¿Se llamó a un debate o a una convalidación?
Los docentes esperaban discutir con más profundidad las bases de la futura Ley de Educación Nacional. Le faltaron tiempo y mayor amplitud a la consulta. Por Magena Valentié - Redacción de LA GACETA
08 Julio 2006 Seguir en 
La Jornada Nacional de Debate sobre la Ley de Educación Nacional dejó a más de uno la sensación de haber quedado parado en el andén, con las valijas en la mano. El esperado tren de la “reforma de la reforma” pasó muy rápido.Todavía con el amargo sabor de la derrota, por la eliminación de Argentina del Mundial, los docentes respondieron con entusiasmo a la propuesta el ministro Daniel Filmus de elaborar, juntos, una nueva ley nacional de educación. El miércoles se suspendieron las clases en el país, para “poner a la escuela en asamblea”, como dijo la CTERA. Pero para muchos no fue lo que esperaban. No tuvieron tiempo de leer el documento base del Ministerio de Educación de la Nación, antes de sentarse a discutir. Otros, en el inmenso y aislado interior de la provincia, ni siquiera lograron darle una hojeada. ¿El correo llegó tarde? Así y todo, muchos docentes se apresuraron a leer más de 60 páginas sin saber muy bien en qué consistía el debate.
Punto uno: no hubo tiempo para la discusión.
Cuando ATEP y la Comisión de Padres pidieron una jornada más de debate, se les dijo: “hay un cronograma que cumplir. El próximo debate será en agosto, con el anteproyecto de ley en la mano”. ¿Cuál es el apuro?, se preguntan algunos docentes y la Iglesia tucumana. “Una ley de tanta importancia necesita un debate más profundo” fue el razonamiento de casi todos.
Punto dos: el cronograma es muy ajustado.
En la escuela Rivadavia, una docente les preguntó a sus colegas: “chicas, ¿esto no es esto lo que discutimos ya en el Congreso Pedagógico para la ley federal?”. Mientras tanto, monseñor Miguel Galland, vicario para la Educación, insistía: “díganme en qué falló la Ley Federal de Educación y después pensemos en hacer una nueva”.
Punto tres: todavía quedan dudas respecto de si era necesario sancionar una nueva ley para garantizar el derecho a la educación o a la igualdad educativa.
Los grandes ausentes
Los padres no participaron del debate. “No vinieron”, dijeron desde la Secretaría de Educación. “No nos invitaron”, retrucó la Comisión Provincial de Padres. La realidad tucumana contrastó con la de La Rioja, donde el gobernador justificó, por decreto, la inasistencia al trabajo, para que los ciudadanos pudieran asistir al debate educativo. En Buenos Aires, los padres tampoco participaron demasiado. Cosa curiosa.
Punto cuatro: El debate no fue “amplio”, como prometía.
Hay que reconocer que los que participaron lo hicieron con ganas, aunque en muchos era patente el escepticismo. El poco tiempo y la extensión del documento dieron la impresión, a más de uno, de que “estaba todo cocinado”. “Más que debate, lo que quieren es que convalidemos un anteproyecto que parece ya estar hecho”, aventuraron algunos de los participantes.
Pero después de todo, menos mal que perdió Argentina. De lo contrario, el debate de la ley hubiera pasado inadvertido para los medios. Y también para docentes y alumnos, entretenidos con la movida futbolera que organizó el Ministerio de Educación de la Nación en las escuelas, para lo cual envió cartillas que llegaron con más anticipación que el documento base.
Si hubiera ganado Argentina, tampoco habríamos prestado atención a los superpoderes que planeaba darse el Presidente, o al aumento de sueldo de los funcionarios o la suba del precio del gas.
Punto cinco: se nota que el Presidente apostaba al triunfo argentino en el Mundial.







