11 Abril 2006 Seguir en 
La imagen era desgarradora. Los vecinos estaban conmocionados. Muchos se abrazaban y lloraban mientras los bomberos trabajaban para rescatar los cuerpos de las infortunadas jóvenes. Prácticamente las habían visto crecer y ninguno de ellos entendía cómo ahora estaban sepultadas debajo de una pared. La tragedia ocurrió en calle Lavalle al 1.900, en el corazón de La Ciudadela.
Ayer, a las 11.45, Verónica Monzón, domiciliada en pasaje Saravia 1.813, y su amiga Silvina Martínez, quien vivía en calle Pellegrini 671, ambas de 21 años, regresaban a sus domicilios tras haber comprado pan. Tuvieron que detener sus pasos en el local de Giacosa Hermanos porque salía un camión Fiat Iveco, patente BXH-762, con remolque, que era conducido por José María Muñoz. El vehículo estaba cargado con 30 toneladas de chapas.
El chofer, con la parte posterior del acoplado, al salir impactó la mocheta del portón y generó el derrumbe de la pared de la fachada. La mampostería, con un estrépito espantoso, cayó pesadamente sobre las jóvenes, que no pudieron escapar. “Sentí una explosión y, cuando salí, vi que se levantaba la polvareda y que el chofer del camión gritaba. No me di cuenta de lo que había pasado hasta que otro vecino comenzó a gritar que habían quedado dos chicas abajo”, relató Marcos Galarza, que vive en la zona.
Los vecinos, a pesar de sus esfuerzos, no pudieron rescatar a las víctimas de los escombros, por lo que llamaron a los bomberos. Cuando estos arribaron, tuvieron que romper en varios pedazos el muro hasta que hallaron a las infortunadas jóvenes ya sin vida. El trabajo de los socorristas fue contra reloj, ya que se pensaba que podían sobrevivir, pero nada se pudo hacer para salvarlas.
El reconocimiento
Personal de la seccional 3a, al mando del comisario Juan José Gómez, llegó al lugar y comenzó a averiguar la identidad de las fallecidas. En un principio, se pensó que se trataba de dos estudiantes universitarias que vivían en la zona.
Cuando se pudo determinar los nombres, se descubrió que en realidad una de ellas, Martínez, vivía a menos de 50 metros del lugar de la tragedia.
Un pariente tuvo la ingrata tarea de reconocer a Verónica y luego a Silvina. Desde ese momento, el dolor se apoderó de toda la cuadra, ya que las jóvenes eran muy conocidas. “La madre le pidió a Verónica que fuera a comprar el pan y, como en esos momentos estaba con Silvina, fueron las dos juntas. Como amigas, eran inseparables. Es una historia horrible”, comentó María del Carmen Medina.
Ayer, a las 11.45, Verónica Monzón, domiciliada en pasaje Saravia 1.813, y su amiga Silvina Martínez, quien vivía en calle Pellegrini 671, ambas de 21 años, regresaban a sus domicilios tras haber comprado pan. Tuvieron que detener sus pasos en el local de Giacosa Hermanos porque salía un camión Fiat Iveco, patente BXH-762, con remolque, que era conducido por José María Muñoz. El vehículo estaba cargado con 30 toneladas de chapas.
El chofer, con la parte posterior del acoplado, al salir impactó la mocheta del portón y generó el derrumbe de la pared de la fachada. La mampostería, con un estrépito espantoso, cayó pesadamente sobre las jóvenes, que no pudieron escapar. “Sentí una explosión y, cuando salí, vi que se levantaba la polvareda y que el chofer del camión gritaba. No me di cuenta de lo que había pasado hasta que otro vecino comenzó a gritar que habían quedado dos chicas abajo”, relató Marcos Galarza, que vive en la zona.
Los vecinos, a pesar de sus esfuerzos, no pudieron rescatar a las víctimas de los escombros, por lo que llamaron a los bomberos. Cuando estos arribaron, tuvieron que romper en varios pedazos el muro hasta que hallaron a las infortunadas jóvenes ya sin vida. El trabajo de los socorristas fue contra reloj, ya que se pensaba que podían sobrevivir, pero nada se pudo hacer para salvarlas.
El reconocimiento
Personal de la seccional 3a, al mando del comisario Juan José Gómez, llegó al lugar y comenzó a averiguar la identidad de las fallecidas. En un principio, se pensó que se trataba de dos estudiantes universitarias que vivían en la zona.
Cuando se pudo determinar los nombres, se descubrió que en realidad una de ellas, Martínez, vivía a menos de 50 metros del lugar de la tragedia.
Un pariente tuvo la ingrata tarea de reconocer a Verónica y luego a Silvina. Desde ese momento, el dolor se apoderó de toda la cuadra, ya que las jóvenes eran muy conocidas. “La madre le pidió a Verónica que fuera a comprar el pan y, como en esos momentos estaba con Silvina, fueron las dos juntas. Como amigas, eran inseparables. Es una historia horrible”, comentó María del Carmen Medina.









