29 Abril 2006 Seguir en 
Pensó lo peor. No tuvo el valor de ir al hospital de Niños porque intuyó que su hija de un año y nueve meses había muerto bajo las ruedas del auto que estaba estacionado en la puerta de su casa y que se deslizó hacia la calle por accidente. Pero ahora, cuando Mabel Toro mira a su pequeña, viva y radiante, sostiene que no en vano eligió llamarla Milagros cuando nació.
La travesura que protagonizó Antonella Milagros Medina con su hermano Lucas, de 3 años, podría haber terminado en una tragedia, según sus familiares. El que relata la historia, Daniel Medina, el padre de los niños, alterna risas con lágrimas. "Soy remisero; después de trabajar, el domingo a las 14, volví comer a mi casa y dejé estacionado el auto en la vereda", contó el hombre, que vive en una humilde vivienda, en la calle Lincoln 1.043.
Minutos después, Milagros subió en el asiento delantero del VW Senda, justo frente al volante. "Lucas también se trepó al vehículo y cuando quiso pasar hacia el asiento trasero, pisó el freno de mano y el auto se escapó", relató Medina. En ese momento, el hijo más grande del hombre, Nicolás, de 10 años, vio por la ventana lo que sucedía y le avisó a Daniel. "Mientras el auto retrocedía a toda velocidad, la bebé abrió la puerta, que estaba arrimada, y se tiró al medio de la calle. Cayó justo debajo del auto, que le pasó por encima con la rueda delantera", comentó.
El barrio entero se conmocionó. La vereda donde estaba el remise está medio metro más arriba que la calle. "El auto bajó muy fuerte hacia la calle y le pasó por encima de la panza a la nena. Pensamos que se había muerto", relató Silvia, tía de la niña. Los vecinos comentaron que quizá el hecho de que la vereda estaba alta, cuando el auto se deslizó todo el peso cayó sobre las ruedas traseras y no sobre las delanteras, una de las cuales aplastó a la niña.
La bebé se desvaneció por el golpe. Su padre la alzó y la llevó al hospital de Niños, donde la internaron en terapia intensiva. Pero a las pocas horas, mientras los familiares de Milagros lloraban desconsolados en la casa, la niña se despertó, como si en realidad hubiera dormido una siesta, y comenzó a jugar. "Ni los médicos, que le habían puesto un respirador, lo podían creer. No la querían sacar de terapia intensiva por miedo a que pasara algo, pero no tuvieron alternativa porque la nena causaba molestias. Yo decía: ?no puede ser real?. Tenía un sentimiento de culpa, de desesperación. Pero ella estaba muy bien. No tiene ni una marca en el cuerpo", relató Medina.
Preocupación y sorpresa
"Una desgracia con suerte". Así definió el caso el subdirector del hospital, Oscar Hilal. "La vimos varios días a la niña. El caso nos trajo muchas dudas porque no tenía nada. La tuvimos en observación y en terapia pensando que podía salir algún efecto tardío. Un accidente así puede provocar traumatismos torácicos muy severos, pero a veces el tórax de los chicos suele ser flácido. Me preocupé y me sorprendí mucho. Ya fue dada de alta", contó.
"En las tomografías y radiografías que le realizaron a Milagros sólo aparece una pequeña quebradura de clavícula derecha y una minúscula contusión pulmonar. Hay que hacerle algunos estudios. Pero es increíble. Podría haber sido una desgracia. La he tocado varias veces para ver si no es un sueño", contó la madre. Mientras tanto, la nena aplaudía y cantaba al mirar las palomas por la ventana del hospital.
La travesura que protagonizó Antonella Milagros Medina con su hermano Lucas, de 3 años, podría haber terminado en una tragedia, según sus familiares. El que relata la historia, Daniel Medina, el padre de los niños, alterna risas con lágrimas. "Soy remisero; después de trabajar, el domingo a las 14, volví comer a mi casa y dejé estacionado el auto en la vereda", contó el hombre, que vive en una humilde vivienda, en la calle Lincoln 1.043.
Minutos después, Milagros subió en el asiento delantero del VW Senda, justo frente al volante. "Lucas también se trepó al vehículo y cuando quiso pasar hacia el asiento trasero, pisó el freno de mano y el auto se escapó", relató Medina. En ese momento, el hijo más grande del hombre, Nicolás, de 10 años, vio por la ventana lo que sucedía y le avisó a Daniel. "Mientras el auto retrocedía a toda velocidad, la bebé abrió la puerta, que estaba arrimada, y se tiró al medio de la calle. Cayó justo debajo del auto, que le pasó por encima con la rueda delantera", comentó.
El barrio entero se conmocionó. La vereda donde estaba el remise está medio metro más arriba que la calle. "El auto bajó muy fuerte hacia la calle y le pasó por encima de la panza a la nena. Pensamos que se había muerto", relató Silvia, tía de la niña. Los vecinos comentaron que quizá el hecho de que la vereda estaba alta, cuando el auto se deslizó todo el peso cayó sobre las ruedas traseras y no sobre las delanteras, una de las cuales aplastó a la niña.
La bebé se desvaneció por el golpe. Su padre la alzó y la llevó al hospital de Niños, donde la internaron en terapia intensiva. Pero a las pocas horas, mientras los familiares de Milagros lloraban desconsolados en la casa, la niña se despertó, como si en realidad hubiera dormido una siesta, y comenzó a jugar. "Ni los médicos, que le habían puesto un respirador, lo podían creer. No la querían sacar de terapia intensiva por miedo a que pasara algo, pero no tuvieron alternativa porque la nena causaba molestias. Yo decía: ?no puede ser real?. Tenía un sentimiento de culpa, de desesperación. Pero ella estaba muy bien. No tiene ni una marca en el cuerpo", relató Medina.
Preocupación y sorpresa
"Una desgracia con suerte". Así definió el caso el subdirector del hospital, Oscar Hilal. "La vimos varios días a la niña. El caso nos trajo muchas dudas porque no tenía nada. La tuvimos en observación y en terapia pensando que podía salir algún efecto tardío. Un accidente así puede provocar traumatismos torácicos muy severos, pero a veces el tórax de los chicos suele ser flácido. Me preocupé y me sorprendí mucho. Ya fue dada de alta", contó.
"En las tomografías y radiografías que le realizaron a Milagros sólo aparece una pequeña quebradura de clavícula derecha y una minúscula contusión pulmonar. Hay que hacerle algunos estudios. Pero es increíble. Podría haber sido una desgracia. La he tocado varias veces para ver si no es un sueño", contó la madre. Mientras tanto, la nena aplaudía y cantaba al mirar las palomas por la ventana del hospital.







