Tras el mundial, la Argentina aterriza

Por Hugo E. Grimaldi, columnista de DYN. "Hay que detenerse con espíritu crítico frente a la actitud de ?no me importa? de Messi, el más mimado de la publicidad y probablemente un superdotado".

02 Julio 2006
BUENOS AIRES.- El panorama de una semana futbolísticamente triste dejó dos o tres pinceladas sobre la eliminación de la Selección en el Mundial, que tienen un correlato directo con los temas de la otra realidad, la de todos los días, la que volverá a avasallar desde mañana a todos los argentinos, entre ellos la causa Malvinas, el avance del Ejecutivo sobre el Congreso y la inflación.
En primer lugar, vale consignar que la Argentina futbolística pudo y mereció el viernes pasado, en su partido frente a Alemania, un mejor resultado, pero que lo perdió "solita", tal la expresión que aplicó David Nalbandian a su propia actuación en Wimbledon. Esta frustración de globo pinchado, tantas veces vivida por muchas generaciones de argentinos, volvió a presentarse una vez más, en esta oportunidad a modo de cachetazo deportivo tras una actuación impecable e invicta y lo concreto es que tal comprobación potencia la bronca, tal como le ha ocurrido históricamente al país en su organización política, económica y social.
Para elegir un por qué entre tantos otros, también es oportuno señalar que, durante el partido decisivo y sin poder absorber por una vez la extrema presión a la que se vio sometido durante todo el torneo, José Pekerman defraudó, pero no a los de afuera, sino a sus propias convicciones.
Presa de un ataque de pánico por la lesión del arquero titular, gran atajador de penales, el conductor no pudo calibrar adecuadamente los cambios posteriores, sacó de la cancha al que mejor interpretaba sus deseos y tiró por la borda su lógica previa, la que había distinguido al equipo como algo diferente, probablemente el de mayor personalidad del Torneo.
Cuántas veces a la Argentina le pasó lo mismo por haber cambiado de caballo en la mitad del río.
En el fútbol, como en la política, para ganar hay que tener el poder (la pelota), pero también saber imponer el ritmo (la agenda) y un estilo. Por último, hay que detenerse también con espíritu crítico frente la actitud de "no me importa" de Lionel Messi, el más mimado por la publicidad y probablemente un superdotado al que todos hubieran querido ver jugar.

