Frente a un modelo de alto riesgo
Desde hace días se registra una inquietante e intensa ofensiva retórica del matrimonio presidencial en contra del periodismo y de los medios. Por Angel Anaya - Columnista.
08 Julio 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La semana política con mayor tono polémico ha finalizado a medias, anticipando temperaturas más elevadas por los mismos temas: lo superpoderes y la reglamentación de los decretos ley del Presidente (DNU). Pero la frutilla del ácido postre no ha sido ninguno de ellos, sino la más intensa ofensiva retórica del matrimonio presidencial, durante dos días, contra el periodismo y los medios.Los colegas que estaban en el Salón Blanco en una de esas ocasiones, debieron escuchar sin poder intervenir y personalizada en ellos la retahíla de Kirchner. El día anterior también se quejó de “la poca calidad intelectual”, mientras tenía por auditorio a un grupo numeroso de alcaldes, a los que con una terminología habitual del periodismo frívolo los invitó a que “tengamos capacidad transgresora de gestión” no haciendo caso de las frecuentes imputaciones opositoras “sobre cuestiones institucionales”. Precisamente, el debate que está elevando la temperatura política hasta una gradación temeraria pasa invariablemente por esos dos términos: trasgresión e instituciones, ciertamente incompatibles en la vida pública.
El enfrentamiento tiene un sentido aparente de “golpe autoritario” que los más imaginativos remiten a la llegada democrática de Hitler al poder, para acabar después con la República de Weimar. Los mejor experimentados en el uso nostro son bastante más realistas, y se trataría en todo caso de preparar una poderosa batería reeleccionista. ¿Cómo podría hacerse con esos DNU y superpoderes para discriminar el financiamiento electoral del gasto público al servicio de la candidatura de Kirchner y quienes él desee?, se preguntan en los cuarteles opositores.
Confusión
Entre las razones del jefe del Gabinete, Alberto Fernández, para favorecer la sanción favorable del Senado a su investidura permanente con superpoderes, figuró una muy indicativa.“Tengo que gobernar”, dijo en primera persona del singular, y las exposiciones de quienes lo secundaron machacaron con el argumento de que el Congreso no gobierna ni tampoco debe frenar con su lentitud la gestión del Ejecutivo; es decir, aunque esta sea “transgresora”. Otro singular fundamento es el cúmulo de antecedentes de gobiernos anteriores con facultades ocasionales y que, precisamente, suelen ser blancos de las críticas más severas por el actual. En la confusión retórica se pierde de vista por momentos que lo más gravoso no son las facultades que el Congreso ocasionalmente confiera al Ejecutivo bajo controles constitucionales, sino la concesión masiva y permanente que genera un abuso inconstitucional, hasta el punto de aparentar una constitución paralela. Avanzar en esa dirección sí puede abrir rumbos muy peligrosos con alternativas imprevisibles, pues la pérdida o subvaloración de un poder como el Congreso puede convertirlo en un circo romano conforme se acerque el tiempo electoral. El Poder Legislativo es hoy dócil y el partido oficialista está virtualmente vaciado de conducción. En fin, un clima político inflamable que debe ventilarse. (De nuestra Sucursal)







