No sintonizan con la realidad

Los políticos no atienden los problemas.

01 Septiembre 2002
Envuelto en una crisis sin fin y sin estrategias para dominar a un corcel desbocado, el mirandismo hizo dar a los tucumanos otro paseo por el infierno. Fueron acontecimientos parecidos a los que se vivieron en los tramos finales de Domato, Ortega y Bussi. Y a Miranda le quedan, en principio, 14 meses de gobierno.
Sin educación, sin justicia, sin seguridad, con la mitad de los estatales sin cobrar sus sueldos, con sindicatos ofuscados, con Bocade que cada vez valen menos, con la sorpresa derivada de la renuncia de Raúl Topa y con aterradoras perspectivas financieras, Tucumán volvió a ser un territorio imprevisible, violento y angustiante.
La situación es dramática.
Primero: a nivel institucional, la provincia soporta un estremecedor deterioro. Parece que nada funciona y que impera la ley del más fuerte, con una clase política que avanza por un carril protegiendo sus propios intereses, mientras la sociedad circula por otro que va exactamente en sentido contrario.
Mientras los dirigentes cuidan sus virreinatos, en la peor crisis de la historia de Tucumán ocurren cosas como estas:
los salarios cayeron 25%.
155.000 tucumanos están desocupados.
otros 110.000 comprovincianos están subocupados.
existen 240.000 trabajadores en negro.
hay 850.000 pobres.
entre esos marginados, 363.000 son indigentes.
cerraron 1.300 negocios.
los niveles de consumo se desploman debido a los bajos salarios, a la caída de los ingresos y al "bonicidio" gubernamental.
los estatales cobran con un mes de atraso.
en cualquier zona de la ciudad, aun en pleno centro, ocurren asaltos a plena luz del día.
más de 250.000 alumnos perderán la mitad de los días de clases este año como consecuencia de los paros docentes.
el costo de la canasta familiar subió 57% en siete meses.
Segundo: las elecciones provinciales están muy lejos. Hasta junio del año próximo puede pasar cualquier cosa. "No sabemos cómo llegará Miranda o si llegará", comentan sus adláteres, que advierten crecientes síntomas de desestabilización y desgaste.
Tercero: las contradicciones de Duhalde lo alejan de la firma del acuerdo con el FMI, del que tienen que surgir soluciones para las provincias. Sólo el auxilio del FMI permitirá sacar de circulación los Bocade ($ 170 millones), pero esa jugada no se producirá en el corto plazo.
Si la solución para los Bocade y la llegada de la coparticipación se demora, Miranda tendrá que buscar salidas para evitar el colapso de la economía. Los bonos y la inflación están causando una masacre entre la gente de pocos recursos y las empresas.
Cuarto: crece la desconfianza dentro del equipo de Duhalde sobre los manejos de Miranda. "Es difícil que manden recursos a Tucumán si no saben a dónde van a parar", deslizan en Buenos Aires. Además, los millones de pesos o Lecop que nunca llegan apenas servirán para apagar un poco el incendio salarial, agravado ahora por el renovado peso financiero de la Municipalidad.
Quinto y final: se expande el aluvión de críticas contra la gestión de Miranda y los escandaletes, al punto que los empresarios temen por el efecto que tendrán, en los calientes meses veraniegos, el desgobierno, la recesión y la inseguridad. El mirandismo agotó sus ideas, sigue sin entender los dramas del sector privado y no aprovechó el "veranito" provocado por la devaluación y las buenas cosechas. Para varios funcionarios, el Plan B apunta a irse a la casa.

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