Ni bombos ni platillos

Análisis. Por Can Merey.

02 Marzo 2006
KABUL.- El secreto que envolvió la primera visita del presidente norteamericano a Afganistán refleja la gravedad de la situación en este país asiático, a más de cuatro años de la caída del régimen talibán. Miles de millones de dólares de Washington y de la comunidad internacional fluyen desde fines de 2001 hacia este país, donde se hallan 30.000 soldados extranjeros.
Y pese a todo, es tal la inestabilidad, que el hombre más poderoso del mundo prefiere visitarlo en secreto. En cuatro horas de visita, Bush no ha visto nada del día a día de los afganos. Bagram, la base estadounidense en la que aterrizó el mandatario, se parece a una pequeña ciudad norteamericana. El palacio presidencial donde Bush se reunió con su colega Hamid Karzai -que lo llama “libertador”- no refleja el Afganistán típico.
Durante años, la comunidad internacional olvidó de un modo u otro a los afganos. Sólo después del 11-S, Bush decidió derribar el régimen islamista, porque cobijaba a Osama bin Laden.
Hubo avances en Afganistán, pero sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. La mayoría de la población no tiene electricidad ni agua corriente. La expectativa de vida es de 43 años. Granjeros pobres se han pasado al cultivo de la amapola, lo que desde hace años ha convertido al país asiático en el mayor productor mundial de drogas. Las tropas de la coalición liderada por EE.UU. no han conseguido derrotar a los rebeldes. Los graves atentados siguen siendo un lastre para el país en su fatigoso camino hacia la democracia. (DPA)


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