01 Febrero 2006 Seguir en 
Si bien después de tantos años no recuerdo cómo lo conocí, sé que fue en el marco de los shows de covers de nuestras respectivas bandas: Sabuesos y Fantasmas. Compartimos secretos, frustraciones, grandezas y todo aquello que un par de rockeros pueden disfrutar en un medio no apto para eso, como era el Tucumán de aquellos tiempos. Triunfar era vivir en Buenos Aires. Y Juan, con su flequillo sobre los ojos y su andar nervioso, siempre contracturado... estudiando, estudiando... todos los días de su vida. Buscando esa aptitud que sólo los grandes persiguen y logran. Cuando salió el álbum “Fragile”, de Yes (1972), lo escuchamos juntos y doy fe que los arreglos de Bill Bruford, en “Heart of the sunrise”, eran los que Juan había puesto en un tema de Tricupa... sin saber que el inglés existía. Ese era su nivel.
Me enseñó muchísimo, cuando las escuelas Berklee no habían sido fundadas aún. Lo recuerdo siempre jugando bromas. Sé que me ayuda desde su brillante lugar porque nos queremos mucho, aún a pesar de haber estado distanciados en sus últimos días.
Es un ejemplo a seguir cuando de dedicación, pasión y cariño por la música se habla. Y es algo que debemos cuidar. Esa gema tan preciada que nos dejó como legado: ser verdaderos siempre.
Me enseñó muchísimo, cuando las escuelas Berklee no habían sido fundadas aún. Lo recuerdo siempre jugando bromas. Sé que me ayuda desde su brillante lugar porque nos queremos mucho, aún a pesar de haber estado distanciados en sus últimos días.
Es un ejemplo a seguir cuando de dedicación, pasión y cariño por la música se habla. Y es algo que debemos cuidar. Esa gema tan preciada que nos dejó como legado: ser verdaderos siempre.
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