08 Mayo 2006 Seguir en 
Fueron 20 minutos interminables para las más de 120 personas que almorzaban ayer, a las 14.30, en el restaurante Las Carreras, de Monteagudo al 700. En ese lapso, cuatro sujetos, portando armas de fuego y actuando a cara descubierta, los obligaron a dejar en las mesas sus pertenencias y a amontonarse en el fondo o tirarse en el piso de la cocina, y se llevaron todo, incluido el dinero que había en la caja. “Esta es la tercera vez que asaltan este local, pero la primera que lo hacen estando el salón lleno de clientes y juro que no va a volver a pasar; voy a seguir el caso hasta las últimas consecuencias, porque no hay derecho a que la gente no pueda salir un domingo a comer en familia. Aquí había niños, personas mayores, que no sólo fueron despojados sino dañados psicológicamente”, sostuvo, indignada, Dolores Wilk, encargada del restaurante.
La mujer se resistió hasta último momento a hacer la denuncia, porque cuando ocurrieron los anteriores atracos -explicó- no obtuvo respuesta positiva de parte de la Policía. Además, porque algunas circunstancias le generan dudas respecto de quiénes pueden ser los ladrones.
“Esta gente (por los asaltantes) demostró tener una gran experiencia en estos hechos. No perdieron la calma en ningún momento, pese a los llantos de los niños y los gritos de las personas que sufrieron ataques de nervios. No les importó ver a las personas mayores que no podían caminar y los llevaron hasta el fondo e hicieron su trabajo con toda tranquilidad”, relató Wilk.
Sospechas
Esta situación, sumada a que muchos testigos dijeron que los hombres llevaban pistolas de 9 mm (reglamentarias de la Policía), a que los policías tardaron demasiado en llegar, a que alguien escuchó que se habló de zona liberada; a que no pasó por el lugar ningún agente de la patrulla urbana, lleva a Wilk a pensar que hay complicidades sospechosas. “En esta provincia no hay seguridad y hay mucha corrupción; por eso voy a investigar este asalto hasta llegar a los responsables”, afirmó.
Con la misma firmeza, Wilk le habló al comisario Pedro Lazarte, quien la convenció para que permitiera que la Brigada de Investigaciones iniciara la instrucción del hecho. De esa manera, se podrá pasar la investigación a la fiscalía de turno.
De risas a lágrimas
Varias víctimas del asalto ocurrido en el restaurante se comunicaron con LA GACETA para contar el hecho y sus testimonios fueron coincidentes. Sin embargo, la única que se atrevió a dar su nombre fue Blanca de Turri, de 76 años, que vino con su marido de Buenos Aires a visitar a su hijo. “Habíamos ido a comer con mi hijo, mi nuera, mi nieta y su novio. Pero lo que iba a ser un hermoso almuerzo familiar se convirtió en tragedia. Me robaron hasta los anteojos, así que no puedo ni leer. Es más, yo llevaba un bolso grande, que uso siempre para los viajes, y ese bolso usaron estos delincuentes para cargar lo que se llevaron”, contó horrorizada.
Wilk no pudo hacer una estimación del valor económico de lo robado, pero los testigos coincidieron en que los ladrones se llevaron celulares, billeteras, joyas, estéreos, y el dinero que había en la caja.
Un cliente oyó que uno de los ladrones, al entrar al local y tras hablar por celular, dijo: “liberada la Monteagudo al 700”, según Wilk.
Según testigos, un mozo llamó a la Policía. Sólo a los 40 minutos llegaron dos agentes en moto, que se fueron a perseguir a los ladrones.
Aseguran que los sujetos actuaron con una sorprendente tranquilidad, pese al clima de pánico reinante. No mostraron temores ni dudas.
La mujer se resistió hasta último momento a hacer la denuncia, porque cuando ocurrieron los anteriores atracos -explicó- no obtuvo respuesta positiva de parte de la Policía. Además, porque algunas circunstancias le generan dudas respecto de quiénes pueden ser los ladrones.
“Esta gente (por los asaltantes) demostró tener una gran experiencia en estos hechos. No perdieron la calma en ningún momento, pese a los llantos de los niños y los gritos de las personas que sufrieron ataques de nervios. No les importó ver a las personas mayores que no podían caminar y los llevaron hasta el fondo e hicieron su trabajo con toda tranquilidad”, relató Wilk.
Sospechas
Esta situación, sumada a que muchos testigos dijeron que los hombres llevaban pistolas de 9 mm (reglamentarias de la Policía), a que los policías tardaron demasiado en llegar, a que alguien escuchó que se habló de zona liberada; a que no pasó por el lugar ningún agente de la patrulla urbana, lleva a Wilk a pensar que hay complicidades sospechosas. “En esta provincia no hay seguridad y hay mucha corrupción; por eso voy a investigar este asalto hasta llegar a los responsables”, afirmó.
Con la misma firmeza, Wilk le habló al comisario Pedro Lazarte, quien la convenció para que permitiera que la Brigada de Investigaciones iniciara la instrucción del hecho. De esa manera, se podrá pasar la investigación a la fiscalía de turno.
De risas a lágrimas
Varias víctimas del asalto ocurrido en el restaurante se comunicaron con LA GACETA para contar el hecho y sus testimonios fueron coincidentes. Sin embargo, la única que se atrevió a dar su nombre fue Blanca de Turri, de 76 años, que vino con su marido de Buenos Aires a visitar a su hijo. “Habíamos ido a comer con mi hijo, mi nuera, mi nieta y su novio. Pero lo que iba a ser un hermoso almuerzo familiar se convirtió en tragedia. Me robaron hasta los anteojos, así que no puedo ni leer. Es más, yo llevaba un bolso grande, que uso siempre para los viajes, y ese bolso usaron estos delincuentes para cargar lo que se llevaron”, contó horrorizada.
Wilk no pudo hacer una estimación del valor económico de lo robado, pero los testigos coincidieron en que los ladrones se llevaron celulares, billeteras, joyas, estéreos, y el dinero que había en la caja.
HECHOS LLAMATIVOS
Un cliente oyó que uno de los ladrones, al entrar al local y tras hablar por celular, dijo: “liberada la Monteagudo al 700”, según Wilk.
Según testigos, un mozo llamó a la Policía. Sólo a los 40 minutos llegaron dos agentes en moto, que se fueron a perseguir a los ladrones.
Aseguran que los sujetos actuaron con una sorprendente tranquilidad, pese al clima de pánico reinante. No mostraron temores ni dudas.
NOTICIAS RELACIONADAS