Adolescente inmaduro
Muchos lo justifican diciendo que es nada más que un adolescente inmaduro, pero en verdad resultó ser un adolescente irrespetuoso, sobre todo ante el vigor que estaban desplegando sus propios compañeros. Lo cierto es que mientras los demás se esforzaban en el campo de juego, Messi contaba matas de pasto preocupado por sus propios fantasmas, sin importarle la suerte de los otros y sin tomar en cuenta que tendrá la posibilidad de jugar tres mundiales más. En su figura, que la televisión mostró tirado en el suelo y descalzo, se retrató a un argentino típico queriendo salvarse y a un futuro referente de esta misma sociedad tan poco solidaria y superficial, que oscila como un péndulo ante las modas y de la que salen luego los mismos que la gobiernan, tal como a ella le gusta que la gobiernen. La actitud del chico está en línea con la corriente de transgresión juvenil que tiene su justificación, en claros ejemplos de desapego a los valores, a la institucionalidad y a la ley que brinda a diario la dirigencia. Esta corriente ha llevado, por ejemplo, a los estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires durante los últimos días a tirar por la borda los argumentos de la antigua lógica, al expresar algo que, a la luz de las nuevas reglas, ya no suena como un sofisma: "nos quieren sancionar por tomar el Colegio, lo que es un derecho".
Si de transgresiones y cambios de timón se trata, el presidente de la Nación es el abanderado de muchas de ellas, aunque las encuestas, reflejo de la sociedad, influyen mucho en sus modos de conducirse. Las próximas semanas dirán si la necesidad de poner otra vez sobre el tapete la cuestión Malvinas, está basada en algún sondeo de la opinión pública o si se fundamenta en situaciones políticas, ideológicas o aún económicas.
En este aspecto, hoy existen dos corrientes que explican por qué la Argentina quiere cambiar la lógica de la relación establecida en los años 90, cuando se arregló con Inglaterra el "paraguas de soberanía" para poder conversar con mayor libertad sobre otras cuestiones trascendentes (comunicaciones, petróleo y pesca).
Por un lado, algunos analistas señalan que el mundo en general y América latina en particular avanzan hacia un reflotamiento de los nacionalismos, con mayores presupuestos en Defensa y miradas geopolíticas más de prevención que de integración. Desde lo ideológico, los que abominan del neoliberalismo noventista y piensan que todo lo hecho por entonces es "feo, sucio y malo" y susceptible de ser cambiado, señalan que los gobiernos de la región han girado al unísono hacia posturas más uniformes y poco amigables con los centros de poder y que entonces es un buen momento para trazar líneas más duras en relación a los habitantes de Malvinas, impulsando el aislamiento, aún a costa de que Londres otorgue la independencia.
También la economía hizo lo suyo en el cambio de punto de vista, ya que los permisos de pesca ahora se otorgan por 25 años y el petróleo ya no cuesta U$S 20 el barril sino 70, lo que torna más rentable el proceso de inversión en exploración y eventual explotación de yacimientos en el mar circundante.
El Presidente buscará convertir de ahora en más estos cambios en una política de Estado y son muchos los que están dispuestos a acompañarla, sobre todo desde el radicalismo.
En el margen, el Mundial dejó otra "perlita" y también a favor de Alemania, en la que Angela Merkel le sacó ventaja a Néstor Kirchner. La canciller democristiana logró imponer durante la semana, en plena euforia fútbol-cervecera, un aumento del IVA de 16 a 19 % y un incremento de la alícuota, de 42 a 45 %, para aquellos que ganen más de 250.000 euros al año. La continuidad del local le dará a Merkel todavía unos días más de tranquilidad.
En cambio, en la Argentina, y al calor del Mundial, muchos sugirieron sibilinamente que se colaron ante los ojos y los oídos de la opinión pública el ingreso del Estado como socio en los aeropuertos, las sueldos de sueldos para funcionarios y legisladores y la nula discusión de los acuerdos por el gas boliviano, aunque haya quedado en las gateras del Senado el controvertido método de aprobación de los Decretos de Necesidad y Urgencia.
El último intento parece haber sido el proyecto del Ejecutivo destinado a darle al Jefe de Gabinete una mayor dinámica y "flexibilidad" en la reasignación de partidas presupuestarias, las que él "considere necesarias" para la "optimización en el uso de los recursos públicos", dentro del monto anual aprobado por el Congreso. Su difusión ya puso a la oposición en guardia y esta misma semana empezarán a bombardear con preguntas a Alberto Fernández, cuando éste concurra el miércoles a brindar su informe ante los legisladores.
Los fundamentos del proyecto -que entró por la Cámara Alta, donde el Gobierno tiene una amplia mayoría- recuerdan que esta facultad ya le había sido concedida al PEN por razones de emergencia, una situación cada vez más difícil de sostener tras los espectaculares éxitos que marcan las estadísticas en media docena de ítems, algo que se le recordó al Presidente en España. Entonces, el Gobierno se jugó por doblar la apuesta y avanzar más: ahora, quiere establecer como regla una situación que era excepcional.

Situación delicada
Basado en que la Constitución de 1994 pone en cabeza del Jefe de Gabinete la recaudación y la ejecución presupuestaria. Lo delicado del caso pasa porque la Ley provocaría una descompensación adicional a la que ya tiene el sistema de poderes, lo que pone a la mayoría oficialista del Congreso una vez más en la triste situación de ser un simple levantamanos del Ejecutivo e inhabilita automáticamente la función de contralor que le confiere la misma Ley.
Por otro lado, nadie puede garantizar seriamente que los presidentes o jefes de gabinete que sucedan a la actual administración tengan hacia el futuro la suficiente idoneidad y honestidad, para que la situación no derive con el tiempo en desvíos indeseados de fondos presupuestarios.
Probablemente, quien más haya sentido la eliminación del Mundial es el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, quien no podrá ocultar bajo ningún suceso triunfalista la boutade de la "inflación cero" que se empeñó en alcanzar en junio y que será desbordada por un porcentaje superior al medio por ciento, un número que se conocerá en la semana. Su próxima meta es llegar a fin de año con menos de 10 %, aún a costa de no aceptar las revisiones ya pactadas con las empresas, por aumento de sus costos, lo que, junto al atraso de tarifas, le pone presión a la olla de los precios para 2007. Moreno deberá saber que si bien Pekerman se desgajó por no mantenerse fiel a sus principios, en materia de precios no es igual, ya que no se hace lo que se quiere, sino lo que se puede. (DyN)

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