22 Marzo 2006 Seguir en 
Es una buena señal el descenso de los indicadores socioeconómicos en el país. Pero lo que causa un poco de alarma es que el ritmo de crecimiento de la economía sigue siendo mayor que la baja que experimentó la pobreza, en el segundo semestre de 2005.
Las provincias del norte no son las más beneficiadas por el nuevo modelo económico nacional, ya que no disponen de los recursos con que cuentan otras regiones del país.
Además, la política laboral que se dicta en Buenos Aires es muy restrictiva para los trabajadores de menor nivel de calificación, que son los que prevalecen en el norte. Se estipulan salarios mínimos y de convenio, con regulaciones sólo pensadas para la realidad de Buenos Aires, centralistas, pero que en muchos casos están por encima de lo que pueden cumplir los emprendimientos productivos del interior.
Para las regiones menos desarrolladas del país el modelo implicó aumentos de precios de alimentos y no fue favorable para incentivar la política laboral, con altos niveles de empleo en negro.
Como una forma de buscar salidas a los problemas de pobreza, de indigencia y hasta de desocupación, el Gobierno tendría que aplicar acciones que se adapte a la capacidad productiva de cada región, con regímenes diferenciales que alienten el empleo. A la vez, debe asegurarse que la ayuda social a un jefe de hogar desocupado vaya atada a condiciones que garanticen la educación y la asistencia social a sus hijos. De esa manera, esos hijos tendrían la posibilidad de no repetir el mismo destino de pobreza.
Las provincias del norte no son las más beneficiadas por el nuevo modelo económico nacional, ya que no disponen de los recursos con que cuentan otras regiones del país.
Además, la política laboral que se dicta en Buenos Aires es muy restrictiva para los trabajadores de menor nivel de calificación, que son los que prevalecen en el norte. Se estipulan salarios mínimos y de convenio, con regulaciones sólo pensadas para la realidad de Buenos Aires, centralistas, pero que en muchos casos están por encima de lo que pueden cumplir los emprendimientos productivos del interior.
Para las regiones menos desarrolladas del país el modelo implicó aumentos de precios de alimentos y no fue favorable para incentivar la política laboral, con altos niveles de empleo en negro.
Como una forma de buscar salidas a los problemas de pobreza, de indigencia y hasta de desocupación, el Gobierno tendría que aplicar acciones que se adapte a la capacidad productiva de cada región, con regímenes diferenciales que alienten el empleo. A la vez, debe asegurarse que la ayuda social a un jefe de hogar desocupado vaya atada a condiciones que garanticen la educación y la asistencia social a sus hijos. De esa manera, esos hijos tendrían la posibilidad de no repetir el mismo destino de pobreza.
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