La falsa hipótesis del crimen perfecto
La falta de capacitación y de medios atenta contra la resolución de casos complicados. Juan Manuel Montero - Redacción de LA GACETA - jmontero@lagaceta.com.ar
27 Mayo 2006 Seguir en 
No existe el crimen perfecto, sino la investigación imperfecta. Visto así, tal como lo indican todos los especialistas del mundo, el crimen de Paulina Lebbos va camino a la impunidad, a no ser que un golpe de suerte, que también es necesario, conduzca a su esclarecimiento.El jefe de Policía, Hugo Sánchez, afirmó que el caso marcó un antes y un después para la institución. Pero se está dejando pasar una oportunidad histórica. Ante casos tan publicitados como este, el público suele enfocar su atención en el fiscal que lleva adelante la causa o en los policías que están designados para desarrollar la investigación. Sin embargo, hay dos formas de esclarecer un homicidio. Que el autor confiese, o que las pruebas en su contra sean lo suficientemente concretas como para que los jueces no duden y, tal como lo dice la ley, beneficien al reo. Como obtener una confesión es la excepción a la regla, se habla de pericias todo el tiempo, pero poco se sabe de lo que sucede en un laboratorio. El avance de la ciencia es la llave para abrir los más enmarañados casos a los peritos. Expertos en balística, genética, medicina, ingeniería, antropología, grafología y química, sin cuya labor resultaría difícil extraer las evidencias o señalar a un culpable.
Testigos mudos
Tucumán no es la excepción, y tanto el laboratorio de la Policía Científica como el del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial son considerados esenciales para encarar cualquier caso. Son ellos los encargados de analizar los “testigos mudos” que, junto a las declaraciones, pueden servirle al fiscal para imputarle a una persona la comisión de un delito. El cuerpo médico forense cuenta, por ejemplo, con 10 psicólogas, pero ninguna de ellas es forense. Si bien han recibido equipamiento, la Policía Científica carece de material básico para llevar adelante su trabajo.
El informe que remitió Gendarmería Nacional sobre el caso Lebbos desnuda falencias técnicas en la investigación que, aunque se consideren críticas, deben tenerse en cuenta a la hora de avanzar.
Una vieja idea
¿No sería hora de pensar seriamente en una Policía Judicial, tal como tiene Córdoba y como ya lo pensaba Arturo Ponsati hace más de una década? Proyectos hay, y muchos. ¿No habría sido bueno que se consagrara la independencia del Ministerio Público Fiscal, como sucede en la Nación, dotándolo de su propio presupuesto? Cuando se abrió el proceso para reformar la Carta Magna, había varios puntos que incidían en el Poder Judicial: su autarquía, la Policía Judicial, la Carrera y Escuela Judicial, el Mecanismo de selección de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial, con la creación del Consejo Asesor de la Magistratura, el Jurado de Enjuiciamiento y la independencia del Ministerio Público. Pero lo único que le importó al gobernador José Alperovich fue la forma en la que podía acumular poder. Por eso, sus escribas avanzaron únicamente en la selección de magistrados y en la destitución de estos, poniéndolos a disposición del mandatario. Lo demás no fue ni debatido. No importaba. En sí, poco interesa la Justicia, sobre todo la parte penal. Pasaron casi seis meses desde que se sancionó por ley la creación del juez de ejecución de sentencia y todavía no se sabe quiénes serán. Su presencia, por ejemplo, habría evitado el enfrentamiento entre dos jueces de Cámara y un fiscal por la situación procesal de Mario “El Malevo” Ferreyra.
Disponer de investigadores preparados y decididos impedirá que haya crímenes perfectos. Así, la sensación de impunidad dará paso a la confianza en la Justicia. Tal vez en la próxima reforma de la Carta Magna se tenga esto en cuenta.
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