El conocimiento, entre la ley y la realidad
Aunque el gobierno nacional quiere reformar la actual norma educativa, hay elementos culturales que no cambian por decreto. La verticalidad docente y otros males. Por Nora Lía Jabif, njabif@lagaceta.com.ar Redacción LA GACETA.
23 Mayo 2006 Seguir en 
El ministro de Educación, Daniel Filmus, quiere modificar la Ley Federal de Educación, que, desde su sanción, en 1993, sólo ha sumado polémica. La propuesta lanzada ayer por Filmus y por el presidente Néstor Kirchner ante gobernadores y responsables educativos provinciales fija los trece años de educación obligatoria, punto que acaba de ser incorporado también en la reformada Constitución tucumana. El inicio del debate estimula, sin embargo, a preguntarse si basta con una buena ley de educación para tener un pueblo educado, o si esa ambición exige, en cambio, la articulación de diversas políticas de Estado.Sumada a la escolaridad obligatoria hasta el fin del secundario, Filmus dice que la nueva norma debe garantizar homogeneidad de aprendizajes, a través de una armonización de contenidos en todos los distritos de la Argentina. Una intención ambiciosa, en un país que de federal tiene poco.¿Podrá una ley revertir una tendencia histórica -la del centralismo- que sobrepasa la cuestión educativa? ¿Podrá una ley establecer que la igualdad de contenidos derivará en igualdad de oportunidades entre -digamos- un chico urbano porteño y un alumno rural de Anca Juli?
Expertos como Juan José Llach proponen controles que garanticen el cumplimiento de las normas educativas. Una propuesta oportuna. Veamos: ¿qué impacto tuvieron los múltiples programas nacionales financiados en los años 90 por organismos multilaterales, y "bajados" a las provincias? Casi nulo,a juzgar por los resultados educativos de la Argentina 2006.
En Tucumán, al margen de la Prueba Nacional de Calidad Educativa, en la que la Provincia alcanza un rendimiento promedio, hay evaluaciones zonales periódicas, con énfasis en la EGB1 y EGB2. En esos niveles, las mayores dificultades se registran en geometría y en resolución de problemas. Sobre el primer punto, vale aventurar que se necesita reforzar la capacitación docente, así como la dedicación, cuestión esta última que Susana Montaldo se ha encargado de destacar. En cuanto a la dificultad para resolver problemas, refleja cuánto les cuesta a los jóvenes comprender qué es lo que se les está pidiendo que interpreten. No es casual que un punto débil en los tests de calidad educativa sea la comprensión de textos.
Las pruebas realizadas en Tucumán en el área de Lenguas muestran un bajo rendimiento en la producción textual, con algunos indicadores a tener en cuenta: en general, se encuentra más creatividad entre los chicos de tercer grado (7 u 8 años de edad) que en los que cursan sexto año (11, 12 años). Ese dato, que en teoría destruye las mejores hipótesis sobre la evolución y el desarrollo educativo, lleva a sospechar que el sistema escolar, lejos de fomentar la creatividad, se encarga de adormecerla. ¿Podrá una ley revertir una tendencia vieja como las capas geológicas, donde lo que habría que discutir no son sólo los contenidos, sino una tradición docente verticalista y autoritaria que lleva años, y que premia la repetición de conceptos ?
Cuando Llach habla de controles, no sólo alude al control institucional, sino al interés que debería generar esa norma entre los docentes, los padres y los jóvenes. Jóvenes que en teoría son los grandes "incluidos" en la nueva propuesta, porque el Estado les garantizaría el título secundario. Vale repetir si una ley puede cambiar realidades: ¿podrá una nueva ley educativa revertir la "foto" de cientos de jóvenes apedreando vidrieras y provocando disturbios en la plaza Independencia porque les cierran el boliche a las 4 de la mañana?
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