Positivo rescate de la Sociedad Sarmiento

La UNT acude en auxilio de una institución a punto de desaparecer, y de ese modo rescata, para Tucumán, un inapreciable recurso cultural.

28 Mayo 2006
Como informamos, el rector de la Universidad Nacional de Tucumán y el presidente de la Sociedad Sarmiento suscribieron un convenio -que deberá ser aprobado por el Consejo Superior y por la asamblea de socios- para abrir una nueva etapa en la más que centenaria institución. La casa de estudios se encargará de restaurar el interior y el exterior del local de Congreso 65, y de recuperar su excelente biblioteca. Aportará un subsidio mensual y el sueldo de tres empleados.  La nueva propiedad del edificio se transfiere a la UNT, pero la sociedad tendrá perpetuamente el usufructo del lugar, en donde también podrán realizarse actos universitarios. La comisión directiva de la Sarmiento deberá estar compuesta, en adelante, por un 50% de personal de la UNT. La actitud de la Universidad debe considerarse altamente positiva. Acude en auxilio de una institución a punto de desaparecer, y de ese modo rescata, para Tucumán, un inapreciable recurso cultural, constituido por la biblioteca de más de 60.000 volúmenes y espaciosos salones de actos en pleno centro. A la vez, protege un local de alta significación dentro del patrimonio arquitectónico de la ciudad. El traspaso de la propiedad a la UNT favorece  a la Sarmiento, nos parece, ya que no afecta sus actividades propias y sí les otorga un respaldo y una seguridad material de la que carecían. La Sociedad Sarmiento es una de las instituciones venerables de Tucumán. Como se sabe, surgió en 1882 de la inquietud de un grupo de jóvenes, cuando no existía entre nosotros ninguna entidad dedicada a las actividades del espíritu. Domingo Faustino Sarmiento, en su visita a esta ciudad en 1886, presidió una de las sesiones y abrió, con un emotivo escrito, ese libro de firmas que es una de las reliquias que conserva la Sociedad. Cuando se fundó, faltaban más de tres décadas para que Tucumán contara con una casa de estudios superiores. Puede decirse que la Sarmiento fue, en ese período, nuestra Universidad. No sólo por su patrimonio bibliográfico impresionante, o por su condición  de tribuna de los personajes más destacados que nos visitaban, sino porque fue un centro de irradiación intelectual. Un organismo donde se debatían nuevas ideas y proyectos. En sus salones se creó la inolvidable “Revista de Letras y Ciencias Sociales”, y poco después se iniciaría allí el proceso que dio como resultado la creación de la Universidad.
Pertenece a nuestra historia cultural el hecho de que en la Sarmiento, al inaugurar los “Cursos libres” de 1906, el doctor Juan  B. Terán afirmó que la biblioteca de la sociedad, unidos a ella el Laboratorio de Bacteriología, el Museo proyectado y la Escuela de Bellas Artes, constituían “los elementos que han de federarse en la futura Universidad de Tucumán”. En 1909, Terán presentaría el proyecto respectivo, que se hizo ley en 1912 y realidad en 1914.
Después de esa hora alta, la Sarmiento continuó su fructífera existencia, con períodos tan interesantes como el que cobijó al Grupo “Septentrión” y la revista “Sustancia”, así como una sostenida programación de disertaciones. Pero, desde la segunda mitad del siglo XX aproximadamente, se inició un proceso de declinación. En él  jugaron muchos factores, entre ellos la falta de interés privado y estatal hacia las bibliotecas públicas, y las dificultades económicas para sostener un centro de esas dimensiones.
Por todos estos motivos, constituye un acto de indiscutible justicia que la alta casa de estudios enfoque su atención sobre la Sarmiento. “Es la madre de nuestra Universidad y, en su momento de mayor dificultad, su hija dilecta sale a salvarla”, dijo con acierto el rector Mario Marigliano. Es de esperar que el convenio se apruebe sin pérdida de tiempo, y que se ponga de inmediato en marcha.

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