Una oleada de sangrientos ataques conmovió a Bagdad

El primer ministro iraquí afirmó que la situación está bajo control. Al menos 66 muertos. Un documento comprometedor.

ESTRUENDOS. Una cadena de ataques y de atentados estremeció a la capital de Irak, dejando su secuela de muerte y destrucción. AFP
ESTRUENDOS. Una cadena de ataques y de atentados estremeció a la capital de Irak, dejando su secuela de muerte y destrucción. AFP
01 Marzo 2006
BAGDAD.- Al menos 66 personas murieron ayer en diversos ataques en Bagdad, pese a que las autoridades iraquíes y las estadounidenses afirmaron que estaba controlada la ola de violencia provocada por la destrucción de la mezquita dorada chiíta de Samarra, hace una semana.
Un mortífero atentado contra un mercado de aves, al norte de Bagdad, dejó 25 personas muertas y 50 heridas. El ataque fue precedido por tres atentados simultáneos en barrios de religión mixta de Bagdad, que dejaron en total 30 muertos y más de 150 heridos. Uno de ellos ocurrió en el mercado chiíta de Karrada -causó 6 muertos y 20 heridos-, y el otro fue perpetrado en el barrio bagdadí de Jadida, en hora de gran afluencia de público. Simultáneamente, un kamikaze hizo detonar un cinturón con explosivos en una estación de servicio del barrio de Amina. Como consecuencia de ambos atentados murieron 24 personas y 112 resultaron heridas.
No obstante estos hechos, el primer ministro iraquí, Ibrahim Jaafari, subrayó que los acontecimientos no afectarán la formación de un nuevo gobierno, que se está gestando desde hace tres meses.

En contra de Saddam
Por otro lado, un ataque con explosivos provocó daños en la tumba del padre de Saddam Hussein, Hussein Majid, en Tikrit, al norte de Bagdad. El estallido tuvo lugar mientras se retomaba el proceso contra Saddam y siete de sus lugartenientes ante el tribunal penal. La jornada judicial estuvo marcada por la presentación, por parte del fiscal Jaafar Musaui, de la copia de una carta firmada por Saddam en la que aprueba la condena a muerte de 148 chiítas tras el ataque contra su cortejo en Dujail, al norte de Bagdad, en 1982. Dos abogados defensores abandonaron la sala, por lo que el proceso tuvo que continuar con letrados de oficio. Ninguno de los acusados puso en duda la autenticidad del documento; Saddam simplemente cuestionó algunos detalles. El ex presidente iraquí y los otros dignatarios están acusados por la matanza que se generó durante los años posteriores al ataque contra el cortejo presidencial. Todos ellos pueden ser condenados a muerte. (Reuter-DPA)


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