05 Marzo 2006 Seguir en 
CONCEPCION.- "No sé nada; no sé cómo sucedió esta desgracia, yo simplemente cociné". La frase es repetida con insistencia por doña Nora Rivadeneira, una de las principales acusadas de haber introducido parathión en el guiso que provocó la muerte a 4 personas en Villa Quinteros. La mujer, a los cuatro vientos, sigue jurando su inocencia.
La utilización de ese poderoso pesticida fue determinado por un análisis químico practicado en un laboratorio de alta complejidad de Buenos Aires en los órganos del aparato digestivo de los difuntos.
El terrible episodio se produjo al mediodía del 7 de enero pasado, cuando 12 personas almorzaban en la casa de doña Nora. La ingestión del veneno, incorporado en la comida, en pocas horas causó la muerte de Daniel (13 años) y de Nancy Vildoza (9), de Carlos Ledesma (1) y de don José Herrera, de 64 años, abuelo de los niños y esposo de Rivadeneira.
Otra niña, de 12 años, superó la intoxicación tras permanecer varios días internada en estado delicado. Esta criatura apenas había comido una cucharada del alimento y lo dejó porque le sintió mal gusto, según dijo a LA GACETA.
La investigación
Los forenses establecieron que quienes fallecieron ingirieron la comida envenenada con voracidad, porque la cantidad de guiso acumulado en el estómago de cada uno era considerable.
Doña Nora insiste en su inocencia, pero se niega a brindar más detalles sobre lo sucedido aquel trágico mediodía de enero.
La fiscal del Centro Judicial de Monteros, Mónica García de Targa, tras recibir los informes de los peritos bioquímicos, se apresta a solicitar varias medidas al juez Mario Velázquez con el afán de avanzar en el esclarecimiento del caso.
Es casi seguro que García de Targa solicitará la detención de los implicados. También pediría a la Justicia autorización para adoptar otras medidas que, por el momento, no trascendieron, ya que los investigadores se manejan con el mayor de los secretos. En la mira de los investigadores están Nora y su nuera Rosa Alcaraz, que estuvo en el lugar del envenenamiento. Ninguna de las dos comió el guiso. Entre los pesquisas, existe el convencimiento de que fue un hecho intencional.
Ni en el escenario de la tragedia, ni en sus alrededores se ha encontrado ningún rastro del pesticida. Tampoco en los elementos que estaban en la cocina. Como se sabe, la comercialización del parathión está prohibida en el país desde hace más de cinco años.
Testimonio clave
La nieta de Nora, de 15 años, también se incorporó a la mesa, pero comió huevos fritos, al igual que las otras personas que se salvaron. Sin embargo, a su hijito Carlos alcanzó a darle una pequeña ración del alimento envenenado, lo que finalmente le provocó la muerte.
"La reunión del almuerzo fue como tantas otras que compartimos en familia. No vi nada raro. Primero se enfermó Nancy y la que llevé al dispensario. Estaba mal y debían trasladarla a Concepción. Cuando volví a casa a llevarle la ropa, también se habían enfermado mi abuelo y Daniel. Al último cayó mi hijito", relató la adolescente, que está embarazada.
Antonia Herrera, madre de los otros dos niños fallecidos, aún no puede superar la terrible tragedia. No sólo recuerda que la ambulancia tardó más de una hora para trasladar a todos sus familiares, sino que destacó la actitud de su madre.
"Ella siempre servía primero a los demás. Si no alcanzaba, ella directamente no comía nada", aclaró.
Sin embargo, la mujer señaló: "quiero que quede en claro que no estoy defendiendo a nadie. Lo único que anhelo es que se encuentre al verdadero culpable. No sé lo que pasó porque yo me enteré de lo sucedido cuando estaba cosechando limones en Famaillá. La única realidad es que, desde entonces, mi vida se transformó en un infierno de penurias"(C)
La utilización de ese poderoso pesticida fue determinado por un análisis químico practicado en un laboratorio de alta complejidad de Buenos Aires en los órganos del aparato digestivo de los difuntos.
El terrible episodio se produjo al mediodía del 7 de enero pasado, cuando 12 personas almorzaban en la casa de doña Nora. La ingestión del veneno, incorporado en la comida, en pocas horas causó la muerte de Daniel (13 años) y de Nancy Vildoza (9), de Carlos Ledesma (1) y de don José Herrera, de 64 años, abuelo de los niños y esposo de Rivadeneira.
Otra niña, de 12 años, superó la intoxicación tras permanecer varios días internada en estado delicado. Esta criatura apenas había comido una cucharada del alimento y lo dejó porque le sintió mal gusto, según dijo a LA GACETA.
La investigación
Los forenses establecieron que quienes fallecieron ingirieron la comida envenenada con voracidad, porque la cantidad de guiso acumulado en el estómago de cada uno era considerable.
Doña Nora insiste en su inocencia, pero se niega a brindar más detalles sobre lo sucedido aquel trágico mediodía de enero.
La fiscal del Centro Judicial de Monteros, Mónica García de Targa, tras recibir los informes de los peritos bioquímicos, se apresta a solicitar varias medidas al juez Mario Velázquez con el afán de avanzar en el esclarecimiento del caso.
Es casi seguro que García de Targa solicitará la detención de los implicados. También pediría a la Justicia autorización para adoptar otras medidas que, por el momento, no trascendieron, ya que los investigadores se manejan con el mayor de los secretos. En la mira de los investigadores están Nora y su nuera Rosa Alcaraz, que estuvo en el lugar del envenenamiento. Ninguna de las dos comió el guiso. Entre los pesquisas, existe el convencimiento de que fue un hecho intencional.
Ni en el escenario de la tragedia, ni en sus alrededores se ha encontrado ningún rastro del pesticida. Tampoco en los elementos que estaban en la cocina. Como se sabe, la comercialización del parathión está prohibida en el país desde hace más de cinco años.
Testimonio clave
La nieta de Nora, de 15 años, también se incorporó a la mesa, pero comió huevos fritos, al igual que las otras personas que se salvaron. Sin embargo, a su hijito Carlos alcanzó a darle una pequeña ración del alimento envenenado, lo que finalmente le provocó la muerte.
"La reunión del almuerzo fue como tantas otras que compartimos en familia. No vi nada raro. Primero se enfermó Nancy y la que llevé al dispensario. Estaba mal y debían trasladarla a Concepción. Cuando volví a casa a llevarle la ropa, también se habían enfermado mi abuelo y Daniel. Al último cayó mi hijito", relató la adolescente, que está embarazada.
Antonia Herrera, madre de los otros dos niños fallecidos, aún no puede superar la terrible tragedia. No sólo recuerda que la ambulancia tardó más de una hora para trasladar a todos sus familiares, sino que destacó la actitud de su madre.
"Ella siempre servía primero a los demás. Si no alcanzaba, ella directamente no comía nada", aclaró.
Sin embargo, la mujer señaló: "quiero que quede en claro que no estoy defendiendo a nadie. Lo único que anhelo es que se encuentre al verdadero culpable. No sé lo que pasó porque yo me enteré de lo sucedido cuando estaba cosechando limones en Famaillá. La única realidad es que, desde entonces, mi vida se transformó en un infierno de penurias"(C)
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