conflicto en la misma plaza Independencia. Ocurre que se desató, en forma anticipada, la lucha por la reelección de bancas de legisladores y de concejales. Esos pretendientes buscan, además, la bendición del gran elector del oficialismo, que no es otro que Alperovich. La puja por los espacios puede emerger hoy y traducirse en roces y guerra de consignas. El jurismo acudirá a la cita con carteles que dicen "Kirchner-Alperovich-Juri", que traduce un distanciamiento cierto del lavagnismo. Los seguidores del vicegobernador se proponen también remachar lo que aseveró Alperovich hace algunos días: Juri en el mismo cargo, en un segundo período a partir de 2007. Algunos creen que el gobernador procuró tranquilizar a su actual segundo para conjurar incipientes brotes de rebeldía, como la solicitada que hablaba de Juri gobernador hace una semana. El propio Alperovich se encargó de cerrar otras fisuras. Por eso Amaya se arriesgó a proclamar que buscará ser electo intendente de la capital en 2007, tras haber sido reemplazante del hoy encarcelado Antonio Domingo Bussi, por votación del Concejo Deliberante.
La tercera decisión política que se está madurando es la postulación de Beatriz Rojkés de Alperovich como legisladora provincial. Si ella consigue que se destrabe el ingreso del limón tucumano a Estados Unidos -donde está actualmente-, tendría una excelente carta de presentación en el mercado electoral en 2007. Quienes apuestan a esa carta, imaginan que la primera dama podría ser la presidenta subrogante de la Legislatura. O sea, que Juri estaría en el medio de dos Alperovich. De todos modos, el vicegobernador está expuesto a los avatares cotidianos de la política. El año pasado, el Presidente no lo trató nada bien.¿Y si lo desaira otra vez, se quedará cruzado de brazos? La corriente piquetera Barrios de Pie puede hostigarlo nuevamente en público, repitiendo la cantinela del acto kirchnerista de Central Córdoba. Entonces, delante de Alperovich, se cantó: "Es para Juri que lo mira por tevé". Ante ese cuadro de situación, los emisarios del lavagnismo esperan el desarrollo de los hechos. La coalición Recrear-Fuerza Republicana no descarta que se adelante la elección provincial para marzo de 2007, en sintonía con los planes continuistas del kirchnerismo en el orden federal. Tiene en cuenta que Alperovich es uno de los gobernadores que busca repetir bajo el paraguas de la Casa Rosada.
Golpes y contragolpes
Al poder político le resulta difícil admitir que el orden jurídico pone límites a su afán expansivo. La Casa de Gobierno respondió con una ofensiva que se abatió sobre el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfredo Dato. Los operadores próximos a Alperovich intentan proyectarlo a la escena pública como hipotético candidato a gobernador en 2007. El esfuerzo no es nada inocente: apuntan a crear desconfianza dentro de la Corte. Desde el poder se ensayó metódicamente la política de dividir para reiniciar. Y la sistemática agresión al Colegio de Abogados, que demandó la inconstitucionalidad del Consejo Asesor de la Magistratura con preeminencia política,trasunta el propósito de someter a quienes no coinciden con el discurso gubernamental. La estructuración de un Poder Judicial libre de las manipulaciones del Gobierno sigue siendo clave para la preservación del Estado de Derecho. El malestar del oficialismo revela, por otra parte, el profundo temor a una sucesión de fallos judiciales que terminen arrasando con la Constitución de 2006. Las acciones enderezadas a trabar la aplicación de la Carta Magna reformada son múltiples, pero es probable que sólo un número reducido de ellas pase el exigente tamiz judicial. La impaciencia del alperovichismo tropieza con la dinámica propia de los plazos procesales, que está lejos de acercarse a la de las urgencias electorales de corto plazo. El divorcio entre las expectativas de los actores políticos y de los actores judiciales tensa las relaciones. Para bajar la conflictividad, se insiste periódicamente en que no hay un choque de poderes que justifique la intervención federal.
La iniciación de la feria judicial de invierno apaciguará en rigor la polémica que sacudió a Tucumán en estas últimas jornadas. En verdad, lo que se discute en Tribunales es lo que no se hizo antes de la elección de convencionales constituyentes.







