19 Marzo 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Poco a poco y de manera imperceptible para la mayoría de la sociedad, el Gobierno va gestando las condiciones, para llevar adelante un nuevo ajuste que le permita alimentar sus aspiraciones hegemónicas.
Bajo el paraguas de seudo ataques de corporaciones, empresarios y todo aquel que diga o piense lo contrario, se va cediendo lugar para crear un escenario que obligará a las masas a pensar en la necesidad de ratificar la autoridad, por un nuevo período. Una reedición de la vieja liturgia de la decadente clase política vernácula.
Sin embargo, lo que nos interesa es dejar en claro y advertir que una vez más las apetencias electorales pueden destrozar y reducir a escombros todo el esfuerzo económico realizado por la sociedad y que los costos asumidos por los mortales de este país, a partir de la crisis de fines de 2001, no han servido para nada.
La crisis de la carne puso al desnudo uno de los problemas más severos que enfrenta la Argentina: la falta de inversión. La necesidad de recomponer el stock ganadero es incompatible con las respuestas dadas por el gobierno como el aumento de los niveles de imposición -vía retenciones-, y con el cierre de la exportación, fuente generadora de rentabilidad. El capricho de querer bajar los precios con el fácil expediente burocrático, llevó a este laberinto que detonará la inflación. Sin ganancias, los productores dejarán de criar ganado y destinarán los potreros a la agricultura que tiene más rentabilidad. La consecuente caída del número de cabezas generará menos carne para los argentinos y para el mundo y la explosión de precios alimentará la inflación. ¿Llegaremos al absurdo que, por falta de inversión, en "Bifelandia" tendremos que importar carne para frenar la inflación?
Algo similar ocurrió hace unos años con el sistema energético. Merced a la abultada inversión en los '90 que usufructuó la actual administración hasta agotarla, la Argentina pasó de ser un país exportador de energía a tener que importar, combustibles, gas y electricidad debido al capricho político de congelar tarifas. Sin rentabilidad, los productores energéticos dejaron de invertir y el colapso llegó.
En ambos casos, queda demostrado que la economía debe regirse por sus leyes naturales y que cualquier intromisión del poder político en su funcionamiento llevará a una crisis.
Desde una perspectiva histórica, la voracidad por el poder llevó a los líderes necios a su propia ruina aun cuando toda la sociedad gobernada por ellos creyera que no eran necios sino sabios.Pero las sociedades, aunque no parezca, advierten que se va camino a la ruina y empiezan a distinguir entre la verdad y la mentira. Lo que se dice no es lo real.
Dos recientes medidas económicas que parecen beneficiosas para la sociedad generarán mayores daños, en especial, para los sectores más vulnerables.
So pretexto de querer contener la inflación, vía la cantidad de dinero circulante, el Banco Central dispuso un aumento de los encajes de los depósitos a la vista y la eliminación de su remuneración, con el objetivo de esterilizar recursos monetarios. Esto obliga a que los bancos tengan menor capacidad de préstamos y con ello buscar reducir la cantidad de dinero circulante. Al mismo tiempo, la no remuneración de los encajes -dinero indisponible-, generará a los bancos menor rentabilidad en su negocio que tendrán que buscar por otra vía.
Uno puede pensar que estas medidas van en la dirección correcta. Sin embargo, al no pensarse en las consecuencias, los efectos serán devastadores. En primer lugar, al restar capacidad prestable, los créditos se encarecerán o bien desaparecerán. Los que tienen créditos deberán pagar más y aquellos que no lo tienen, les será más difícil de obtenerlo. La medida favorece a quienes tienen capital porque les genera un sistema de defensa legal, pero perjudica a los sectores de ingresos medios y a los más pobres. ¿Cómo soñar con conseguir un crédito para tener la casa propia o cambiar la máquina de una PyME o micropyme?
En tanto, los bancos al tener menor rentabilidad en el negocio crediticio, la buscarán en la banca transaccional. La consecuencia será que subirán los costos de mantenimiento de cuentas, emisión de resúmenes y debitación de servicios, lo que perjudicará a los más pobres, los expulsará del sistema y generará más informalidad. El otro efecto, es que al dejar el circuito institucional, se generará un inmenso mercado negro, un terreno yermo que será ocupado por "cuevas", "usureros", "lavaderos" y evasores de impuestos.
