Los políticos atentan contra las instituciones

La dirigencia no teme poner en riesgo institucional a la provincia a fin de ganar espacios en la estructura de poder, o bien para posicionarse mejor para 2007. Por Juan Manuel Asis - Redacción de LA GACETA

06 Julio 2006
El 2007 carga con un monstruo político que porta una fecha clave en la frente y que se devorará a muchos de los que hoy están en un cargo público: el día de las elecciones. Parece lejano, pero no lo es; los síntomas del temor han aflorado, tanto a nivel nacional como provincial, y las manifestaciones son similares entre la dirigencia. Reelección allá, reelección acá; concentración de poder allá, ídem aquí; suma de socios con políticas clientelares allá, suma de adeptos por políticas clientelares acá; ataques del poder contra los eventuales contrincantes electorales allá, ídem aquí, aunque con una notable diferencia. Los enfrentamientos contra los “lavagnistas” locales generan enfrentamientos políticos que hacen hablar de crisis institucionales. Claro que eso es lo que se persigue.
En realidad, el sistema en la provincia tiene debilidades -o fortalezas, según el lugar desde donde se lo mire- que hacen que cualquier disputa entre dos individuos provoque cimbronazos en las instituciones; especialmente si esas dos personas, por ejemplo, son el gobernador y el vicegobernador, o  bien el gobernador y el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Ellos son las cabezas de los tres poderes constitucionales y tienen la obligación de garantizar el funcionamiento del sistema con sus conductas y sus palabras. Aunque en Tucumán es costumbre asentir con la cabeza y decir no con la boca, o al revés, están presos de las responsabilidades del cargo y deben convertirse en una suerte de imagen del poder, o su mejor reflejo. Pero siempre hay una salida para el pensamiento: otros dicen lo que ellos no pueden, siempre hay chupamedias.
Al fin y al cabo son políticos por formación, por lo que sus acciones y sus palabras deben ser medidas por dos varas: la política y la institucional. He aquí el hecho generador de los enfrentamientos, porque los interesados leen las acciones con la vara que más les conviene. Los ejemplos huelgan: los abogados atacaron en la Justicia la formación del Consejo Asesor de la Magistratura porque interpretaron que detrás había un interés político (elegir a los jueces amigados con el poder); el Gobierno renegó en su seno del fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo porque bajo el agua vio intereses sectoriales (los abogados quieren elegir a los suyos); un legislador fustiga al presidente de la Corte porque cree que es una suerte de Lavagna a la tucumana y un opositor al Poder Ejecutivo. El 2007 está presente, y empuja a las acciones desde atrás; está tan presente que algunos dirigentes no temen sugerir crisis institucionales para generar hechos políticos que afecten intereses ajenos. Así es válido mencionar la relación del gobernador y del vicegobernador, que camina por senderos sinuosos por causa de los acólitos de cada lado que apuestan a la fractura de la sociedad. Para ambos, por ahora, el peso institucional supera a la carga política, por lo que el binomio asegura que siguen juntos. Sin embargo, el 2007 se acerca para apurar sociedades nuevas o para tragarse socios viejos.

Unos y otros
Las amenazas vienen y van, entrelíneas y a nivel subterráneo. Unos no quieren bajarse del poder y otros intentan horadarlo. Y esto tiene que ver con la tranquilidad que busca cada parte para los próximos años: unos para seguir en el poder, otros para mantener una cuota de él y otros para acercarse más a cualquier espacio de poder. Así se entienden los cuestionamientos políticos a los hechos institucionales: cada uno tiene su propia lupa en el bolsillo.
Sin embargo, la pequeñez geográfica de la provincia, el hecho de que todos se conozcan las historias -como dice la calle-, de que el libreto del político sea siempre el mismo -esté en el oficialismo o esté en la oposición- hacen más fácil entender este juego de intereses políticos, que no trepidan en involucrar a las instituciones, debilitándolas y restándoles credibilidad a los ojos de los que están lejos, muy distantes del poder. Tan alejados que ellos no ven monstruos en 2007, sino otro tipo de necesidades en el horizonte más próximo.







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