"Villa/Bom", lanzando una botella al mar
Una experiencia educativa en el barrio "La Bombilla" acerca claves para abordar una deuda social como la prevención de las adicciones. Por Nora Lía Jabif - Redacción de LA GACETA
04 Julio 2006 Seguir en 
Todos roban: los ricos y los pobres; el pobre una gallina, el rico de a mil, de a diez mil/prefiero trabajar antes que robar/porque la libertad es lo mejor: nadie te dice no. Es feo estar entre cuatro paredes/un mes o hasta seis meses. Así es la vida de algunos de Juan XXIII. Pobres". La cita es parte de un poema escrito por Diego Farías, alumno de 9º año de la escuela Juan XXIII, del barrio conocido como "La Bombilla". El poema fue editado en "Villa/ Bom (el barrio al revés)", la revista estudiantil que se escribe y edita en esa escuela pública, y que ya va por el número 3. Aunque implacables en la descripción de una realidad sombría, los textos escritos por alumnos de 7º, 8º y 9º curso son, como los propios chicos escriben por ahí, "una botella al mar". "Villa/Bom -afirman ellos- es una botella al mar, como la revista que les hicieron llegar los chicos internos del Roca, "Un nuevo comienzo". Al margen de los productos, en sí, el eje de ese intercambio es el cruce de experiencias entre los internos y los que están fuera. Esos chicos presienten, sin embargo, que hay una delgada línea entre una situación y la otra, y que basta con un empujoncito para cruzarla. Por eso es que en otra página de "Villa/Bom" puede leerse, por ejemplo: "estaba la muerte de rostro azul / en la puerta de la comisaría 7a"/ahí donde me estaban metiendo preso...". La revista es, como ellos mismos reconocen, la mejor manera de zafar "de la barra de la esquina". Que es más o menos lo mismo que zafar de la droga. De ahí la importancia de "Villa/Bom", detrás de la cual hay una experiencia pedagógica y comunitaria, impulsada por la directora de la escuela Juan XXIII y de un grupo de profesoras, a las que se sumaron algunos voluntarios.
Una semana atrás, LA GACETA dio cuenta del incremento de las adicciones en Tucumán; en particular, en los barrios más vulnerables. Al margen de que los profesionales tucumanos que trabajan en drogadicción reconocen que el secretario del área, Alfredo Miroli, está desarrollando una capacitación intensiva en toda la provincia, y que el Estado cubre el tratamiento ambulatorio que ejecutan distintas ONGs, advierten que falta profundizar la prevención, que es la parte más onerosa del proceso. En el "debe" también se anotan los prometidos centros de internación, para los casos que los requieran (y que suman alrededor del 20 % de los tratamientos).
Entre las experiencias de prevención de las adicciones que resultaron más o menos exitosas en distintos puntos del planeta, rescatan la que desarrolló el gobierno de San Pablo, Brasil, con el programa "Meninos da rúa" (chicos de la calle"), y otros de tinte comunitario o barrial. Al parecer, una clave del éxito de iniciativas de ese tipo consiste en penetrar el barrio, en apropiarse de sus códigos y en interpretar los rituales de su gente. Si bien es eso lo que parece haber logrado "Villa/Bom", esta botella al mar se ve como el esfuerzo aislado de la comunidad de una escuela, pero no como parte de una estrategia sustentable de gobierno, que en este caso requiere el trabajo intersectorial de las áreas de Educación, Políticas sociales y Salud.
Las experiencias comunitarias y barriales que resultaron exitosas en América Latina cubren tanto la prevención de adicciones como la ejecución de otros programas sociales. En Argentina -Tucumán- donde hay honrosas excepciones, el trabajo comunitario muchas veces es "depredado" por los punteros políticos del poder de turno, con la consecuente pérdida de sustentabilidad de propuestas que eran viables en el papel.
Es probable que si a alguien se le diera por indagar por qué fracasan esas iniciativas en esta parte del continente, la respuesta esté en la página 20 de "VillaBom", en la sección "Miradas futuristas". "En el año 2036 -escribe Juan Granero- el Barrio cambiará porque la gente se fue a vivir en otro lugar. Las casas estaban viejas. Al Barrio le cambiaron de nombre, y le pusieron Circuito 15".







