El límite horario para la diversión

23 Mayo 2006
Desde que empezó a regir la norma que impone el cierre de los boliches a las cuatro de la madrugada, se han producido incidentes callejeras sobre los cuales informamos en abundancia. Este fin de semana, tales turbulencias se reiteraron. Pocos minutos después de las cuatro, los jóvenes concentrados en la plaza Independencia libraron una suerte de batalla campal contra los policías. Si bien el número de manifestantes fue inferior al del fin de semana anterior, en esta ocasión se mostraron más belicosos. Arrastraron las vallas de contención; lanzaron objetos contundentes (botellas de cerveza, naranjas, piedras) contra los uniformados, incluyendo baldosas que arrancaban de los canteros y destrozaban para convertirlas en proyectiles. Rompieron la vidriera de un bar sobre calle Laprida, y terminaron detenidos siete jóvenes. De acuerdo con el informe oficial, la norma del límite se aplicó resueltamente. Se logró que, en este segundo fin de semana, se acatara el horario establecido, con la excepción de solamente dos locales, que fueron clausurados. Pero hubo 73 comercios que infringieron la norma de venta de alcohol, por lo que fueron también sancionados.
Evidentemente, no es sencillo lograr una rápida vigencia de la reglamentación que nos ocupa. Esto porque significa modificar costumbres arraigadas, y en la juventud, que exhibe siempre un espíritu rebelde frente a todo lo que signifique poner límites. Pero, al mismo tiempo, debe tenerse en cuenta que estas disposiciones llevan el propósito de instalar una razonable seguridad y ordenamiento, en el mundo de la diversión nocturna, cuyas características actuales son conocidamente inquietantes.
Se trata de una normativa que, como todas las de esa índole, podrá ser eventualmente adaptada o modificada en alguna de sus partes, de acuerdo con la experiencia. Pero, por el momento, rige, y debe ser acatada. No puede negarse que el espíritu que animó su sanción no es el de atacar a la juventud, ni de impedirle que se divierta, sino poner un marco a esas expansiones, para que de ellas no deriven daños morales ni físicos. Así, los planteos que puedan hacerse en su contra deben ir por canales que no sean los de la violencia y la agresión. Felizmente, de acuerdo con nuestra crónica, la mayoría de los manifestantes del fin de semana no estaban de acuerdo con el cariz que tomó la protesta, y se dispersaron. Esto indica que una parte significativa de la juventud es capaz de entender lo que está en juego.
Sería deseable, por cierto, que no se repitieran jornadas con incidentes. Hay que recordar, además, que la contención de quienes protestan obliga a concentrar una enorme cantidad de personal policial en la plaza Independencia. Y con ello se afecta seriamente la vigilancia en otros sectores de esta ciudad, que hace rato que ha superado el medio millón de habitantes y que presenta graves requerimientos de seguridad en toda su extensión.
Pensamos que debe llevarse a cabo, en la juventud, una reflexión sincera acerca de todo lo que decimos. Reflexión dentro de la cual, sin duda, los padres tienen una gran responsabilidad, que debe ser llenada a conciencia. A ellos atañe preocuparse por la actividad nocturna de sus hijos, y hacerlos tomar conciencia acerca de los nuevos marcos legales que tiene la diversión, y que deben ser respetados. También tienen que colaborar el comercio, absteniéndose de vender bebidas alcohólicas, y las instituciones, como los clubes, que se las arreglan para sortear la disposición del horario. Son actitudes negativas, ya que operan en contra de pautas instituidas con el propósito cierto de preservar de peligros diversos a la juventud.








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