Tucumán debe auxiliar a la Biblioteca Alberdi

Es hora de que el poder público, de alguna manera, implemente un salvataje global.

02 Julio 2006
La situación de la Biblioteca Alberdi es, por un lado, deprimente; y por el otro, francamente angustiosa. La depresión surge cuando se advierte en lo que se ha transformado aquello que fue uno de los centros culturales que enorgullecían a Tucumán. Sus libros se exhiben polvorientos, destartalados  y en desorden. Un alto porcentaje de ellos no existe, porque alguien se los llevó, o porque el tiempo terminó destrozándolos. De lo que queda, apenas algo más de la mitad está clasificado. La atención al público es deficitaria, y no puede ser de otra manera, ya que se cuenta con una persona a la mañana y otra a la tarde, mínimamente retribuidas. A comienzos de la década del 70, hubo un relativo auxilio oficial hacia la Alberdi, en forma de un convenio: el Estado pagaba los sueldos del personal, además del agua y el servicio eléctrico y, a cambio, el local aportaba sus instalaciones para el funcionamiento de la Biblioteca Provincial (que nunca se radicó en esa sede). El convenio se cumplió, en forma bastante accidentada, hasta 2001, cuando quedó sin efecto. Por su parte, la entidad trató de allegar recursos (a costa de la lamentable modificación de su fachada) alquilando espacios para teatro y para talleres culturales, instalando un café literario, un ciber, etcétera. Todo eso dejó luego de funcionar, clausurado por inobservancia de requisitos municipales. En la actualidad, la Biblioteca tiene una deuda acumulada de $ 47.000 por servicios. Se debate en una insuficiencia de recursos -que por cierto se reflejan poderosamente en la atención de su tarea específica de conservar y prestar libros- y ya va tocando extremos que hacen dudar, directamente, de la continuidad misma de su existencia.
En más de una ocasión, a lo largo de los años, hemos hecho notar el desamparo de las dos bibliotecas tradicionales de Tucumán: la Alberdi y la Sarmiento. Como sabemos, esta última fue beneficiada, hace poco, por un convenio con la UNT, que comentamos elogiosamente  y que sin duda representará la apertura de una nueva etapa. Pero con la Alberdi no parece existir una posibilidad similar, hasta el momento.
De acuerdo con las manifestaciones de directivos de la Biblioteca, el subsidio que les aportó la Municipalidad solamente sirvió para pagar deudas, y no todas, como lo revela el pasivo antedicho por servicios. No solamente carece de aportes del Estado provincial. Tampoco lo tienen de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, organismo federal teóricamente encargado de esta área.
Pensamos que es hora de que el poder público y, por qué no, las instituciones culturales y empresarias implementen, de alguna manera, un salvataje global para la Biblioteca Alberdi. Una entidad que posee un patrimonio de miles de volúmenes -en su mayoría, ediciones hace mucho tiempo agotadas-, aparte de una colección de diarios locales del siglo XIX, no puede terminar esfumándose a causa de la sofocación económica y ante la indiferencia general.
La comunidad de Tucumán, en un momento dado, fue capaz de mantener dos formidables bibliotecas públicas y convertirlas en verdaderos modelos del interior del país. Resulta inexplicable que en estos tiempos, en que teóricamente se asiste a una revaloración de los recursos culturales, no sea posible que la Alberdi siga funcionando sin apremios.
Debe terminar la situación de precariedad de la citada biblioteca, que a cada rato deben denunciar estas columnas. Existe un deber de nuestra sociedad de respaldar y engrandecer, como corresponde, una institución que mucho ha aportado para el enriquecimiento espiritual de varias generaciones de tucumanos, que se formaron en la consulta cotidiana de sus libros.

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