La otra medida, tiene un sesgo netamente demagógico. Bajo el paraguas de querer impulsar el nivel de actividad, la suba del mínimo no imponible sólo mejora la posición de los sectores que perciben remuneraciones medias y altas, en detrimento de los sectores de más bajos ingresos, los trabajadores en negro y los jubilados. (DyN)
Bajo el paraguas de seudo ataques de corporaciones, empresarios y todo aquel que diga o piense lo contrario, se va cediendo lugar para crear un escenario que obligará a las masas a pensar en la necesidad de ratificar la autoridad, por un nuevo período. Una reedición de la vieja liturgia de la decadente clase política vernácula.
Sin embargo, lo que nos interesa es dejar en claro y advertir que una vez más las apetencias electorales pueden destrozar y reducir a escombros todo el esfuerzo económico realizado por la sociedad y que los costos asumidos por los mortales de este país, a partir de la crisis de fines de 2001, no han servido para nada.
La crisis de la carne puso al desnudo uno de los problemas más severos que enfrenta la Argentina: la falta de inversión. La necesidad de recomponer el stock ganadero es incompatible con las respuestas dadas por el gobierno como el aumento de los niveles de imposición -vía retenciones-, y con el cierre de la exportación, fuente generadora de rentabilidad. El capricho de querer bajar los precios con el fácil expediente burocrático, llevó a este laberinto que detonará la inflación. Sin ganancias, los productores dejarán de criar ganado y destinarán los potreros a la agricultura que tiene más rentabilidad. La consecuente caída del número de cabezas generará menos carne para los argentinos y para el mundo y la explosión de precios alimentará la inflación. ¿Llegaremos al absurdo que, por falta de inversión, en "Bifelandia" tendremos que importar carne para frenar la inflación?
Algo similar ocurrió hace unos años con el sistema energético. Merced a la abultada inversión en los '90 que usufructuó la actual administración hasta agotarla, la Argentina pasó de ser un país exportador de energía a tener que importar, combustibles, gas y electricidad debido al capricho político de congelar tarifas. Sin rentabilidad, los productores energéticos dejaron de invertir y el colapso llegó.
En ambos casos, queda demostrado que la economía debe regirse por sus leyes naturales y que cualquier intromisión del poder político en su funcionamiento llevará a una crisis.
Desde una perspectiva histórica, la voracidad por el poder llevó a los líderes necios a su propia ruina aun cuando toda la sociedad gobernada por ellos creyera que no eran necios sino sabios.Pero las sociedades, aunque no parezca, advierten que se va camino a la ruina y empiezan a distinguir entre la verdad y la mentira. Lo que se dice no es lo real.
Dos recientes medidas económicas que parecen beneficiosas para la sociedad generarán mayores daños, en especial, para los sectores más vulnerables.
So pretexto de querer contener la inflación, vía la cantidad de dinero circulante, el Banco Central dispuso un aumento de los encajes de los depósitos a la vista y la eliminación de su remuneración, con el objetivo de esterilizar recursos monetarios. Esto obliga a que los bancos tengan menor capacidad de préstamos y con ello buscar reducir la cantidad de dinero circulante. Al mismo tiempo, la no remuneración de los encajes -dinero indisponible-, generará a los bancos menor rentabilidad en su negocio que tendrán que buscar por otra vía.
Uno puede pensar que estas medidas van en la dirección correcta. Sin embargo, al no pensarse en las consecuencias, los efectos serán devastadores. En primer lugar, al restar capacidad prestable, los créditos se encarecerán o bien desaparecerán. Los que tienen créditos deberán pagar más y aquellos que no lo tienen, les será más difícil de obtenerlo. La medida favorece a quienes tienen capital porque les genera un sistema de defensa legal, pero perjudica a los sectores de ingresos medios y a los más pobres. ¿Cómo soñar con conseguir un crédito para tener la casa propia o cambiar la máquina de una PyME o micropyme?
En tanto, los bancos al tener menor rentabilidad en el negocio crediticio, la buscarán en la banca transaccional. La consecuencia será que subirán los costos de mantenimiento de cuentas, emisión de resúmenes y debitación de servicios, lo que perjudicará a los más pobres, los expulsará del sistema y generará más informalidad. El otro efecto, es que al dejar el circuito institucional, se generará un inmenso mercado negro, un terreno yermo que será ocupado por "cuevas", "usureros", "lavaderos" y evasores de impuestos.
La otra medida, tiene un sesgo netamente demagógico. Bajo el paraguas de querer impulsar el nivel de actividad, la suba del mínimo no imponible sólo mejora la posición de los sectores que perciben remuneraciones medias y altas, en detrimento de los sectores de más bajos ingresos, los trabajadores en negro y los jubilados. (DyN)







