Si se mantienen los aumentos de precios, se complicará el crecimiento

Punto de vista. Por José Bercoff - Economista y docente de la Universidad Nacional de Tucumán.

28 Enero 2006
La consecuencia de la inflación, superior a dos dígitos en 2005, tanto en Tucumán como en el país, con diferencias ínfimas aunque cercanas al 12%, es muy conocida: mayor empobrecimiento, con más impacto en los sectores asalariados.
Y, no obstante las señales que se están dando en el sentido de que en 2006 no va a haber una inflación mayor que la de 2005 (que de por sí es bastante elevada), esos índices no son sostenibles a largo plazo. No se puede esperar que la economía crezca en forma sostenida con tasas de inflación del 12% al 15% anual.
En la medida que el Gobierno no reaccione y se haga responsable de las acciones que está llevando a cabo, es decir de sostener una política monetaria bastante laxa, vamos a tener una inflación parecida a la del año pasado y eso va a repercutir negativamente en los sectores más desprotegidos. Por otro lado, este escenario tiende a agravar una situación de distribución de ingresos que desde ya es bastante mala, no sólo en Tucumán sino en todo el país.

En busca de la ortodoxia
Para no agravar esta situación, el Gobierno tendría que tener una política monetaria más ortodoxa, aunque no le guste la palabra ortodoxia.
El problema es que mientras en el mundo el dólar se está depreciando, la Argentina está interviniendo en el mercado para que se deprecie el peso y no el dólar. Y para eso emite pesos.
Por el contrario, lo que tiene que hacer es ser más prudente en la emisión, instrumentar una política fiscal más austera a fin de que no suba el nivel de gastos en forma indiscriminada como ocurrió en 2005, por ser un año electoral. Ahora, se podría esperar que el Poder Ejecutivo tenga la posibilidad de volver a un patrón de gastos un poco más coherente.
No obstante, lo que se aprecia no es lo deseable, ya que en el problema de la carne los empresarios son "avaros que están en contra de la población, etc. etc.".
En realidad, lo que se debería preguntar el Gobierno quién es el que debería ser solidario, si los empresarios, de quienes ya se sabe cuál es su objetivo, es decir ganar dinero, o el Estado que es quien debería ser el solidario. El Estado tiene mucha injerencia en los precios porque el componente impositivo es monstruoso. Si además tuviera una política fiscal más responsable a la hora del gasto público y desarrollara una política monetaria más restrictiva en la hora de la emisión, podría contener con tranquilidad los índices de inflación.
(Exclusivo para LA GACETA)