Fernanda y su familia vivían amenazadas

Mary Ahumada, la madre de la víctima, había denunciado, la semana pasada, que Lucas Carrizo -o González- intimidaba a la joven y a sus allegados.

PRUEBA. La Policía secuestró ayer una pistola ametralladora calibre 9 mm de la casa de una tía de González. Además, ya se incautó el auto. LA GACETA/ ENRIQUE GALINDEZ
PRUEBA. La Policía secuestró ayer una pistola ametralladora calibre 9 mm de la casa de una tía de González. Además, ya se incautó el auto. LA GACETA/ ENRIQUE GALINDEZ
31 Mayo 2006
Mary Ahumada, la madre de María Fernanda Chaila, la joven que fue asesinada brutalmente el lunes en las oficinas de un organismo público, temía que Lucas Carrizo o González, tal como ellos conocían al principal sospechoso de haberla matado de un tiro en la nuca, le hiciera algo a su hija. El tiempo le dio la razón.

La mujer se presentó la semana pasada ante el fiscal Guillermo Herrera y el secretario Carlos López para denunciar, tal como lo había hecho hace menos de un año, que González había reaparecido y que amenazaba a la joven y a su familia.

Ahumada fue atendida por el prosecretario Ramón Plaza quien le sugirió que realizara los trámites pertinentes para lograr una intervención telefónica en el aparato de su hija, diligencia que, según trascendió, debía completar el lunes por la tarde.

Horas antes, González llamó a María Fernanda para que bajara del primer piso de la Secretaría de Coordinación de Municipios y Comunas que funciona en el Predio Ferial Norte, donde ella trabajaba. Después de una breve discusión, el joven, de acuerdo con el informe de los médicos forenses, la golpeó con la culata de un arma calibre 9 mm y, cuando estaba tirada boca abajo en el descanso de la escalera, la ejecutó. La joven falleció minutos después en el hospital Padilla.

Este fue el epílogo de una tormentosa relación que nació a principios del año pasado y que terminó a mediados de mayo, cuando la joven se enteró de la doble vida que llevaba su novio. Descubrió la verdad cuando personal de la Dirección General de Investigaciones allanó su vivienda, buscando al sospechoso. Fue entonces cuando se enteró de que él no se llamaba Lucas Carrizo, sino Lucas González y de que estaba implicado en varios atracos.

María Fernanda decidió poner punto final a su relación y González la comenzó a perseguir para que volvieran a estar juntos. Como no encontró respuesta, comenzó a amenazarla. La joven, con el apoyo de su entorno, decidió denunciarlo. Pero cuando el acusado se enteró de esto, comenzó a intimidar a toda la familia. La joven, atormentada por la situación, prefirió no seguir con la causa pensando que así lograría que su ex pareja la dejara en paz. Además, por consejo de sus allegados, se fue a vivir a Buenos Aires durante unos meses.

El final
González, que era buscado por la Policía por ser sospecho de haber asaltado un banco, desapareció durante varios meses, por lo que María Fernanda decidió retornar a la provincia para tratar de rehacer su vida. Los familiares aseguran que la joven nunca más volvió a tener contacto con el supuesto homicida, aunque a los investigadores les llama la atención que María Fernanda haya decidido encontrarse con él en su puesto de trabajo y no descartan que, a escondidas, haya seguido viéndose con él.

Por la fuerza
Un tío de la joven asesinada que pidió que su nombre se mantuviera en reserva, aseguró que la semana pasada él volvió a Tucumán después de haber estado oculto en otra provincia. "En la calle interceptó a un amigo de María Fernanda y, después de amenazarla con un arma de fuego, consiguió el celular de mi sobrina", dijo. Según los investigadores, González regresó a la provincia para pedirle a la víctima que se fugara con él a Buenos Aires o a Córdoba, las provincias donde podría estar residiendo en los últimos tiempos. Pero como la joven se negó, terminó matándola.