Los usuarios también perdieron el partido, pero por goleada

La velocidad con que funcionarios y ediles aprueban la suba del precio del cospel contrasta con la impotencia que tienen para encarar el problema del transporte. Por Roberto Delgado - Redacción LA GACETA.

01 Julio 2006
La debilidad estructural de la Municipalidad capitalina frente a los grandes problemas se mantiene inalterable desde la época de crisis, pese a que una pátina de progreso (iluminación y pavimento) parece extenderse por toda la capital tucumana. El intendente Domingo Amaya y los concejales oficialistas, convertidos en fieles ejecutores de las políticas que le interesan al gobernador José Alperovich, aprobaron el aumento del precio del cospel, en medio de la impotencia de los ediles opositores -incapaces de pergeñar ideas superadoras de la medianía de un Concejo Deliberante, que en este caso ha perdido su rol esencial de caja de los debates ciudadanos- y del enojo de los usuarios, que ayer protagonizaron lo más interesante de la jornada, un partido de fútbol alternativo en la calle, frente al recinto. Claro que en ese partido, casi paralelo con el de la Selección de fútbol en Alemania, la derrota de los usuarios fue catastrófica, por goleada y sin atisbos de dignidad como la que sufrieron los verdaderos futbolistas. Los ediles oficialistas incluso eligieron el día del partido para aprovechar, casi a las escondidas, la desatención ciudadana y sancionar la suba.
¿Por qué actúan así? Por presiones y por inquietud. Para los usuarios es una medida aberrante y se suma a todos los golpes que reciben en su calidad de últimos orejones del tarro. Para los empresarios es un alivio momentáneo y mínimo, que aceptan casi en silencio, porque saben que son mirados como los malos de la película. Pero tienen derecho a reclamar utilidades en su negocio. Lo que pasa es que en su relación con los ciudadanos aparecen como ventajistas y el servicio nunca mejora. Pero hay que decir que más ventajistas que ellos han sido los remises, que circularon como quisieron por toda la provincia, aprovechando que el Estado se desentendió y permitió la muerte del servicio de transporte de pasajeros en muchas zonas.
Ayer no sólo era llamativa la celeridad con que los que protestaban en la calle hacían goles a los que representaban a los usuarios, sino que más curioso era el apuro de la Municipalidad para que se apruebe el aumento, y el de los ediles, para que Amaya lo promulgue. Y así se hizo. Actitud sumisa derivada de la presión del mismo gobernador, que no se mostró interesado en analizar el problema del transporte y los dejó que se las arreglen solos, con la advertencia de que algún aumento habría que dar al precio del cospel.
Esta velocidad es la misma que tuvieron estos funcionarios y ediles, así como los del interior, al tratarse otros asuntos de interés de Alperovich, como la creación del Sutrappa y el cierre de boliches a las 4 de la mañana. Eso y normas que no generan problemas, porque no afectan intereses creados -como la Ley Antitabaco-, salen rápido.
Pero cuando hubo que tratar una política de transporte frente a la invasión de remises, los intendentes del interior jamás acordaron con la capital y permitieron el bombardeo de vehículos a la urbe. Es que los remiseros legales, ilegales y piratas siguen siendo una fuerza útil para manejos políticos y en los últimos años siempre fueron usados por funcionarios, legisladores e intendentes.
Del mismo modo, tampoco puede la Municipalidad solucionar el tema de los vendedores ambulantes. El caso más patético fue el de los libreros de la Casa Histórica, a los que no pueden desalojar porque en el Ministerio de Seguridad Ciudadana se niegan a brindar apoyo policial a los inspectores municipales. ¿Qué vínculos tienen los ambulantes con el área de Servicios a la Comunidad, que maneja Ricardo Díaz en el Ministerio? Nadie quiere hablar del tema con nombre y apellido.
Concejales y funcionarios no solucionaron nada. Parcharon el problema del cospel. Los usuarios volvieron a perder por goleada. Como antes. Como siempre.