07 Enero 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La expectativa de que los precios puedan seguir creciendo pone de relevancia el impacto que este indicador puede tener sobre los perfiles financieros de las empresas y sobre su calidad crediticia. En la medida en que las expectativas inflacionarias suban, será difícil conseguir endeudamiento a tasas fijas y, por ende, los perfiles financieros quedarán más expuestos a estos fenómenos.
Hasta ahora, las estrategias de control de la inflación se centraron en acuerdos de precios que, por definición, son medidas transitorias. Por lo tanto, hasta no conocer los planes de largo plazo, será complejo anticipar el impacto sobre la calidad crediticia del sector corporativo.
Los dos problemas centrales sobre el perfil financiero y que afectan directamente la capacidad de repago de una compañía son el impacto de la inflación sobre los márgenes operativos y el incremento que esto pueda generar sobre el servicio de la deuda. El primero tiene que ver con el efecto que la inflación produzca sobre la capacidad de generar caja de las compañías. En primer lugar, la capacidad de generar efectivo se verá afectada por los impactos que pudiera haber sobre su rentabilidad. Así, el problema se origina por la incapacidad de las empresas de traspasar las alzas de precios de sus insumos a los precios de sus productos finales. Si este traspaso es imposible, los márgenes de las empresas se resienten al igual que su rentabilidad, y eventualmente, se producen ajustes.
El necesario equilibrio
Si bien en el corto plazo, es poco probable que haya cambios significativos más allá de un eventual exceso de demanda, en el mediano, si la rentabilidad de la industria no compensa los riesgos asociados, podría reducirse la cantidad de empresas que participan en esa industria. Disminuiría la oferta y forzaría así a un ajuste de precios para equilibrarla con la demanda.
Sin embargo, las empresas tienen cierto grado de control respecto de cómo esto las afecta, protegiendo en el corto plazo la capacidad de servir la deuda. La clave reside en los distintos poderes de negociación y alguien en la cadena siempre se ve afectado (el de menor capacidad de negociar con sus clientes).
En el mediano y largo plazo, la capacidad de generación de fondos tenderá a alinearse con la rentabilidad de la industria y la misma suerte correrá la capacidad de repago de las empresas.
El segundo problema importante está relacionado con el servicio de la deuda. Existen dos factores: uno relacionado con eventuales cláusulas de ajuste del endeudamiento existente y otro, con su costo futuro.
Si la generación de fondos se resiente y existe deuda que tenga cláusulas de ajuste por inflación, el peso de ella aumenta en relación con la capacidad de generar fondos de las empresas. Dependiendo de si el ajuste se aplica sobre el principal o los intereses, y de si los saltos en la inflación se producen por períodos limitados en forma sostenida, el efecto sobre la salud crediticia de las empresas será distinto.
Adicionalmente, un incremento de la inflación terminará afectando el costo nominal del endeudamiento futuro de las compañías que, dada su incapacidad para ajustar los precios finales, tendrá un impacto parecido al de la deuda indexada. (DyN)
Hasta ahora, las estrategias de control de la inflación se centraron en acuerdos de precios que, por definición, son medidas transitorias. Por lo tanto, hasta no conocer los planes de largo plazo, será complejo anticipar el impacto sobre la calidad crediticia del sector corporativo.
Los dos problemas centrales sobre el perfil financiero y que afectan directamente la capacidad de repago de una compañía son el impacto de la inflación sobre los márgenes operativos y el incremento que esto pueda generar sobre el servicio de la deuda. El primero tiene que ver con el efecto que la inflación produzca sobre la capacidad de generar caja de las compañías. En primer lugar, la capacidad de generar efectivo se verá afectada por los impactos que pudiera haber sobre su rentabilidad. Así, el problema se origina por la incapacidad de las empresas de traspasar las alzas de precios de sus insumos a los precios de sus productos finales. Si este traspaso es imposible, los márgenes de las empresas se resienten al igual que su rentabilidad, y eventualmente, se producen ajustes.
El necesario equilibrio
Si bien en el corto plazo, es poco probable que haya cambios significativos más allá de un eventual exceso de demanda, en el mediano, si la rentabilidad de la industria no compensa los riesgos asociados, podría reducirse la cantidad de empresas que participan en esa industria. Disminuiría la oferta y forzaría así a un ajuste de precios para equilibrarla con la demanda.
Sin embargo, las empresas tienen cierto grado de control respecto de cómo esto las afecta, protegiendo en el corto plazo la capacidad de servir la deuda. La clave reside en los distintos poderes de negociación y alguien en la cadena siempre se ve afectado (el de menor capacidad de negociar con sus clientes).
En el mediano y largo plazo, la capacidad de generación de fondos tenderá a alinearse con la rentabilidad de la industria y la misma suerte correrá la capacidad de repago de las empresas.
El segundo problema importante está relacionado con el servicio de la deuda. Existen dos factores: uno relacionado con eventuales cláusulas de ajuste del endeudamiento existente y otro, con su costo futuro.
Si la generación de fondos se resiente y existe deuda que tenga cláusulas de ajuste por inflación, el peso de ella aumenta en relación con la capacidad de generar fondos de las empresas. Dependiendo de si el ajuste se aplica sobre el principal o los intereses, y de si los saltos en la inflación se producen por períodos limitados en forma sostenida, el efecto sobre la salud crediticia de las empresas será distinto.
Adicionalmente, un incremento de la inflación terminará afectando el costo nominal del endeudamiento futuro de las compañías que, dada su incapacidad para ajustar los precios finales, tendrá un impacto parecido al de la deuda indexada. (DyN)







