02 Julio 2006 Seguir en 
La Iglesia dice encontrar escollos para avanzar en una mesa de concertación “amplia y plural” que fije políticas de Estado, mientras que el Gobierno presiona para que los obispos acoten las advertencias sobre la persistencia de la pobreza y el ensanchamiento de la brecha social.
El propio presidente Néstor Kirchner trabó ese espacio de diálogo multisectorial al sugerir -dijeron fuentes religiosas- a empresarios y a sindicalistas considerados cercanos al Gobierno que hagan caso omiso al convite eclesiástico.
A esto se suma que sectores permeables a una convocatoria de monseñor Jorge Casaretto (San Isidro) tomaron distancia tras el llamado a la reconciliación que hizo el titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
Una exhortación que, al decir eclesiástico, no hacía referencia a la tensión de la Casa Rosada con sectores militares que reivindican el terrorismo de Estado, sino que sentaba bases para el diálogo en tres pilares: formación ciudadana, fragmentación e inequidad traducida en cultura de la solidaridad, y reconciliación fundamentada en la verdad, la justicia y el perdón.
Malestar de Balcarce 50 que se tradujo en una reunión reservada de monseñor Casaretto con Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, que no fue en muy buenos términos.
El funcionario reprochó al prelado -según se pudo saber- la difusión de un relevamiento de la Universidad Católica Argentina sobre exclusión social y se comprometió a acercarle un informe más completo sobre la realidad de pobreza en el país.
Estadísticas oficiales que si bien llegaron al Episcopado, fueron evaluadas por los obispos de “poco consistentes” por remitir sólo a logros macroeconómicos, que no estaban en discusión.
En la encuesta criticada por el Gobierno, la Iglesia asegura que persisten las desigualdades sociales en Argentina, a pesar de las “graduales y significativas mejoras” económicas y la reducción de los índices de pobreza e indigencia de los últimos años. “A estos tipos (por los funcionarios kirchneristas) no se les puede decir nada porque saltan como leche hervida”, graficó un obispo, disgustado por los inconvenientes que conlleva encaminar el proceso dialoguista.
Más escollos
Pero este no es el único escollo que debe salvar monseñor Casaretto y su gente, ya que tanto Víctor de Gennaro, de la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA), como referentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) dilatarán en dos oportunidades una posible reunión, que podría concretarse recién después del 9 de Julio.
Es esta una fecha bisagra para la idea de concertación, que podría empantanarse más todavía si Kirchner -como intuyen los obispos- formaliza en Tucumán su postulación para un segundo mandato presidencial.
Otro contratiempo son las diferencias conceptuales que esgrimen sindicalistas e industriales para sentarse a una misma mesa, sobre todo cuando se habla de flexibilización laboral y distribución de las ganancias. Tal como ocurrió durante las jornadas sociales de Mar del Plata, donde hubo un fuerte cruce -en el que tuvo que mediar monseñor Casaretto- por el concepto “colaboradores” atribuido por un empresario a los trabajadores.
Una relación difícil que la Comisión Episcopal de Pastoral Social pudo constatar el 5 de junio pasado, cuando visitó la sede de la CGT, que lidera Hugo Moyano.
Los representantes de la central obrera organizada condicionaron entonces su participación en el diálogo a que se encamine a la concertación y no a la concentración como, según denunciaron, pretenden los empresarios.
El propio presidente Néstor Kirchner trabó ese espacio de diálogo multisectorial al sugerir -dijeron fuentes religiosas- a empresarios y a sindicalistas considerados cercanos al Gobierno que hagan caso omiso al convite eclesiástico.
A esto se suma que sectores permeables a una convocatoria de monseñor Jorge Casaretto (San Isidro) tomaron distancia tras el llamado a la reconciliación que hizo el titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
Una exhortación que, al decir eclesiástico, no hacía referencia a la tensión de la Casa Rosada con sectores militares que reivindican el terrorismo de Estado, sino que sentaba bases para el diálogo en tres pilares: formación ciudadana, fragmentación e inequidad traducida en cultura de la solidaridad, y reconciliación fundamentada en la verdad, la justicia y el perdón.
Malestar de Balcarce 50 que se tradujo en una reunión reservada de monseñor Casaretto con Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, que no fue en muy buenos términos.
El funcionario reprochó al prelado -según se pudo saber- la difusión de un relevamiento de la Universidad Católica Argentina sobre exclusión social y se comprometió a acercarle un informe más completo sobre la realidad de pobreza en el país.
Estadísticas oficiales que si bien llegaron al Episcopado, fueron evaluadas por los obispos de “poco consistentes” por remitir sólo a logros macroeconómicos, que no estaban en discusión.
En la encuesta criticada por el Gobierno, la Iglesia asegura que persisten las desigualdades sociales en Argentina, a pesar de las “graduales y significativas mejoras” económicas y la reducción de los índices de pobreza e indigencia de los últimos años. “A estos tipos (por los funcionarios kirchneristas) no se les puede decir nada porque saltan como leche hervida”, graficó un obispo, disgustado por los inconvenientes que conlleva encaminar el proceso dialoguista.
Más escollos
Pero este no es el único escollo que debe salvar monseñor Casaretto y su gente, ya que tanto Víctor de Gennaro, de la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA), como referentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) dilatarán en dos oportunidades una posible reunión, que podría concretarse recién después del 9 de Julio.
Es esta una fecha bisagra para la idea de concertación, que podría empantanarse más todavía si Kirchner -como intuyen los obispos- formaliza en Tucumán su postulación para un segundo mandato presidencial.
Otro contratiempo son las diferencias conceptuales que esgrimen sindicalistas e industriales para sentarse a una misma mesa, sobre todo cuando se habla de flexibilización laboral y distribución de las ganancias. Tal como ocurrió durante las jornadas sociales de Mar del Plata, donde hubo un fuerte cruce -en el que tuvo que mediar monseñor Casaretto- por el concepto “colaboradores” atribuido por un empresario a los trabajadores.
Una relación difícil que la Comisión Episcopal de Pastoral Social pudo constatar el 5 de junio pasado, cuando visitó la sede de la CGT, que lidera Hugo Moyano.
Los representantes de la central obrera organizada condicionaron entonces su participación en el diálogo a que se encamine a la concertación y no a la concentración como, según denunciaron, pretenden los empresarios.







