El tucumano ya no es un comprador compulsivo; ahora es más racional

Las canastitas reemplazaron a los carritos. La crisis financiera y el desempleo dieron lugar a nuevos modelos de comportamiento. La consigna de hoy es "nada de gastos superfluos y nada de extras".

02 Septiembre 2002
La devaluación y el excesivo aumento de los precios de la canasta familiar repercutieron en la caída de las ventas en los supermercados. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) la baja en el consumo de los hiper y supermercados llegó al 27,7% en julio, respecto del mismo mes del año pasado.
Si bien en las empresas esto impactó notablemente, mucho más repercutió en el consumidor. Por eso, la crisis financiera y el desempleo dieron lugar a nuevos modelos de comportamiento de compra, sin distinción de clases sociales, signados por la menor disponibilidad de efectivo, la grave disminución del poder adquisitivo y la incertidumbre. "El consumidor de hoy ha cambiado sus hábitos y quizás todavía está en movimiento este proceso de adaptación o transformación en el acto de compra", aseguró la licenciada Andrea Desjardins de Zalazar Romero a LA GACETA.
La consultora de investigación de mercado realizó un estudio de la evaluación de hábitos y actitudes del consumidor en Tucumán, cuya última medición se efectuó del 5 al 15 de agosto pasado en capital y Gran San Miguel de Tucumán.
Según el informe, el consumidor debe ingeniárselas para hacer rendir sus ingresos al máximo, en un clima de angustia e incertidumbre. Es decir que ha pasado de ser un comprador impulsivo a ser un comprador inteligente, racional y reflexivo. "Sustituye productos y marcas de primera calidad y está en una constante búsqueda de precios y ofertas de menor costo", puntualizó la licenciada. "Estamos en presencia de un consumidor que va a reevaluar sus vínculos con el mercado estableciendo nuevos códigos", añadió.

Los ingresos
Otra característica del consumidor posdevaluación es que dejó de lado la compra del mes y la sustituyó por compras de alimentos en forma escalonada a lo largo del mes. "Esto tiene que ver con la manera en que ingresa el dinero en su hogar", aseguró Desjardins.
El consumidor se maneja con una nueva consigna; esta es: "nada de gasto superfluo y nada de extras".
El presidente de la Cámara de Supermercadistas de Tucumán, Guillermo Saccomani, avaló esta nueva postura. "Ahora la gente entra al súper a comprar solamente lo que necesita, y si un producto se ha terminado, al otro día recurre nuevamente a algún centro de compras", añadió. "Los tradicionales carritos de mercadería fueron dejados de lado; hoy sólo utilizan las canastas de mano", ejemplificó. Según el estudio, al primar la búsqueda de precios y ofertas, la gente tiende a volcarse a los grandes centros de consumo como los súper y los hipermercados incluso para realizar compras cotidianas.
La fidelidad a las marcas ya no está en juego, porque los precios se deben adaptar lo máximo posible al bolsillo del consumidor.
Así, las empresas realizan enormes esfuerzos para ofrecer precios no solamente competitivos en función de sus competidores, sino atendiendo las reales posibilidades económicas del cliente y de su magro presupuesto.
"Nuestra estrategia es adaptarnos a lo que exige el mercado, que es tratar de dar calidad pero fundamentalmente bajos precios", admitió el gerente regional de Disco, Alfredo Troncoso.
"Nosotros apuntamos a vender productos sueltos, o a granel y en envases más pequeños, a pedido del público", agregó Saccomani. Desjardins de Zalazar Romero, quien tiene el título de Magister en Estudios Avanzados sobre Sociología Aplicada, apuntó que otro claro ejemplo de modificación en el hábito de consumo es el resurgimiento en los barrios del Gran San Miguel de Tucumán de actividades comerciales que habían desaparecido; por ejemplo, la mercería, librería, el zapatero y los negocios de reparación de electrodomésticos, que antes eran reemplazados por nuevos.
Según la consultora AC Nielsen, el factor incertidumbre también influye en las decisiones del consumidor. Así retrasa las decisiones de compra, y no se endeuda; es mínima la erogación total por compra. Los rubros que más cayeron fueron limpieza del hogar, cosmética y tocador, seguidos de bebidas no alcohólicas y alimentos no básicos. Sólo aumentó la venta de los alimentos básicos, en casi un 50%.

Tiempos de inflación
Otro de los datos curiosos para quienes estudian los cambios en las pautas de consumo es que en períodos de inflación los comportamientos varían notablemente. "Una diferencia notable con el consumidor de la Argentina de 1989 es que buscaba desprenderse del dinero que tenía y compraba; acopiaba productos para evitar la pérdida del valor del salario. En cambio ahora, no hay efectivo; la desocupación es mayor, y los clientes no disponen de dinero para realizar la compra del mes", comparó Rodrigo García Escudero, de AC Nielsen.
La caída del consumo en supermercados indica que la supuesta mejora o indicadores de actividad económica que anuncia el Gobierno aún no impactó en la población que, mes a mes, ve erosionado su poder adquisitivo.

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