14 Agosto 2002 Seguir en 
La sociedad argentina se encuentra ante un nuevo tema de discusión que perturba su tranquilidad: el valor de su ingreso real y, por lo tanto, de su capacidad de compra. Al mismo tiempo muestra una vez más que la mayoría del pueblo argentino es víctima de la falta de voluntad por parte del Gobierno de ser sincero con sus gobernados.
El jefe de Gabinete (Alfredo Atanasof), con el mayor desparpajo y con una sonrisa irónica, dijo: "que le quede bien claro a la gente que el Gobierno no aumentó el precio de las naftas; fueron las empresas petroleras quienes lo hicieron". Los representantes de estas empresas manifestaron a su vez que el aumento fue el resultado de la decisión del Gobierno de incrementar el Impuesto a la Transferencia de Combustibles (ITC).
¿Quién tiene razón? ¿El Gobierno o las petroleras?La ciencia económica tiene los instrumentos que nos permiten analizar este caso y poder ayudar a la gente a formarse una opinión al respecto. Ellos son la demanda, la oferta, la elasticidad precio de la demanda y la elasticidad precio de la oferta. Estas dos últimas miden la reacción de las cantidades demandada y ofrecida, respectivamente, ante un cambio en el precio de un servicio o de un producto.
A su vez, un impuesto, que forma parte del precio de un producto, implica una diferencia entre el precio que paga el consumidor y el que recibe el productor, diferencia que es recaudada por el Gobierno.
En general, al incrementarse la tasa del impuesto, el precio que paga el consumidor sube y la cantidad demandada disminuye. El precio que recibe el productor y la cantidad ofrecida bajan. Pueden existir casos extremos, como cuando la demanda reacciona ante una suba en el precio. En este caso el productor no puede trasladar en gran medida el aumento del impuesto al precio del producto y debe soportar el aumento del impuesto como una notoria reducción del precio que recibe.
Otro caso extremo es cuando la demanda es perfectamente inelástica, es decir que la cantidad demandada no reacciona ante cambios en el precio. En este caso el productor tiene la capacidad para trasladar todo el aumento del impuesto al precio que paga el consumidor.
Es muy posible que tanto la demanda como la oferta reaccionen en cierto grado a un aumento del impuesto. En tal caso el precio que pagan los consumidores subirá en menor proporción al aumento del impuesto, el resto de este incremento será pagado por los productores recibiendo un menor precio.
Es fácil entender que el causante del aumento en el precio de las naftas es el Gobierno, quien tiene la facultad de aumentar el impuesto.
No se discute su facultad de establecer impuestos, pero tampoco hay dudas de que el Estado tiene la obligación de comunicar a la ciudadanía cuál es el objetivo que persigue y las posibles consecuencias de dicha medida.
En un país con gobernantes serios y prudentes, el jefe de Gabinete debería haber renunciado sin ser premiado posteriormente, con un puesto de asesor.
El jefe de Gabinete (Alfredo Atanasof), con el mayor desparpajo y con una sonrisa irónica, dijo: "que le quede bien claro a la gente que el Gobierno no aumentó el precio de las naftas; fueron las empresas petroleras quienes lo hicieron". Los representantes de estas empresas manifestaron a su vez que el aumento fue el resultado de la decisión del Gobierno de incrementar el Impuesto a la Transferencia de Combustibles (ITC).
¿Quién tiene razón? ¿El Gobierno o las petroleras?La ciencia económica tiene los instrumentos que nos permiten analizar este caso y poder ayudar a la gente a formarse una opinión al respecto. Ellos son la demanda, la oferta, la elasticidad precio de la demanda y la elasticidad precio de la oferta. Estas dos últimas miden la reacción de las cantidades demandada y ofrecida, respectivamente, ante un cambio en el precio de un servicio o de un producto.
A su vez, un impuesto, que forma parte del precio de un producto, implica una diferencia entre el precio que paga el consumidor y el que recibe el productor, diferencia que es recaudada por el Gobierno.
En general, al incrementarse la tasa del impuesto, el precio que paga el consumidor sube y la cantidad demandada disminuye. El precio que recibe el productor y la cantidad ofrecida bajan. Pueden existir casos extremos, como cuando la demanda reacciona ante una suba en el precio. En este caso el productor no puede trasladar en gran medida el aumento del impuesto al precio del producto y debe soportar el aumento del impuesto como una notoria reducción del precio que recibe.
Otro caso extremo es cuando la demanda es perfectamente inelástica, es decir que la cantidad demandada no reacciona ante cambios en el precio. En este caso el productor tiene la capacidad para trasladar todo el aumento del impuesto al precio que paga el consumidor.
Es muy posible que tanto la demanda como la oferta reaccionen en cierto grado a un aumento del impuesto. En tal caso el precio que pagan los consumidores subirá en menor proporción al aumento del impuesto, el resto de este incremento será pagado por los productores recibiendo un menor precio.
Es fácil entender que el causante del aumento en el precio de las naftas es el Gobierno, quien tiene la facultad de aumentar el impuesto.
No se discute su facultad de establecer impuestos, pero tampoco hay dudas de que el Estado tiene la obligación de comunicar a la ciudadanía cuál es el objetivo que persigue y las posibles consecuencias de dicha medida.
En un país con gobernantes serios y prudentes, el jefe de Gabinete debería haber renunciado sin ser premiado posteriormente, con un puesto de asesor.







