23 Febrero 2006 Seguir en 
BAGDAD.- Un atentado con bomba destruyó ayer la cúpula dorada del mausoleo chiíta de Samarra, uno de los principales santuarios de los musulmanes chiítas de todo el mundo. En represalia, fueron atacadas 27 mezquitas sunnitas. Al menos seis muertos dejaron en total estos episodios que, según analistas, presagian el comienzo de una guerra civil en el cada vez más desestabilizado país árabe.
Miles de chiítas clamaron venganza mientras observaban la cúpula destrozada del santuario de Samarra, al norte de Bagdad. Poco después, un imán sunnita y tres fieles murieron durante el ataque a una mezquita en Bagdad; otros dos imames fallecieron en otras tantas mezquitas del sur de la capital, en hechos violentos que se repitieron durante la jornada en gran parte del país.
Sospechas múltiples
En Samarra, según testigos, hombres armados y con uniformes de la Guardia Nacional inmovilizaron a los custodios del santuario e hicieron estallar cartuchos de dinamita. Samarra está situada en el llamado "triángulo de la muerte", donde se producen múltiples atentados de la resistencia iraquí. El atentado fue atribuido al grupo local de Al Qaeda que lidera Abu Musab al Zarkawi, que considera a los musulmanes chiítas tan infieles como a los soldados extranjeros que ocupan el país árabe. Al Zarkawi ha prometido sabotear el proceso de formación de un nuevo gobierno de unidad, con participación sunnita, tal como lo reclaman EE.UU. y Gran Bretaña.
Sin embargo, el guía supremo iraní, ayatollah Alí Jamenei, acusó a los servicios secretos sionistas y a las fuerzas ocupantes de Irak por el ataque al mausoleo chiíta. Jamenei pidió a los chiítas que no ataquen los templos sunnitas, porque ayudan a los enemigos del Islam. También el movimiento chiíta Hezbollah responsabilizó a las fuerzas de ocupación y a sus aliados iraquíes por el ataque al santuario.
El estallido de violencia entre musulmanes se produce en un momento crítico para Irak. En los próximos días, debería asumir el nuevo gobierno, que estará menos dominado por los partidos religiosos chiítas.
El presidente iraquí, el kurdo Jalal Talabani, dijo que el atentado en Samarra fue un intento por sabotear las negociaciones entre chiítas, sunnitas y kurdos, que se encuentran estancadas. El primer ministro chiíta Ibrahim al Yaafari declaró tres días de duelo y exhortó a proteger la fraternidad islámica y la nacional iraquí. (Télam-SNI-AFP-NA-Reuter)
Miles de chiítas clamaron venganza mientras observaban la cúpula destrozada del santuario de Samarra, al norte de Bagdad. Poco después, un imán sunnita y tres fieles murieron durante el ataque a una mezquita en Bagdad; otros dos imames fallecieron en otras tantas mezquitas del sur de la capital, en hechos violentos que se repitieron durante la jornada en gran parte del país.
Sospechas múltiples
En Samarra, según testigos, hombres armados y con uniformes de la Guardia Nacional inmovilizaron a los custodios del santuario e hicieron estallar cartuchos de dinamita. Samarra está situada en el llamado "triángulo de la muerte", donde se producen múltiples atentados de la resistencia iraquí. El atentado fue atribuido al grupo local de Al Qaeda que lidera Abu Musab al Zarkawi, que considera a los musulmanes chiítas tan infieles como a los soldados extranjeros que ocupan el país árabe. Al Zarkawi ha prometido sabotear el proceso de formación de un nuevo gobierno de unidad, con participación sunnita, tal como lo reclaman EE.UU. y Gran Bretaña.
Sin embargo, el guía supremo iraní, ayatollah Alí Jamenei, acusó a los servicios secretos sionistas y a las fuerzas ocupantes de Irak por el ataque al mausoleo chiíta. Jamenei pidió a los chiítas que no ataquen los templos sunnitas, porque ayudan a los enemigos del Islam. También el movimiento chiíta Hezbollah responsabilizó a las fuerzas de ocupación y a sus aliados iraquíes por el ataque al santuario.
El estallido de violencia entre musulmanes se produce en un momento crítico para Irak. En los próximos días, debería asumir el nuevo gobierno, que estará menos dominado por los partidos religiosos chiítas.
El presidente iraquí, el kurdo Jalal Talabani, dijo que el atentado en Samarra fue un intento por sabotear las negociaciones entre chiítas, sunnitas y kurdos, que se encuentran estancadas. El primer ministro chiíta Ibrahim al Yaafari declaró tres días de duelo y exhortó a proteger la fraternidad islámica y la nacional iraquí. (Télam-SNI-AFP-NA-Reuter)







