El ruido y las nueces

El acto del Mercosur en Venezuela fue esencialmente político. Los presidentes de la región obtuvieron los mejores réditos para sus necesidades internas. Por Angel Anaya - Redacción de LA GACETA

06 Julio 2006
BUENOS AIRES.- La reunión mercosureña de Caracas ha sido un acto esencialmente político, en el que los participantes han procurado los mejores saldos para sus necesidades internas. Al menos, de la agenda, tan sólo dos puntos son cuestiones concretas: el ingreso protocolar de Venezuela al Mercosur, y el proyecto inesperado del Bono del Sur, propuesto por el presidente argentino como base de un banco regional futuro. El manejo algo pomposo que desde hace tiempo se estuvo haciendo de la llegada venezolana a la sociedad regional, no ha permitido advertir la dimensión de los pasos requeridos para concretar el compromiso en igualdad de condiciones con los integrantes plenos de la “unión aduanera imperfecta” que representa el Mercosur. Ello se debe al retaceo de información acerca de los cuatro años requeridos por el proceso de admisión, y a cuyo final Venezuela deberá eliminar aranceles sobre productos de Paraguay y de Uruguay, y alcanzar el mismo resultado para Brasil y la Argentina en 2014. La ligereza política ha hecho mucho daño en la región cuando se trató de alianzas económicas, y parece que sigue perdurando, por la forma altisonante con que se abordan cuestiones como las diversidades de la relación plural en las realidades productivas. Por lo contrario, el Bono del Sur tendrá no más de tres meses para tomar forma y compromiso, con el mutante marco político que caracteriza a la región.

Los usos del cuchillo
No hay que prohibir los cuchillos, sino el uso delictivo de ellos, comentó uno de los miembros de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo, al revocar el fallo inferior que declaró inconstitucionales las leyes secretas. La lógica jurídica debe sostener el criterio de primera instancia, pues ley desconocida no obliga a su cumplimiento; pero la seguridad y el orden de una nación y la sociedad exigen también que se tengan por legítimas si alguna de ellas peligra.
La Corte deberá decir -vaya a saberse cuándo- la última palabra, pero, en realidad, lo que está en juego es la decisión inmoral o carente de ética, es decir, el delito mediante el cuchillo. Este último es el caso de los sobresueldos no computables, y de otras falacias que están muy lejos de afectar aquellos grandes valores y que ningún organismo oficial se anima a ventilar ante la posibilidad de que deba recurrirse al “modelo”.
La propia interna política evidencia hasta qué punto puede ser hipócrita el ruido sobre las leyes secretas cuando quienes lo practican no dan un solo paso que pueda llevar a un correligionario, por tal causa, ante un organismo partidario de conducta. Las omisiones más extraordinarias en ese orden corresponden al Partido Justicialista, donde los dos únicos casos son judiciales y de extrapartidarios. (De nuestra Sucursal)









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