20 Mayo 2006 Seguir en 
"Sin la ayuda de Dios, nada hubiera sido posible". Esta fue la conclusión del emergencista y cirujano Edgardo Leiva, quien le hizo la cesárea a Paula (foto), de 17 años, que estaba embarazada de ocho meses y que sin querer se hirió mortalmente con un arma de fuego de 9 mm. El hecho ocurrió el jueves, cerca de las 19, en Alfredo Palacios 285, del barrio El Parque. La joven había ido a visitar a su tía Gloria Frías, y mientras estaba conversando con ella empezó a manipular el arma de su primo y agente de policía José Manuel Frías, quien se estaba bañando, cuando se escapó el fatal disparo que impactó en la cabeza de la joven, por lo que murió al instante, según contó Leiva a LA GACETA
"Cuando nos dieron la orden en código rojo, salimos con sirena y en siete minutos llegamos al lugar de la tragedia", narró el médico. Dijo que la joven yacía sin vida y de costado en el piso, que ya estaba la policía y que al instante llegó la ambulancia del Emergencias del Siprosa. "Al revisarle abdomen escuché unos leves latidos, y decidimos mover el cuerpo. Uno de los paramédicos gritó: ?¡Mirá, se se mueve, se mueve!. De un solo corte abrí el abdomen y luego el útero. ¡El bebé estaba vivo! Fue prácticamente un milagro. Con la ayuda del chofer y enfermero de Ecco, Juan Lencina, y del paramédico del Siprosa Walter Oviedo, partimos en una sola ambulancia. Oviedo sostenía al niño y le daba oxígeno, y yo le realizaba masajes cardíacos. A los seis minutos y 40 segundos llegamos al Senyp, donde el bebé evoluciona bien y sin respirador artificial. Al salir, una multitud nos recibió con aplausos. No aguanté y aflojé... Tengo dos hijos y otro viene en camino", dijo.
Anoche, en el velatorio de Paula, grandes y chicos lloraban a cara descubierta. "Ella quería a su hijito; quería ser mamá; por eso Dios salvó a su bebé", repetía a coro un grupo de amigas de la víctima, junto al féretro.
"Cuando nos dieron la orden en código rojo, salimos con sirena y en siete minutos llegamos al lugar de la tragedia", narró el médico. Dijo que la joven yacía sin vida y de costado en el piso, que ya estaba la policía y que al instante llegó la ambulancia del Emergencias del Siprosa. "Al revisarle abdomen escuché unos leves latidos, y decidimos mover el cuerpo. Uno de los paramédicos gritó: ?¡Mirá, se se mueve, se mueve!. De un solo corte abrí el abdomen y luego el útero. ¡El bebé estaba vivo! Fue prácticamente un milagro. Con la ayuda del chofer y enfermero de Ecco, Juan Lencina, y del paramédico del Siprosa Walter Oviedo, partimos en una sola ambulancia. Oviedo sostenía al niño y le daba oxígeno, y yo le realizaba masajes cardíacos. A los seis minutos y 40 segundos llegamos al Senyp, donde el bebé evoluciona bien y sin respirador artificial. Al salir, una multitud nos recibió con aplausos. No aguanté y aflojé... Tengo dos hijos y otro viene en camino", dijo.
Anoche, en el velatorio de Paula, grandes y chicos lloraban a cara descubierta. "Ella quería a su hijito; quería ser mamá; por eso Dios salvó a su bebé", repetía a coro un grupo de amigas de la víctima, junto al féretro.







