"Abuelito, dime tú..."
Por Federico van Mameren, Secretario de Redacción. Alperovich está listo para los comicios en los que buscará la reelección.
02 Julio 2006 Seguir en 
Mucho antes de lo que se pensaba, Tucumán está en campaña. "No hay con qué darle", resoplan algunos en las mesas de café. "Es un ídolo", se enfervorizan los "sijosesistas" que se alimentan de las mieles del poder. "Nos mató", se martirizan algunos peronistas. Se cuentan por enésima vez el cuento del escorpión que envenena al solidario animal que lo ayudó a llegar a la otra orilla "porque esa es su naturaleza". "Tenemos que trabajar para ver hasta dónde llegamos. En todo caso, nos acomodamos para 2011", se resignan algunos referentes de la oposición. Alrededor de José Alperovich, anotan cada una de estas reflexiones y proyectan el mañana. El gobernador ya está parado en la línea de largada esperando que el semáforo dé luz verde para la carrera que se correrá en 2007. No tiene rivales a la vista; ni siquiera se ve a alguien arreglando un motor o probándose un buzo antiflama. Sólo se notan algunos movimientos en los boxes de la escudería Bussi. El dueño está preso y sus hijos andan buscando mecánicos. Algunos ya no tienen ganas de engrasarse las manos y otros saben que en los bólidos deben ajustar más las luces -para poder ver quién va adelante- que los espejos retrovisores. La escudería radical ni siquiera sabe qué motor tiene. Técnicos y mecánicos andan barriendo el box y revisan una a una las tuercas que quedaron después de las últimas carreras. Saben que hasta el más deformado tornillo encaja en el alperovichismo. Además, temen que el dueño de este gran circo electoral haga algunas "sugerencias". El Bernie Ecclestone de la Casa Rosada ha incorporado así a su equipo a varios radicales. ¿Y si el legislador Jorge Mendía termina haciendo como el santiagueño Gerardo Zamora con el presidente Néstor Kirchner? ¿Y si Roberto Palina también se entusiasma?
Billetera mata galán, responden en esa escudería. Ya perdieron pilotos como Osvaldo Morelli o como Carlos Courel; por eso no les sorprendería que siga el desguace de dirigentes.
Las demás escuderías están desbaratadas. Unas no tienen plata para comprar motores y otras, ni siquiera para pintar el nombre del piloto en el auto. No faltan los que sueñan con incorporar a Michael Schumacher o a Fernando Alonso, pero el problema es que tienen otra nacionalidad. No es una mala idea: más de una vez en Tucumán se inventaron candidatos en pocos meses y el cambio de domicilio no fue un problema, sino un hobby. Total, a nadie le preocupa mucho que se viole la ley.
La escudería de Alperovich es tan fuerte que no parece tener problemas para ganar otra vez, tal cual se lo permite la Constitución que él mismo hizo redactar. Cuando Juan Manuel Fangio se subía a su Ferrari, en los años 50, sólo le temía a su propia superstición. Más de una vez sufrió porque un gato negro se le había cruzado en una puesta a punto de su auto. A Alperovich, ¿qué le preocupa?
El peronismo.
Está muy atento a lo que pueda hacer su coequiper, Fernando Juri. Trata de mantener contentos a técnicos como José Orellana o Juan Carlos Mamaní, por ejemplo, para asegurarse de que no le falten votos.
Para otras categorías, como el Rally Capital, sostiene al binomio Domingo Amaya-Germán Alfaro, que también le garantiza triunfos. El temor lo generan las reacciones internas del justicialismo, porque tarde o temprano le recordarán que él llegó a la escudería de la mano de un viejo conocedor de estas lides, Julio Miranda. Por eso, a la hora de definir quiénes serán los otros pilotos que saldrán a la pista, Alperovich no descuida detalle alguno y está dispuesto a sumar radicales y opositores de cualquier otro equipo. Mientras tanto, tiene contentos a todos los peronistas.
Estrategia Suiza
¿Qué hará el gobernador para llegar sin problemas a los comicios de agosto del año que viene?
Será Heidi.
Aquel perfil del eterno contestatario, el del gesto adusto, el del enojo permanente lo va a guardar por lo menos hasta mayo, cuando lleguen la hora de la conformación de las listas y el tramo final de la campaña. Tendrá mucho trabajo, porque no sólo debe armar la lista del PJ sino también las de otros partidos alperovichistas.
La primera versión de Heidi se vio esta semana, cuando la Justicia por primera vez le puso un freno a su prepotencia. El gobernador no dijo nada. Hasta llegó a sugerir que esperará el fallo final sin apelar. El inseparable "sijosesista" Mauro Castagneri se sentía Pedro, el fiel amigo de Heidi, cuando escuchó al gobernador, que suele armar un zafarrancho con sus flamígeras declaraciones matutinas.
