Ministros de la decadencia

Por Marcelo Batiz. A 30 años del golpe, la influencia de Celestino Rodrigo y Martínez de Hoz aún está presente.

26 Marzo 2006

BUENOS AIRES.- De tan inclinada a circunscribir las conmemoraciones a una fecha determinada, la sociedad argentina parece pasar por alto que las consecuencias del modelo económico instaurado por la dictadura militar tuvieron sus momentos culminantes antes y después del 24 de marzo de 1976.
Los intentos por implementar una distribución del ingreso más regresiva, en la que los sectores asalariados fueran víctimas principales, encuentra su rubrica el 4 de junio de 1975, durante la gestión de Celestino Rodrigo en el Ministerio de Economía, en la Presidencia de María Estela Martínez de Perón.
Si de concentración empresaria y apertura indiscriminada de la economía se trata, la fecha a conmemorar es el 2 de abril de 1976, ocasión en la que el recién designado ministro José Alfredo Martínez de Hoz, brazo económico del dictador Jorge Videla, pronunció el discurso por cadena nacional en el que adelantó los lineamientos de sus cinco años al frente del Palacio de Hacienda.Por más que hayan sido dos personajes diferentes de dos gobiernos antagónicos, por más que entre los dos momentos hayan transcurrido 10 meses y otros tres ministros, las dos fechas no pueden ser escindidas. El tándem Videla-Martínez de Hoz no hubiera podido llevar su plan adelante sin el trabajo previo de la dupla Isabel-Rodrigo.
Rodrigo inició la serie de devaluaciones brutales que condujeron a deprimir el salario real a niveles insospechados para entonces. Martínez de Hoz las complementó con la derogación de las paritarias (requisito implementado tres días antes de su asunción formal del 29 de marzo), que le dio el plafond suficiente para diseñar dos años después la conocida "tablita cambiaria" que llevó al cierre de miles de pequeñas y medianas empresas. Para quienes reducen la política económica al trámite de fijar un tipo de cambio alto o bajo, la devaluación de Rodrigo y la tablita de Martínez de Hoz pueden ser opuestas. El análisis de los hechos a tres décadas de distancia permite considerarlas complementarias en el propósito de reducir la participación de los asalariados en la distribución del ingreso, tarea en la que ambos reconocen a más de un fiel sucesor. Dos caras de una misma moneda.
Desde ya que Martínez de Hoz contó en la represión indiscriminada de las Fuerzas Armadas a un aliado indispensable, cuya ausencia hizo fracasar el plan de Rodrigo. Si los propósitos del ministro peronista fracasaron ante la movilización sindical del 27 de junio de 1975, el ex presidente de Acindar desarrolló su tarea con la tranquilidad de saber que cualquier reclamo de los trabajadores sería aniquilado. No fue una casualidad que la mayoría de los desaparecidos hayan sido trabajadores.
Ambos tuvieron en común a un asesor de bajo perfil, cuyo paso por la función pública se remonta a los tiempos de la dictadura de Roberto Levingston y se prolonga hasta la Presidencia de Carlos Menem, hasta que un accidente aéreo puso fin a su vida. Ricardo Mansueto Zinn es considerado por muchos como el verdadero ideólogo del "rodrigazo", algo que no le impidió (ya en tiempos de la dictadura militar) denostar al gobierno justicialista del que él formó parte por unas semanas.Por más que en ambos casos las medidas no fueron las más extremas (posteriormente hubo devaluaciones más pronunciadas, ajustes salariales más regresivos y desprotección económica más amplia), Rodrigo y Martínez de Hoz llevan consigo el dudoso privilegio de haber sido los paradigmas fundacionales de una decadencia económica que a lo largo de tres décadas atravesó gobiernos, ministros y planes. Más allá de los aniversarios y la sobreactuación de algunos conversos, la gran deuda en casi 23 años de democracia pasa por no haber podido, sabido o querido superar esa decadencia. De conseguirlo dependerá que alguna vez se hable de Rodrigo y Martínez de Hoz como pasado y no como presente. (DyN)

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