08 Julio 2006 Seguir en 
LONDRES.- A las 11 en punto, las campanas del Big Ben dieron inicio a los dos minutos de silencio que, ayer, cientos de miles de británicos guardaron en memoria de las 52 víctimas mortales de los atentados terroristas del 7 de julio de 2005. Miles de personas depositaron flores en el metro londinense a las 8.50, la hora en que explotaron las tres bombas en la red subterránea. También se congregó una multitud en Tavistock Square, donde una hora después un terrorista suicida voló un ómnibus por los aires. En todos los puntos de la capital donde se produjeron los ataques del 7-J se descubrieron placas conmemorativas, mientras doblaban las campanas de la iglesia de Saint Paul.
La metrópolis quedó virtualmente paralizada durante 120 segundos. Tambiénse interrumpió el torneo de tenis de Wimbledon, y la reina Isabel observó los dos minutos de silencio en la catedral de Saint Giles, en Edimburgo. En Nottingham, en el norte de Gran Bretaña, los alumnos de una escuela islámica desplegaron un afiche con la leyenda “Musulmanes contra el terrorismo”.
La sombra de Al Qaeda
El 7 de julio de 2005, cuatro islamistas suicidas, tres de ellos británicos y todos educados en Gran Bretaña, se inmolaron en la red de metro de Londres y en un ómnibus de dos pisos; como resultado, murieron 52 personas y 770 resultaron heridas. Los actos recordatorios del 7-J se realizaron bajo la sombra de nuevas amenazas: la emisora Al Jazira difundió el jueves un video grabado antes de los atentados por Shehzad Tanwir, uno de los cuatro suicidas, en el que advertía que habrá más ataques, y que estos serán más fuertes, a menos que Gran Bretaña retire sus tropas de Irak y de Afganistán. En el mismo video se veía a Ayman al Zawahiri, el número dos de la red Al Qaeda.
El jefe de Scotland Yard, Ian Blair, advirtió que el peligro de un nuevo atentado es muy real. “Tarde o temprano, Londres sufrirá nuevos atentados”, admitió.
Por la tarde, en el parque Regent, el primer ministro, Tony Blair, y su esposa, Cherie, honraron a los fallecidos junto con familiares y amigos de las víctimas. A la ceremonia asistieron el líder opositor conservador, David Cameron, y el jefe liberal, Menzies Campbell. Un presentador de la emisora británica BBC leyó los nombres de las víctimas, y miles de londinenses armaron con claveles violetas un gigantesco mosaico de flores en el parque.
En la estación King’s Cross, donde tuvo lugar el primer ataque, la ministra de Cultura, Tessa Jowell, y el alcalde de Londres, Ken Livingstone, depositaron una ofrenda floral en el sitio donde los familiares ponían las fotos de los desaparecidos. “Los terroristas atacaron nuestra ciudad, pero no pudieron ponermos de rodillas ni mellaron el espíritu de tolerancia, la diversidad y el orgullo de Londres y de los londinenses”, dijo Jowell. El 7-J fue la mayor prueba que tuvo que afrontar la capital británica desde la II Guerra Mundial. (DPA)
La metrópolis quedó virtualmente paralizada durante 120 segundos. Tambiénse interrumpió el torneo de tenis de Wimbledon, y la reina Isabel observó los dos minutos de silencio en la catedral de Saint Giles, en Edimburgo. En Nottingham, en el norte de Gran Bretaña, los alumnos de una escuela islámica desplegaron un afiche con la leyenda “Musulmanes contra el terrorismo”.
La sombra de Al Qaeda
El 7 de julio de 2005, cuatro islamistas suicidas, tres de ellos británicos y todos educados en Gran Bretaña, se inmolaron en la red de metro de Londres y en un ómnibus de dos pisos; como resultado, murieron 52 personas y 770 resultaron heridas. Los actos recordatorios del 7-J se realizaron bajo la sombra de nuevas amenazas: la emisora Al Jazira difundió el jueves un video grabado antes de los atentados por Shehzad Tanwir, uno de los cuatro suicidas, en el que advertía que habrá más ataques, y que estos serán más fuertes, a menos que Gran Bretaña retire sus tropas de Irak y de Afganistán. En el mismo video se veía a Ayman al Zawahiri, el número dos de la red Al Qaeda.
El jefe de Scotland Yard, Ian Blair, advirtió que el peligro de un nuevo atentado es muy real. “Tarde o temprano, Londres sufrirá nuevos atentados”, admitió.
Por la tarde, en el parque Regent, el primer ministro, Tony Blair, y su esposa, Cherie, honraron a los fallecidos junto con familiares y amigos de las víctimas. A la ceremonia asistieron el líder opositor conservador, David Cameron, y el jefe liberal, Menzies Campbell. Un presentador de la emisora británica BBC leyó los nombres de las víctimas, y miles de londinenses armaron con claveles violetas un gigantesco mosaico de flores en el parque.
En la estación King’s Cross, donde tuvo lugar el primer ataque, la ministra de Cultura, Tessa Jowell, y el alcalde de Londres, Ken Livingstone, depositaron una ofrenda floral en el sitio donde los familiares ponían las fotos de los desaparecidos. “Los terroristas atacaron nuestra ciudad, pero no pudieron ponermos de rodillas ni mellaron el espíritu de tolerancia, la diversidad y el orgullo de Londres y de los londinenses”, dijo Jowell. El 7-J fue la mayor prueba que tuvo que afrontar la capital británica desde la II Guerra Mundial. (DPA)







