24 Mayo 2006 Seguir en 
El presidente de la Nación aclaró recientemente, a propósito de las elecciones de 2007, que su concepto de concertación no pasa necesariamente por los partidos, sino por representaciones informales o ajenas a ellos. “En la Argentina, por toda la destrucción institucional que hubo, tenemos que reconocer que los partidos - el que pertenezco yo, también- están en un proceso de crisis y tienen que mejorar su calidad”, manifestó el doctor Kirchner, para agregar que eso lleva tiempo y que, mientras tanto, hay dirigentes de diversas agrupaciones que pueden aportar consenso considerable. También expresó que pudo ser presidente del PJ “pero no lo fui, ni lo soy, ni lo seré”. Por más que el primer mandatario tenga razón cuando alude a la situación de las organizaciones políticas, sus afirmaciones son graves, en cuanto revelan marginalidad respecto del régimen de organizaciones intermedias del sistema representativo establecido por la Constitución. Igualmente, testimonian cierta despreocupación por la ausencia de una reforma política a la que se comprometió, antes y poco después de asumir la presidencia hace tres años. Inclusive, el ex ministro de Justicia, Gustavo Beliz, al anunciar un Plan Trienal de Seguridad, en abril de 2004, expresó que en dos meses el Poder Ejecutivo remitiría un proyecto de reforma al Congreso. Poco antes de ese anuncio, el titular del Interior, Aníbal Fernández, dispuso el análisis de esa reforma, creando una subsecretaría a cargo de Marta Oyhanarte. Sin embargo, ni aquel anuncio ni esa gestión desembocaron en acciones concretas que permitieran responder a una recurrente demanda planteada por entidades representativas del interés ciudadano. Se repetía así la reprobable circunstancia de que quienes desde la oposición reclamaban la modernización del sistema representativo y de partidos, olvidaban sus compromisos al llegar al poder. La consecuencia es ahora bastante más inquietante, pues la afirmación presidencial sugiere un método de cooptación en el espectro partidario, arguyendo la exigencia de representatividad que los partidos no podrían ofrecer. Pretender un proyecto reformador tan complejo a poco más de un año de un proceso electoral no sería razonable, ni tampoco puede serlo suponer que tal situación sea fruto de una distracción política. Una reforma de esa naturaleza exige, entre otros puntos, reafiliaciones en los partidos cuyos padrones son arcaicos, así como limitaciones para las gerontocracias perdurables en sus dirigencias. Más compleja es la reforma del sistema representativo, donde la lista sábana, entre otros anacronismos, ha provocado el descrédito del Poder Legislativo.
Esos comentarios del presidente Kirchner, de los que surge una virtual contrapropuesta del régimen constitucional, coincidieron con una explicación no menos inquietante sobre el relevo compulsivo de la titular de la Comisión de Agricultura de Diputados, María del Carmen Alarcón, por discrepar con la política de carnes. “Los presidentes de comisión tienen que reflejar las políticas que el Gobierno lleva adelante”, sostuvo el jefe del Gobierno, dejando con ello virtual testimonio de un menguado criterio presidencialista sobre la separación de poderes. Muestras de un poder desbordante que, a veces, es alentado por las urgencias y las carencias operativas de instituciones desactualizadas, la fe democrática del Presidente bien valiera un compromiso de anticipar fielmente una reafirmación del sistema constitucional. Especialmente tratando de no contrariar principios esenciales para la consolidación democrática que inspiraron la Organización Nacional y que hacen de las naciones más pujantes de la historia sociedades ejemplares de la realidad contemporánea.
Esos comentarios del presidente Kirchner, de los que surge una virtual contrapropuesta del régimen constitucional, coincidieron con una explicación no menos inquietante sobre el relevo compulsivo de la titular de la Comisión de Agricultura de Diputados, María del Carmen Alarcón, por discrepar con la política de carnes. “Los presidentes de comisión tienen que reflejar las políticas que el Gobierno lleva adelante”, sostuvo el jefe del Gobierno, dejando con ello virtual testimonio de un menguado criterio presidencialista sobre la separación de poderes. Muestras de un poder desbordante que, a veces, es alentado por las urgencias y las carencias operativas de instituciones desactualizadas, la fe democrática del Presidente bien valiera un compromiso de anticipar fielmente una reafirmación del sistema constitucional. Especialmente tratando de no contrariar principios esenciales para la consolidación democrática que inspiraron la Organización Nacional y que hacen de las naciones más pujantes de la historia sociedades ejemplares de la realidad contemporánea.
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