12 Marzo 2006 Seguir en 
El marketing internacional es, simplificando, la concepción de bienes y servicios para mercados externos. En la evolución que tienen los mercados actualmente, bien podríamos decir que, en realidad, quedan pocos, muy pocos bienes que no compitan en los mercados internacionales, bien porque sean exportables, bien porque compiten con productos importados. Más aún, el turismo internacional lleva a que tengamos consumidores extranjeros consumiendo bienes locales, esperando éstos poder acceder a niveles de calidad similares o superiores a los que se encuentran en sus propios países.
¿Podemos entonces hablar de la muerte del marketing no-internacional? Al haber ya un único marketing, ¿para qué hacer distinciones?
La movilidad de productos y servicios a nivel mundial nos llevan a pensar que los bienes y servicios que ofreceremos casi con seguridad competirán con servicios concebidos con una filosofía global. Y en el hipotético caso de que esto no fuera así, el consumidor definirá su grado de satisfacción también teniendo en cuenta otras ofertas internacionales. Este es el desafío para la gente de marketing: Tener en cuenta la oferta global al concebir productos y servicios.
El punto crítico en todo esto es que nuestra oferta debe ser confiable para el consumidor, su calidad debe ser estable en el tiempo. Más allá de pensar en el grado de sofisticación de la oferta, lo que el consumidor internacional quiere es una calidad siempre predecible, confiable y estable. Para esto, la función del marketinero va a ser la ayudar en el proceso de definición de la propuesta. ¿Qué le vamos a ofrecer al consumidor?. ¿A qué precio?. ¿Con qué grado de demora? (en caso de ser un servicio). Este proceso puede iniciarse desde el precio que pretende pagar el consumidor y luego diseñamos la oferta. Esta técnica se llama "target pricing" y es particularmente eficiente.
En el marketing internacional, la demanda del consumidor debe tener en cuenta las alternativas disponibles a nivel mundial y luego, muy particularmente, las exigencias puntuales del consumidor/país objetivo.
Un tema adicional son los requisitos legales para poder ofrecer un producto en el exterior. Por ejemplo, para vender en California una remera de algodón para niños, se exige el cumplimiento de normas de calidad que aseguren que la prenda no prende fuego accidentalmente.
Adicionalmente, en muchos países, los compradores exigen condiciones particulares de calidad, diseño y formas de entrega. Estos ejemplos significan que el proceso de relevamiento de necesidades y exigencias debe ser analizado cuidadosamente.
En el caso de Tucumán, tal vez la mayor responsabilidad la tengamos al recibir un turismo cada día más internacional. La globalización nos lleva a pensar que los productos ya deben todos ser trabajados bajo la óptica del marketing internacional. Los productos y los consumidores se mueven a través de fronteras.
Así es que los puntos de referencia sobre lo que significa calidad cada día son más altos y los consumidores más exigentes.
¿Podemos entonces hablar de la muerte del marketing no-internacional? Al haber ya un único marketing, ¿para qué hacer distinciones?
La movilidad de productos y servicios a nivel mundial nos llevan a pensar que los bienes y servicios que ofreceremos casi con seguridad competirán con servicios concebidos con una filosofía global. Y en el hipotético caso de que esto no fuera así, el consumidor definirá su grado de satisfacción también teniendo en cuenta otras ofertas internacionales. Este es el desafío para la gente de marketing: Tener en cuenta la oferta global al concebir productos y servicios.
El punto crítico en todo esto es que nuestra oferta debe ser confiable para el consumidor, su calidad debe ser estable en el tiempo. Más allá de pensar en el grado de sofisticación de la oferta, lo que el consumidor internacional quiere es una calidad siempre predecible, confiable y estable. Para esto, la función del marketinero va a ser la ayudar en el proceso de definición de la propuesta. ¿Qué le vamos a ofrecer al consumidor?. ¿A qué precio?. ¿Con qué grado de demora? (en caso de ser un servicio). Este proceso puede iniciarse desde el precio que pretende pagar el consumidor y luego diseñamos la oferta. Esta técnica se llama "target pricing" y es particularmente eficiente.
En el marketing internacional, la demanda del consumidor debe tener en cuenta las alternativas disponibles a nivel mundial y luego, muy particularmente, las exigencias puntuales del consumidor/país objetivo.
Un tema adicional son los requisitos legales para poder ofrecer un producto en el exterior. Por ejemplo, para vender en California una remera de algodón para niños, se exige el cumplimiento de normas de calidad que aseguren que la prenda no prende fuego accidentalmente.
Adicionalmente, en muchos países, los compradores exigen condiciones particulares de calidad, diseño y formas de entrega. Estos ejemplos significan que el proceso de relevamiento de necesidades y exigencias debe ser analizado cuidadosamente.
En el caso de Tucumán, tal vez la mayor responsabilidad la tengamos al recibir un turismo cada día más internacional. La globalización nos lleva a pensar que los productos ya deben todos ser trabajados bajo la óptica del marketing internacional. Los productos y los consumidores se mueven a través de fronteras.
Así es que los puntos de referencia sobre lo que significa calidad cada día son más altos y los consumidores más exigentes.







