23 Febrero 2006 Seguir en 
El 23 de febrero de 1981, el Congreso de los Diputados de España se aprestaba a votar la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como jefe de Gobierno en reemplazo de Adolfo Suárez González, que se había desempeñado hasta entonces de presidente del Gobierno constitucional. Durante el desarrollo de la sesión, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, acompañado por grupos de guardias civiles, irrumpió en el recinto y ocupó por la fuerza las instalaciones. Mantuvo virtualmente secuestrados a los integrantes del gobierno en funciones y a los diputados presentes. Mientras tanto, el coronel Jaime Milans del Bosch instaló el estado de excepción en Valencia, en apoyo a la intentona golpista. Los españoles, que comenzaron a tomar conocimiento del suceso hacia el anochecer, fueron presa del desconcierto y sobre muchos de ellos volvió el recuerdo de la cruenta Guerra Civil de la que el país recién estaba saliendo.
Adolfo Suárez intentó hacer valer su condición de presidente en funciones y recriminó a los golpistas, secundado por Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente en funciones y teniente general del Ejército; este último se enfrentó con Tejero mientras los disparos atronaban el recinto.
Pasada la medianoche y cuando la situación era incierta, el rey Juan Carlos, vestido con el uniforme de capitán general del Ejército, dirigió un mensaje al pueblo a través de la radio y de la televisión, mediante el que tranquilizó a los españoles y desautorizó a los golpistas. Poco después, la Armada se retiraba del Congreso y Milans del Bosch ordenaba la retirada de las tropas que había desplegado en Valencia. El golpe había fracasado.
Tejero ya había estado implicado en 1978 en la fallida conspiración "Operación Galaxia", por la que debió purgar una condena de siete meses de cárcel. El llamado "Tejerazo" de 1981 le valió una condena de 30 años y la expulsión definitiva del Ejército.
La aún frágil democracia española surgió revitalizada de este episodio, que se convirtió en un punto de inflexión en la consolidación institucional del país.
Adolfo Suárez intentó hacer valer su condición de presidente en funciones y recriminó a los golpistas, secundado por Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente en funciones y teniente general del Ejército; este último se enfrentó con Tejero mientras los disparos atronaban el recinto.
Pasada la medianoche y cuando la situación era incierta, el rey Juan Carlos, vestido con el uniforme de capitán general del Ejército, dirigió un mensaje al pueblo a través de la radio y de la televisión, mediante el que tranquilizó a los españoles y desautorizó a los golpistas. Poco después, la Armada se retiraba del Congreso y Milans del Bosch ordenaba la retirada de las tropas que había desplegado en Valencia. El golpe había fracasado.
Tejero ya había estado implicado en 1978 en la fallida conspiración "Operación Galaxia", por la que debió purgar una condena de siete meses de cárcel. El llamado "Tejerazo" de 1981 le valió una condena de 30 años y la expulsión definitiva del Ejército.
La aún frágil democracia española surgió revitalizada de este episodio, que se convirtió en un punto de inflexión en la consolidación institucional del país.







