La ruta 38 fue escenario de un tremendo choque en el que murieron cuatro personas

Una camioneta impactó desde atrás a un auto, que se salió de su carril y embistió de frente a un camión. La lluvia habría sido la principal causante de la colisión.

ARDUO TRABAJO. Los socorristas debieron cortar el techo del Renault 12 para sacar los cuerpos que habían quedado en el interior. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSO
ARDUO TRABAJO. Los socorristas debieron cortar el techo del Renault 12 para sacar los cuerpos que habían quedado en el interior. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSO
07 Abril 2006
El único ruido que alteraba el repiqueteo de la lluvia en el pavimento era el de la sierra que cortaba los hierros retorcidos. Una multitud silenciosa, envuelta en el penetrante olor del combustible derramado, observaba cómo los bomberos intentaban rescatar los cuerpos. No se escuchaba ni un murmullo. La escena intimidaba. Ayer, en el kilómetro 99 de la ruta 38, una camioneta, un auto y un camión protagonizaron un tremendo choque múltiple, en el que murieron cuatro personas y otras tres resultaron heridas.
A las 9, Carlos González, de 25 años, y su esposa Norma Albornoz, de 23, subieron a su Renault 12, patente WWR-530, junto con su hijo Jesús, de un año y tres meses. Iban a viajar desde su casa en Manchalá (a unos 50 kilómetros al este del lugar del accidente), hacia Famaillá, para comprar mercadería para su almacén, según confirmaron algunos familiares y vecinos.
Al llegar al kilómetro 99 se produjo la tragedia. De acuerdo con las primeras pericias que realizó la Policía, una camioneta Ford F-100, dominio FFC-433, conducida por Andrés Federico Polo, de 27 años, oriundo de Río Seco, embistió de atrás al vehículo de los González, que viajaban de sur a norte. La camioneta empujó al auto, que tras recorrer unos 20 metros, se cruzó de carril y se estrelló de frente contra un camión que viajaba en la dirección contraria.
El impacto fue tremendo y el Renault quedó comprimido entre los otros dos vehículos. “La familia González falleció; el conductor del camión, José Humberto Herrera, de 50 años, también murió. Polo, su acompañante, Gonzalo Garay, de 18, y el otro ocupante del camión, Daniel Andreani, de 23, resultaron heridos”, explicó el comisario René Salomón Torchán, jefe de la comisaría de Famaillá, cuyo personal tuvo a su cargo del operativo.
Las víctimas murieron instantáneamente, a causa de traumatismos encéfalo-craneanos y de politraumatismos, según dijo el comisario Julio González, jefe de Medicina Legal de la sección Oeste de la Policía. Polo fue trasladado al hospital de Monteros y los otros dos heridos al de Famaillá. Los tres habían sufrido politraumatismos. Hasta el momento se desconocen las razones por las cuales la camioneta embistió al auto. Presumiblemente no habría podido frenar y teniendo en cuenta que la calzada estaba muy mojada por la ruta, se los llevó por delante. Otra posibilidad que era analizada por los peritos era que el vehículo de mayor porte hubiera sufrido algún problema mecánico.

Un trabajo duro
Los primeros en llegar al lugar fueron los bomberos voluntarios de Monteros, quienes trabajaron durante más de una hora para rescatar a Andreani del camión. “Fue duro; él estaba consciente y sabía lo que había pasado. Miraba a su compañero muerto y nos decía que estaba muy cansado, que quería que todo terminara rápido”, relató Hugo Conegliano, uno de los integrantes de la dotación.
Uno de los momentos más dramáticos se produjo cuando Gregorio González, el padre de Carlos, llegó al lugar. El hombre, entre sollozos, no dejaba de repetir el nombre de su hijo, parado entre los despojos de los vehículos que estaban desparramados en la banquina.
A las 11.30, los cuerpos de las víctimas fueron trasladados a la morgue del hospital de Famaillá. “Ayer (por el miércoles) habíamos estado con ellos y nos dijeron que nos iban a visitar hoy (por ayer). Esta es la peor manera de comenzar el día”, dijo llorando Ramón Sotelo, cuñado de Albornoz. Unos minutos más tarde, la multitud que había observado silenciosa la operación se dispersó y sobre el pavimento sólo quedaron los hierros retorcidos en los que se reflejaban los primeros rayos del sol, que pugnaban por alejar a las nubes.

Peligro constante
A la vera de la ruta, en la zona donde se produjo el accidente, no hay viviendas. Sin embargo, son muchas las personas que la transitan diariamente en bicicleta para ir o regresar de sus trabajos. “Las camionetas grandes, como la del accidente, se le tiran encima a uno siempre. Todas las mañanas tengo que cuidarme para que no me atropellen”, aseguró Estela Hurtado, una vecina de Acheral que viaja todos los días a trabajar en Famaillá.