Los próximos capítulos de esta versión tucumana de la serie que inventó Juana Spiry buscan calmar las aguas con los juristas y con otros miembros de la oposición, que está a la espera de lo que haga el mandatario. Heidi solía cantar "Abuelito dime tú" y terminaba su canción afirmando: "dime por qué hasta aquí subí/ dime por qué yo soy tan feliz./ Abuelito, nunca yo de ti me alejaré". Alperovich le canta así al sillón de Lucas Córdoba.
Lo sorprendente de los tucumanos es que están adormecidos. Tanto en las instituciones intermedias como en la política. Salvo excepciones, como el incansable Alejandro Sangenis con su musical partido MP3; los esporádicos planteos del republicano Ernesto Padilla; el independiente ciudadano Rodolfo Danesi, los gritos de Gumersindo Parajón y la fiscalizada gestión de Esteban Jerez, pocos son capaces de aportar una mirada crítica. De todos modos, no alcanza, porque ninguno de ellos ha demostrado capacidad para construir.
Alperovich, en cambio, con una billetera en una mano y una lapicera, en la otra, ya tiene dibujadas varias listas.
El gobernador está más seguro que su hermano mayor, el presidente Néstor Kirchner. El tucumano está solo, mientras que en los comicios nacionales ya apareció el enemigo: Roberto Lavagna. El ex ministro cabalgará en la UCR y aún no dio su bendición a nadie para que lo acompañe en la jineteada en esta comarca.
Otra ventaja para la reelección del tucumano es que, mientras en la Nación todavía se analiza si el candidato será Néstor o Cristina, José se hace hacer todo a medida. Lavagna, por ahora, preocupa sólo en la Capital Federal, donde los guarismos le auguran una buena elección. En Santa Fe proponen que Carlos Reutemann vuelva a las pistas.
Heidi se ha sentado en una montaña de plata tan alta como los Alpes suizos y mira desde arriba. Observa con desconfianza al PJ y al presidente de la Corte, Alfredo Dato. Este le dice a quien quiera oírlo que no será candidato a gobernador, pero la idea lo seduce. El problema, para él, pasa por saber cuál es el momento ideal. Por eso, cuando esta semana Dato mostró los dientes y dijo que no juraría la Constitución alperovichista, Heidi se calló. Pero su fiel perro Niebla; su cabrita Copo de Nieve; el pajarito Pichi y hasta el Abuelito se acordaban de que alguna vez Dato había dicho que le tomaría juramento al gobernador y que iba a participar del Consejo Asesor de la Magistratura. Las palabras suele llevárselas el viento, más aún cuando se las dice en un bar, cerca de la Casa Rosada. ¿La imagen de la niña buena se mantendrá?
Va a ser difícil.
El Estado ausente III
Los problemas que atraviesa la gestión no son pocos, especialmente a la hora de cumplir con los principales roles del Estado. La seguridad es la gran materia pendiente.
Si hay algo que no puede prevenir este gobierno es el delito; ni hablar de hallar a los responsables. Cada vez se nombran más policías, y cada vez se resuelven menos los casos. Ni siquiera aquellos que afean la imagen de la provincia, que además es turística. Es que el visitante no se hace preguntas, sólo viene unos días a disfrutar.
No se dará cuenta de que los autos de alquiler se hicieron legales de prepo. No verá que los padres estacionan en doble fila 20 días al mes para recoger a sus hijos cuando estos salen del colegio ni que los propios agentes municipales los ayudan a incumplir las normas.
No tendrá tiempo para verificar que la ruta 38 es una de las que cosecha más muertes en el país.
No ingresará a algunas de esas oficinas públicas que no pasarían ninguna de las inspecciones a las que la Dipasa somete a algunos comercios.
No entrará a ninguna de las facultades de la UNT para ver cómo las fotocopias son promocionadas y se violan las leyes que protegen a los libros.
Tal vez le llame la atención que en los teatros se pongan sillas tapando las salida de incendio.
Es posible que constate que no sólo se vende alcohol en horarios que no se debe, sino que muchos manejan alcoholizados.
Pero no se enterará de que son más de 480 millones de pesos los que se pierden por la venta ilegal, ni tendrá tiempo para comprender que el intendente parece Caperucita Colorada. Le teme al lobo y no puede ordenar la venta ambulante. Tampoco se animará a preguntar por qué los demás estamentos del Estado lo permiten. Si al menos los productos que se venden fueran legales y no se fomentara el contrabando...
Es posible que, cuando lleguen los turistas, los empresarios del transporte de ómnibus ya hayan arreglado las unidades rotas, gracias al aumento del cospel.
Es una suerte que no se queden más los visitantes; si lo hicieran se darían cuenta de los problemas que tiene Tucson para controlar y para hacer cumplir las leyes. Los ejemplos sobran.
Hace pocos días llegaron a este mundo Eloy y Margarita. Deben estar contentos, porque los tucumanos se comprometieron a darles más salud. Les anunciaron que habrá menos humo en sus pulmones.
Cuando crezcan, sus padres podrán contarles que hubo una vez en la que los tucumanos decidieron cumplir con la ley y casi nadie prendió un cigarrillo en los lugares públicos por esos días.
Sería bueno que Eloy y Margarita se duerman rápido, antes de que escuchen los otros cuentos.
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