07 Abril 2006 Seguir en 
Sergio y Marcelo Goitea, los hermanos que el 11 de marzo encontraron el cuerpo de Paulina Lebbos en un zanjón ubicado a la vera de la ruta 341, en Tapia, declararon ayer por primera vez en Tribunales y dijeron que la Policía los amenazó para que dieran una versión distinta a la que ellos vivieron.
Ambos fueron testigos claves durante la pericia que personal especializado de Gendarmería Nacional realizó el miércoles, ya que fueron los primeros que vieron el cadáver. Después de sus dichos fueron llamados a Tribunales y ayer, ante el fiscal Alejandro Noguera contaron lo que les sucedió. Ambos coincidieron en que el hallazgo se produjo cuando circulaban a la vera de la ruta. Dijeron que ambos se bajaron de los animales y vieron el cuerpo mutilado de la joven. Advirtieron que se dieron cuenta de que podía ser el de Paulina porque estaban enterados por LA GACETA de que la joven estaba desaparecida, y que entonces decidieron dar aviso a un conocido suyo, ex policía. Pero aseguran que lo que más les llamó la atención fue el hecho de que, cuando los policías los llevaban a la comisaría, algunos de ellos les advirtieron que debían cambiar su declaración, y que debían afirmar que no habían visto el cuerpo, sino que sólo habían sentido mal olor. "Estábamos amenazados, y recién ahora nos sentimos bien por poder contar lo que realmente pasó", dijeron. Los hermanos Goitea relataron que la joven tenía un reloj en la muñeca, que brillaba por el sol. Este testimonio toma fuerza debido a que desde la Justicia se está poniendo el acento en la investigación, en la cual podría haber algunas irregularidades. Hoy seguirán declarando algunos lugareños, que podrían reafirmar los dichos de los hermanos Goitea. Ninguno de ellos, de acuerdo con versiones cercanas a la investigación, coincidieron respecto de la posición en la que se hallaba el cuerpo, lo que genera algunos inconvenientes a la hora de analizar el caso. Pero esto, al mismo tiempo, fue relativizado por los investigadores ya que las diferencias no son sustanciales, y atendiendo el paso del tiempo, sospechan que, en realidad, se trata sólo de una cuestión de memoria.
Después de que cobró fuerza la hipótesis de que Lebbos fue víctima de un crimen pasional, la familia de la joven asesinada, mediante un escrito, solicitó al fiscal Alejandro Noguera que César Soto, quien fue novio de la joven y con quien tuvo una hija, sea citado nuevamente a declarar.
Más de 100 preguntas
El padre de Paulina, Alberto Lebbos, habría presentado una nota con al menos 100 preguntas que le interesan que el novio de Paulina conteste. La querella pretende que, además de Noguera y de la secretaria María Verónica López Cisneros, también esté presente la psicóloga forense de Gendarmería. "Sabemos que él ya habló con la profesional, pero no veo ningún tipo de inconvenientes en que lo haga de nuevo", indicó Emilio Mrad, abogado que representa a la familia de la víctima.
Lebbos siempre pidió a los investigadores que pusieran particular énfasis en el joven y en su entorno. Según él, Soto siempre fue uno de los principales sospechosos del crimen.
La intensa lluvia de ayer por la mañana, impidió que los peritos de Gendarmería continuaran realizando un rastrillaje por la zona de Tapia.
El miércoles, los especialistas se quedaron hasta la 0 hora recolectando más elementos que serían de gran importancia para el esclarecimiento de la causa. Además de pedazos de ropa que usó Paulina la noche que desapareció, hallaron pelos y restos de un teléfono. Los peritos realizaron un inventario detallado sobre los elementos que se llevarán a Buenos Aires para ser analizados. Los resultados de los estudios, según trascendió, estarían listos dentro de unos 10 días aproximadamente.
Ambos fueron testigos claves durante la pericia que personal especializado de Gendarmería Nacional realizó el miércoles, ya que fueron los primeros que vieron el cadáver. Después de sus dichos fueron llamados a Tribunales y ayer, ante el fiscal Alejandro Noguera contaron lo que les sucedió. Ambos coincidieron en que el hallazgo se produjo cuando circulaban a la vera de la ruta. Dijeron que ambos se bajaron de los animales y vieron el cuerpo mutilado de la joven. Advirtieron que se dieron cuenta de que podía ser el de Paulina porque estaban enterados por LA GACETA de que la joven estaba desaparecida, y que entonces decidieron dar aviso a un conocido suyo, ex policía. Pero aseguran que lo que más les llamó la atención fue el hecho de que, cuando los policías los llevaban a la comisaría, algunos de ellos les advirtieron que debían cambiar su declaración, y que debían afirmar que no habían visto el cuerpo, sino que sólo habían sentido mal olor. "Estábamos amenazados, y recién ahora nos sentimos bien por poder contar lo que realmente pasó", dijeron. Los hermanos Goitea relataron que la joven tenía un reloj en la muñeca, que brillaba por el sol. Este testimonio toma fuerza debido a que desde la Justicia se está poniendo el acento en la investigación, en la cual podría haber algunas irregularidades. Hoy seguirán declarando algunos lugareños, que podrían reafirmar los dichos de los hermanos Goitea. Ninguno de ellos, de acuerdo con versiones cercanas a la investigación, coincidieron respecto de la posición en la que se hallaba el cuerpo, lo que genera algunos inconvenientes a la hora de analizar el caso. Pero esto, al mismo tiempo, fue relativizado por los investigadores ya que las diferencias no son sustanciales, y atendiendo el paso del tiempo, sospechan que, en realidad, se trata sólo de una cuestión de memoria.
Después de que cobró fuerza la hipótesis de que Lebbos fue víctima de un crimen pasional, la familia de la joven asesinada, mediante un escrito, solicitó al fiscal Alejandro Noguera que César Soto, quien fue novio de la joven y con quien tuvo una hija, sea citado nuevamente a declarar.
Más de 100 preguntas
El padre de Paulina, Alberto Lebbos, habría presentado una nota con al menos 100 preguntas que le interesan que el novio de Paulina conteste. La querella pretende que, además de Noguera y de la secretaria María Verónica López Cisneros, también esté presente la psicóloga forense de Gendarmería. "Sabemos que él ya habló con la profesional, pero no veo ningún tipo de inconvenientes en que lo haga de nuevo", indicó Emilio Mrad, abogado que representa a la familia de la víctima.
Lebbos siempre pidió a los investigadores que pusieran particular énfasis en el joven y en su entorno. Según él, Soto siempre fue uno de los principales sospechosos del crimen.
La intensa lluvia de ayer por la mañana, impidió que los peritos de Gendarmería continuaran realizando un rastrillaje por la zona de Tapia.
El miércoles, los especialistas se quedaron hasta la 0 hora recolectando más elementos que serían de gran importancia para el esclarecimiento de la causa. Además de pedazos de ropa que usó Paulina la noche que desapareció, hallaron pelos y restos de un teléfono. Los peritos realizaron un inventario detallado sobre los elementos que se llevarán a Buenos Aires para ser analizados. Los resultados de los estudios, según trascendió, estarían listos dentro de unos 10 días aproximadamente.
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