26 Marzo 2006 Seguir en 
WASHINGTON.- El presidente George W. Bush defendió ayer la integración de los extranjeros que residen en el país, en momentos en que Estados Unidos se prepara para la primera gran reforma de su legislación inmigratoria en 20 años. Pero incluso la mayoría republicana en el Senado, donde el debate comenzará esta semana, se muestra dividida. Bush alienta un programa de visados temporarios que su partido considera demasiado indulgente.
El proyecto ya aprobado por la Cámara de Representantes criminaliza a los indocumentados, acelera los procesos de deportación y condena a cinco años de cárcel a todo aquel que les preste asistencia; por ejemplo darles comida, techo o consejo legal. El proyecto que está siendo elaborado en el Senado no prevé tales medidas, pero el líder de los republicanos en el Senado, Bill Frist, dijo que si no está listo mañana, él presentará otro, similar al aprobado en la Cámara Baja. El Congreso evalúa alternativas; entre ellas, imponer nuevas penas a los empresarios que contratan a inmigrantes clandestinos y a los ciudadanos que los ayuden, o erigir una valla a lo largo de la frontera con México. Cientos de miles de latinoamericanos se manifestaron en varios Estados contra este posible endurecimiento de las leyes de inmigración.
Bush subrayó el importante papel que desempeñan los once millones de inmigrantes ilegales que trabajan en el país. "Ellos hacen el trabajo que rechazan los estadounidenses", dijo. Más de 35 millones de hispanos integran la base obrera de la maquinaria que hace funcionar a diario las grandes ciudades del país. (Reuter-DPA)
El proyecto ya aprobado por la Cámara de Representantes criminaliza a los indocumentados, acelera los procesos de deportación y condena a cinco años de cárcel a todo aquel que les preste asistencia; por ejemplo darles comida, techo o consejo legal. El proyecto que está siendo elaborado en el Senado no prevé tales medidas, pero el líder de los republicanos en el Senado, Bill Frist, dijo que si no está listo mañana, él presentará otro, similar al aprobado en la Cámara Baja. El Congreso evalúa alternativas; entre ellas, imponer nuevas penas a los empresarios que contratan a inmigrantes clandestinos y a los ciudadanos que los ayuden, o erigir una valla a lo largo de la frontera con México. Cientos de miles de latinoamericanos se manifestaron en varios Estados contra este posible endurecimiento de las leyes de inmigración.
Bush subrayó el importante papel que desempeñan los once millones de inmigrantes ilegales que trabajan en el país. "Ellos hacen el trabajo que rechazan los estadounidenses", dijo. Más de 35 millones de hispanos integran la base obrera de la maquinaria que hace funcionar a diario las grandes ciudades del país. (Reuter-DPA)







