El periodismo y la democracia

08 Julio 2006
Durante las dos últimas sesiones de la Cámara Alta, la senadora por la provincia de Buenos Aires y esposa del   Presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, dedicó buena parte de sus exposiciones a criticar duramente al periodismo calificándolo de censor del Gobierno.
El hecho, si bien no es nuevo, integró los debates a que dieron lugar respectivamente el informe periódico del jefe del Gabinete de Ministros y el que precedió a la media sanción del proyecto reglamentario de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), cuya autoría es de la senadora.
A propósito de la selectividad informativa que los múltiples medios de comunicación y la pluralidad de criterios con que el periodismo informa y analiza los hechos, especialmente los políticos, la senadora expresó, entre numerosos conceptos descalificadores: “así, no tenemos prensa, sino que tenemos una oposición que no fue votada. Afortunadamente, la gente tiene otra forma de debatir y resolver esos debates”, aludiendo así la primera dama al sistema electoral.
Nada tan lejos de una realidad donde la gente elige libremente el medio de información de acuerdo con sus ideas y dentro de un espectro gráfico y audiovisual extraordinariamente más amplio que el político.
Pero esa descalificación del periodismo tiene igualmente otro cariz revelador de un desconocimiento sobre el funcionamiento universal de la prensa libre, cuando se descalifica igualmente la organización empresarial de los medios, dejando de advertir que una de las condiciones esenciales para ejercer la libertad constitucional de información es la independencia económica.
Al mismo tiempo que la senadora Fernández se explayaba con esas inquietudes, su esposo lo hacía ante un  auditorio de intendentes municipales, dedicando al periodismo parecidas reflexiones.
En esta ocasión, al menos, hubo una excepción, pues a juicio del presidente Kirchner “no todos los periodistas son iguales”. En ambos casos, tanto el jefe del Gobierno como la primera dama y buena parte de los funcionarios que los secundan parecen no advertir que la libertad de prensa implica no sólo la de informar, sino igualmente la del acceso a las fuentes de información de interés público, no siendo menor, por cierto, la de ejercerla con responsabilidad. Se trata de condiciones ineludibles de ese derecho fundamental de las sociedades libres y que en nuestro país siempre estuvo asociado a los períodos históricos más promisorios.
Paralelamente a lo que representa la libertad de prensa y a las resistencias del Presidente y la primera dama y senadora a dialogar con el periodismo, perdura desde hace cuatro años el bloqueo del proyecto legislativo sobre acceso a la información pública. En este caso, la iniciativa originada por una variedad de instituciones fue finalmente asumida por la senadora Fernández de Kirchner sin resultado alguno.
Seguramente que en los juicios descalificadores sobre la diversidad de los medios no fue incluido el canal oficial, por difundir en vivo y en directo sin interrupción alguna, durante 2 horas y 40 minutos, el discurso de la senadora sobre la reglamentación de los DNU y sus críticas al periodismo.
La breve enumeración de testimonios sobre el rol de la prensa y sus recursos, y el concepto que de ellos mantienen el Presidente y sus colaboradores más próximos, constituyen una grave realidad que no puede ignorarse. Especialmente si lo que se pretende es consolidar el sistema republicano.






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